Literatura
De la Falocracia a la Vaginocracia
Dionisio Valderrama


Oct 13, 2006

  Érase una vez un basto y magnífico imperio, tan opulente y glorioso,   que  llegó a considerarse como el ombligo del mundo.

    La majestuosidad, influencia y grandeza de este reino equiparó e incluso superó el poderío romano durante los primeros siglos de nuestra era, sin embargo,  los libros de historia han relegado la existencia de está urbe a un mero mito. Estamos hablando de la primera ciudad de Shiva; de esa gran metrópoli cuya soberbia grandeza solo fue superada por la tragedia que envolvió su caída.

    Hablamos de “FALOPOLIS” , el lugar en donde las decisiones se tomaban y la magia ocurría.

   La descripción más atinada que se puede realizar de este majestuoso imperio es el de una ciudad-estado griega (con toda la sabiduría, machismo y homosexualidad que esto  implica) combinada con el misticismo, exhibicionismo y bizarres que emanan del hinduismo. Ubicada en Asia Menor,  donde ahora descansa Pakistán, FALOPOLIS fue fundada por un batallón desertor del generalísimo Alejandro Magno, en asociación con una de las sectas más libertinas del Hinduismo: los kalägashis.

   Cuenta la leyenda que después de que Alejandro fue herido de muerte en lo que ahora es la India, este batallón se negó a regresar  con el resto del ejército a Macedonia y en su lugar decidieron permanecer a las orillas del río Indus y fundar esta ciudad, la cuál fundió lo mejor de la civilización Griega y la Hinduista.

 

 

 

 

 

 

    En FALOPOLIS el falo regía. Si en la actualidad éste rige entre las sombras de forma “aparentemente” inconciente e instintiva, en el reino al que nos referimos este dominio trascendía hasta la conciencia, volviendo el culto al pene el centro de la civilización,  así como el núcleo de la vida política, social, cultural  y religiosa.

    El culto al pene no puede estar disociado de la megalomanía, ya que el hombre, como género, ve el tamaño de su miembro como la fuente de  su virilidad, y la virilidad en este reino hedonista lo era todo. Esto se traducía en que la arquitectura y el diseño de todas las edificaciones de Falopolis fueran una amalgama entre el culto dogmático al pene y el espíritu megalomaníaco de sus habitantes, siendo las estructuras más populares altísimas torres que se erguían hasta los cielos, coronadas con una cúpula circular que poseía un tragaluz en el centro.  Las lingas, representación monolíticas del miembro amputado de Shiva (siempre erecto pero que nunca eyacula) abundaban también en toda la ciudad.

    Aún siendo el centro cultural económico del globo,   FALOPOLIS no dejaba de ser una ciudad de ritos y costumbres donde se ejercía el poder a través de un sistema  jerárquico sexista bastante delimitante, que se basaba principalmente en dos puntos:

1) La existencia, o no, de pene en el individuo y 2) El tamaño del miembro de dicho individuo, de tal manera que aquel cuyo falo fuera más prominente tenía, por decirlo de alguna forma, el derecho divino de ocupar mayor rango que los individuos de poca envergadura.  La anchura del miembro era el factor primordial para  elegir a los líderes políticos y el largo del mismo era el patrón para elegir a los dirigentes religiosos.  Obviamente la mujer, como en casi la mayoría de las civilizaciones durante casi la totalidad de nuestro tiempos, no figuraba más que una especie de animal antropomórfico (como un simio, pero con menos bello en la mayoría de los casos) cuyo objeto era servir al hombre en tareas domésticas (denigrantes para cualquiera con pene),  satisfacerlo sexualmente en caso de no haber otros hombres cerca y, la más importante, ser la fuente productora de carne fresca para el libertinaje.      

 

 

   Ahora bien, ya hemos hablado suficiente del ambiente que rodea la historia que nos atañe en éste segmento, ahora vamos a lo que realmente nos interesa, que en este caso es el por qué de la caída de este “paraíso terrenal”  del machismo radical:

    Entre los cientos de ritos protocolarios que se ejecutaban cada día en FALOPOLIS había uno en especial al que se le daba gran importancia: La felación del crepúsculo. Felación era un decir, en realidad estaba permitido todo tipo de masturbación  o posición sexual; el punto era que, cuando el sol comenzaba a ponerse, todo hombre sobre FALOPOLIS consiguiera eyacular. Este rito tenía la finalidad de demostrar la inferioridad en las artes amatorias del hombre terreno en comparación con  las capacidades sexuales ilimitadas del dios Shiva, quién nunca eyaculaba. “La felación del crepúsculo” era el principal rito en el que participaban las mujeres, ya que eran estas quienes debían  procurar que el ritual se concretará positivamente; no importaba que actividad  estuvieran realizando, más o menos a las seis de la tarde, cuándo el sol comenzaba a ponerse, cada mujer de reino tenía que masturbar ritualísticamente al hombre que tuviera más cerca de ella. Esas eran las reglas.

