Fotografía
Respirar y ver: acto contra la indiferencia
Roberto González
Foto: Montserrat Calderón
“Vengoa decirleal señor presidente Calderón que ofrezco mi cuerpo como conejillo de Indias para que se prueben en mí toda clase de drogas y que la juventud pueda ver lo dañinas que son estas sustancias; traigo conmigo unos de los chochos más caros que se puedan conseguir…”, es ésta una de las tantas voces anónimas que se escuchan en el exterior del Palacio Nacional; la de este personaje por cínica, extravagante o radical, fue captada por los medios y es una de las muchas voces que se reúnen en Respirar y ver de Carlos Juárez. Una obra de teatro, sí, y también un ensayo audiovisual, pero mejor dejarlo en el término que inventó Juárez: un acto fototeatral.
Por medio de un trabajo audiovisual que entrelaza la música con el perfomance y la proyección de fotografías, durante veinticinco minutos Juárez nos presenta su recuento de los más violentos sucesos que se han originado en el país al comenzar la guerra contra el narcotráfico, poniendo énfasis en los muertos, y con razón; como él apunta, “ya suman cinco mil y tantos muertos desde que inició la guerra Calderón, y no nos pueden pasar desapercibidos”.
Collages: Josue Picazo
Y esesto lo que el editor,fotógrafo y músico quiere que hagamos, que respiremos y veamos. Para su acto se apoya en más de doscientas imágenes que han captado colegas del periódico Milenio y de agencias informativas tanto nacionales como internacionales. La selección es impecable y es una muestra de cómo estos fotoperiodistas también se la han rifado en su tarea informativa y en retratar a un México que nadie quiere mirar. En captar un país desolado, tanto como el paraje que aparece en la primera imagen de Respirar y ver: una fotografía de Guillermo Arias en la que se observa un baldío cuya aridez es acentuada por un cadáver. Un muñeco de trapo que quizá ya no daba diversión, ya no era útil y se le aventó, lejos, pero no tanto como para que olvidáramos que hay un muerto, una señal de advertencia.
Un ensayo plural. Todos están aquí en imagen y en voz: nuestros dos presidentes Calderón y López Obrador, los granadazos de Morelia, los llantos de los dolientes, los radicales ante la impotencia (como el hombre conejillo de Indias), los disparos, las demasiadas balas y los asesinados, cuyas muertes nos hablan a gritos. Pero también las voces que buscan aportar claridad y sensatez en los momentos turbios: José Emilio Pacheco, la pensadora estadounidense Susan Sontag y la poeta tamaulipeca Gloria Gómez.
Y, por su puesto,esos desconocidos que son los soldados, desconocidos los vivos y los muertos. Soldados cargando su botella de refresco sin soltar su arma, soldados que en vasos de unicel ocultan la cerveza para apaciguar la sed, soldados camuflajeados, soldados apartando a los familiares de los fallecidos en algún enfrentamiento. Y sus tanques, sus rifles y sus superiores.
“No se puede pasar de lado. Hay que decir lo que está pasando -ha afirmado Juárez respecto a los objetivos de su trabajo- pero no me interesa saber quién es el bueno o el malo, sino dejar ver hasta qué punto el ser humano cree en su verdad y hace todo lo posible por defenderla; que sean narcos o políticos, cada uno defiende lo suyo”.
Dicenque cuando perdemosalguno de los cinco sentidos, los restantes tienden a agudizarse. Por eso, quien cerraba los ojos ante las fotografías que registraban ejecutados, ensabanados, entambados, escenas de la plaza de Morelia, quien deseaba evadir esta otra cara de México, no podía evadir el sonido: la voz del presidente Calderón diciendo que no nos dejemos amedrentar encima de los gritos de los morelenses, gritos tan fuertes que acaban por engullirlo; López Obrador repitiendo como en un siniestro rap que él tiene una encomienda con el pueblo; aullidos, lamentos y los disparos que, aunque no se vean, asustan con tan sólo oírlos.
Respirar y ver también es un acto artístico, la musicalización nos acompaña de la mano (o de los oídos) en este cruento desfile. Percusiones que suben y bajan de intensidad, cajones como exaltados latidos de corazón, platillos que suenan como susurros y murmullos de lo que sucede. En la pantalla las imágenes y, de pronto, se va a negro, suena el Himno Nacional. El verso al sonoro rugir del cañón comienza a repetirse como en un disco rayado; los cañones seguirán resonado tanto como dure el estado de guerra. Y en la pantalla de proyección, del negro se va a una luz mortecina, como si una nube de pólvora flotara encima de ella, dejando traslucir dos rifles que cuelgan. “El arte se tiene que ubicar en un campo de pelea porque si no, no sirve, o sirve nomás para aumentar el ego y se acabó. Como seres humanos estamos para dar un poco a la sociedad”, dice Carlos.
"Todoel mundo está en llamas: lo visible arde y el ojo en llamas lo interroga", dice Pacheco, citado durante la proyección, y es aquí donde posiblemente se manifiesta aquello que nos quiere decir Carlos, una invitación a no dejar de reflexionar sobre lo que sucede en estos momentos turbios y, especialmente, a no dejar que estas brutales imágenes nos resulten cotidianas ni familiares, que la violencia no nos enajene y no nos haga olvidar que después de todo, cártel o partido al que pertenezcan, todos son mexicanos, todos son seres humanos.
Con la frase de la poeta Gloria Gómez, “mi patria habla el bruto y desolado lenguaje de la espera”, concluye Respirar y ver. El acto se estrenó (05/12/2008) en función única en el Teatro Experimental del Espacio Cultural Metropolitano. La asistencia fue pequeña, pero -o quizá por esto mismo- se prestó para el diálogo. El público, en especial los jóvenes, comentaron con Juárez la opinión que cada uno tuvo del trabajo realizado. Hay quien le comenta que debe exhibir este acto en plazas públicas, hay una chica que de tan conmovida no puede terminar sus frases. Hasta el momento, el fotógrafo no ha dado a conocer su intención de volver a presentar este trabajo.