Artes Plásticas
El Romanticismo (primera parte)
Toni Guerra


"El mar visto desde lo alto de Dieppe" (detalle),  Eugène Delacroix, 1852, Museo del Louvre, París



                                               “El romanticismo no reside en la  elección de temas, sino en la manera de sentir”.
Charles Baudelaire.


El Romanticismo como movimiento cultural y político, es hijo del norte de Europa (Inglaterra, Alemania, la región de Flandes, Francia) y fue extendiéndose a Italia, España y muchos más países.  A pesar de que los pobladores de estas regiones podrían ser “hijos de la bruma”; sus pintores fueron grandes coloristas,   probablemente como una  forma compensatoria  y equilibrante de la melancolía que suele acompañar a la naturaleza fría de su paisajes.

De la época romántica parten muchas de las aventuras renovadoras del Arte Moderno, basadas en la rebeldía frente a la rigidez del clasicismo y neoclasicismo de fines del XVIII y principios del XIX. La libertad auténtica y la búsqueda de la expresión de sentimientos por sobre la razón es uno de sus rasgos característicos, así como el arribo al subjetivismo, la fantasía, lo provocador y exótico. Sus tópicos e ideas influyen sobre todo en la música, la literatura y la pintura.

"Charles-Joseph Laurent Cordier" (detalle), Jean Auguste Dominique Ingres, 1811, Museo del Louvre, París

Francia es uno de los países más representativos de la renovación en el discurso artístico del siglo XIX. De este  país surgen  figuras  como: Eugene Delacroix, el  pintor romántico por antonomasia, creador prolífico que a su vez fue humanista, litógrafo, decorador, escritor. De la misma escuela son los también pintores  Gericault  y Corot, con una obra riquísima en técnica y contenido; David, Ingres y  Gros, extraordinarios y exquisitos dibujantes; y  sus sucesores Courbet y Daumier, éste ultimo conocido por su crítica agria y caricaturizada, dirigida a la sociedad burguesa de la época.

Sobresale en tal movimiento cultural la figura del escritor Charles Baudelaire, autor del poemario “Las flores del mal” y de múltiples ensayos dedicados al mundo de las artes plásticas, joyas todas de la historia de los documentos escritos para la pintura: “La vida y la obra de Delacroix, Curiosidades estéticas”, recopilación póstuma de sus apreciaciones acerca de los “salones,” sitios de convivencia de artistas y sociedad  burguesa del siglo XIX; “El pintor en la vida moderna. El arte romántico” (1868), obra que reunió todos sus trabajos de crítica literaria. Fue asimismo pionero en el campo de la crítica musical, donde destaca sobre todo la opinión favorable que le mereció la obra de Richard Wagner.

Retrato de Charles Baudelaire (1863), Etienne Carjat

Baudelaire en su faceta de ensayista y entrevistador de pintores poseía un pensamiento estético de naturaleza intuitiva más que filosófica. El poeta era capaz de experimentar fervor por lo que le gustaba, y desde tal ángulo era poco equilibrado o demasiado consecuente con sus preferencias. Se dice que muchas veces sus agudas caracterizaciones superaban a la misma obra a la que se refería y que en la actualidad muchos de sus juicios aprobatorios no se aceptarían. Sin embargo, entre sus diarios y obras póstumas puede observarse una gran penetración psicológica que habla de su espíritu altamente evolucionado.

Comparto  fragmentos de algunos de sus ensayos dedicados a la pintura. Escritos  por demás reveladores de una sensibilidad extrema y perspicaz junto a una visión exquisita y refinada.

"Dos leones" (detalle), Jacques Laurent Agasse, 1808,Colección príncipe M.

Salón de 1846

…”En el color encontramos la armonía, la melodía y el contrapunto.

(...) "El aire desempeña un papel tan importante en la teoría del color que si un paisajista pintara las hojas de los árboles tal como las ve, obtendría un tono falso; dado que hay un espacio de aire mucho menor entre el espectador y el cuadro, que entre el espectador y la naturaleza.

"Los engaños son continuamente necesarios, aun para llegar a un efecto ilusorio. La armonía es la base de la teoría del color. La melodía es la unidad en el color, o el color general. La melodía requiere una conclusión; es un conjunto en que todos los efectos concurren a un efecto general. Por eso la melodía deja en el espíritu un profundo recuerdo.

"A la mayor parte de nuestros jóvenes coloristas les falta melodía. La mejor manera de saber si un cuadro es melodioso, consiste en mirarlo desde bastante lejos como para no comprender su tema ni sus líneas. Si es melodioso, tiene aun así un sentido y ha tomado desde entonces su lugar en el repertorio de recuerdos.

"Tigre joven jugando con su madre" (detalle), Eugène Delacroix, Museo del Louvre, París

"El estilo y el sentimiento en el color provienen de la elección, y la elección depende del temperamento. Ignoro si algún analogista ha establecido sólidamente una gama completa de los colores y de los sentimientos, pero recuerdo un pasaje de Hoffmann que expresa mi idea perfectamente, y que ha de agradar a cuantos aman sinceramente la naturaleza: "No es sólo durante el ensueño, ni en el ligero delirio que precede al sueño, sino también despierto y cuando oigo música, que encuentro una analogía y una íntima relación entre perfumes, colores y sonidos. Me parece que todas esas cosas han sido engendradas por un mismo rayo de luz, y que todas ellas deben reunirse en maravilloso concierto. Sobre todo el olor de las caléndulas, rojas y castañas, produce en mi ser un mágico efecto. Me hace caer en profunda meditación y oigo entonces, como en la lejanía, los sones profundos y graves del oboe.

"Los dibujantes puros son filósofos y destiladores de quintaesencias. Los coloristas son poetas épicos".

Fragmentos  de : “Curiosidades Estéticas”

"La Libertad guiando al pueblo", 1833, Eugène Delacroix

Eugène Delacroix

(...) "Pese a su admiración por los fenómenos ardientes de la vida, jamás será confundido Eugène Delacroix con esa turba de artistas y de literatos vulgares cuya inteligencia miope se abriga tras la palabra vaga y oscura de realismo...

…”Los pintores que obedecen a la imaginación buscan en su diccionario los elementos que se acomodan a sus concepciones; y aun, ajustándolos con cierto arte, les dan una fisonomía totalmente nueva. Los que no tienen imaginación copian el diccionario. De lo cual resulta un enorme vicio, el vicio de la trivialidad, que es más particularmente propio de aquellos pintores cuya especialidad está más cerca de la naturaleza llamada inanimada, por ejemplo los paisajistas, que consideran generalmente como un triunfo no demostrar personalidad. A fuerza de contemplar y de copiar, se olvidan de sentir y de pensar”…

Fragmentos de: “El Arte Romántico”



Publicado: 13 de enero de 2009

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