    En la mayoría de los casos, la caída de lo grandioso (sea héroe, organización, ciudad, etc.) tiene que ver con un estúpido conflicto de intereses que deriva en una sucia y baja traición. FALOPOLIS no fue la excepción. El conflicto de interés en cuestión surgió cuándo uno de los principales líderes políticos, un hombre relativamente joven con un miembro extremadamente destacado, expresó muy embriagado durante una fiesta que había durado varias semanas, a modo de comentario sarcástico, que las mujeres le eran atractivas.

  Desafortunadamente sus sarcasmos nunca habían sido buenos, o más bien, eran tan buenos que la gente no entendía que estaba bromeando, por lo que en medio de la controversia que había generado el comentario, sus enemigos políticos, que eran bastantes,  se valieron de esta broma para sabotearlo y acusarlo ante los demás líderes de ser un traidor, desertor a la causa del falo todo poderoso. El resultado de este chiste  incomprendido e inoportuno fue la pena capital: la castración.

    Un hombre castrado valía apenas más que una mujer (aunque estaba por debajo de los mamíferos con grandes penes como el toro, el caballo, el camello, etc.) por lo que a nuestro hombre, acostumbrado al poder, lujos y admiración, esta caída jerárquica lo trasladó a un estado de profunda depresión, separada de la muerte únicamente por el aún más profundo deseo de venganza.  Así fue que este hombre trasformado en eunuco, intentó organizar a los demás hijras (hombres castrados) para realizar un golpe de estado.

    Desafortunadamente se dio cuenta que, aunque eran algunos cientos, no serían suficientes para derrocar todo un sistema. Así fue que este despojo de la sociedad falocrática se dio cuenta que si realmente quería vengarse, debía de ensuciarse desde las manos hasta el blanco de los ojos. Maquiló un plan cruel, perfecto para cortar de tajo las raíces de toda la sociedad de FALOPOLIS y de paso los penes de sus odiados enemigos. El principal problema del plan era que requeriría de la ayuda de las mujeres, y para que estás resultarán realmente útiles debían de recibir ciertos conocimientos; es decir ser educadas. Así fue que este transexual se dio la tarea de educar a las mujeres. Al principio se calculó que esta tarea de alfabetización básica duraría algunos meses, pero se requirieron de 13 años para revertir el proceso de profunda estupidización al que  habían sido sometidas. Fue hasta entonces que el plan se puso en marcha.

     El día en que ocurrió la fatídica y abrupta caída de FALOPOLIS comenzó como comenzaban normalmente los días en esa tierra y prosiguió con la cotidianidad con que se proseguía generalmente.  Fue hasta la caída del sol,  durante “La felación del crepúsculo”, cuando las cosas se empezaron a poner interesantes. Esa tarde el sol no fue lo único que se desplomó; con él cayó la hombría de toda una civilización. Los gritos de dolor inundaron las calles arrastrados por la sangre incauta. Los cortes profundos y certeros fueron seguidos de cauterizaciones igual de precisas para preservar la vida humillada, desprovista de su icono orgánico de superioridad. Por medio de la castración la línea que separaba a mujeres y transexuales de sus líderes se borró, y con la desaparición de la distancia el sistema que hacía que en  FALOPOLIS las cosas sucedieran también se extinguió. FALOPOLIS se derrumbó junto con el sol y los penes de sus habitantes.

     Se instauró en la antigua FALOPOLIS un nuevo régimen, una Vaginocracia; la primera de la que se tenga registro. Casi todo lo representativo de la antigua ciudad se abolió: su sistema económico, político y social; las altas torres se demolieron y se convirtieron en edificios subterráneos; la deidad pasó de ser Shiva a ser Vishnú, etc.     Todo lo que recordaba la existencia de FALOPOLIS  se cambió, excepto uno de sus rituales sacros: 


      Alrededor de las seis de la tarde, cuando el sol comenzaba a ponerse,     sin importar la actividad que estuvieran realizando, cada hombre del reino tenía que masturbar ritualísticamente  a la mujer que tuviera más cerca de él. Esas fueron las reglas.

 

 

+Ilustración: Dionisio V.


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