Literatura
Los ojos de Greta
Gamaliel Saldivar



Fotos: Ralph Crane / Revista Life



Entró a casa y acarició a la gata. “No falta mucho para que nazcan ¿verdad?”, le dijo tiernamente. Se dirigió a su habitación y comenzó a trabajar, o intentarlo al menos, en la computadora. Después de un rato se dio por vencido y prefirió charlar por Internet. De pronto, la gorda Greta se acercó y se trepó a sus piernas y se acomodó mientras él seguía escribiendo cosas sin importancia, tratando de no pensar en lo sucedido unas horas antes, con ella, no la gata, sino la mujer en su vida.

Después de unos minutos de disfrutar de la calidez, de unas piernas frías, la gorda Greta comenzó a morder tiernamente (como acostumbra) los brazos de su cariñoso amo, a lo que él normalmente responde con un par de caricias en el cuello, con lo que es suficiente la mayoría de las veces para calmar las ansias de cariño de la felina embarazada. Pero esta vez no fue así; pues comenzó a morder con mucha insistencia. Aunque los mordisqueos eran igual de sutiles, eran, sin embargo, inusualmente desesperados.

-¿Qué pasa? -le preguntaba, -¿por qué me muerdes tanto? Todo va a salir bien -le decía mientras la acariciaba, suponiendo o imaginando alguna especie de ansiedad por la cercanía del nacimiento de sus cachorros. Así que la acariciaba un rato y volvía a sus charlas virtuales (o virtuales charlas). Pero cada que era así, ella insistía aún más. Esto ocurrió unas cuatro o cinco ocasiones durante unos veinte minutos.


-¿Pues qué tienes?- le dijo mientras la cargaba y la miraba al rostro, al tiempo que ella soltaba un sutil maullido.

-Está bien ¿quieres atención? -y decidió dedicarle por completo unos minutos.

Como es habitual, empezó a acariciarle el cuello y ella comenzó a ronronear. Momentos después, ella comenzó a lamer los dedos que la acariciaban. De pronto, los ojos de ambos se vieron mientras ella seguía mojando los dedos de él. Y comenzó a llorar. Al principio se resistió un poco, pero cada que esto ocurría, ella volvía a morderlo suavemente, produciendo que él volviera a acariciarla. Hasta que ya no pudo. Abrazó cariñosamente a Greta, y se perdió unos minutos.

Dejó de llorar, y ella de morderlo. Todo había terminado.



Publicado: 4 de diciembre de 2008


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