“El arte es siempre un instrumento de la conciencia con el cual, el ser creativo expresa a través de metáforas o signos lo que le ha conmovido. Es también un esfuerzo para registrar los sentimientos, manteniéndolos el tiempo necesario ante el espíritu con el fin de perpetuarlos; es en sí mismo una actividad metafórica que encuentra (más que buscar) símbolos nuevos para significar áreas nuevas de la sensibilidad”
Herbert Read
Si partimos del lenguaje corporal como uno de los más denunciantes de la verdad interior del hombre, podremos comprender la búsqueda insaciable que han mantenido los artistas en pos del encuentro con lo que mejor exprese los innumerables matices que tiene un cuerpo, que siente y expresa lo que ve en el momento o lo que imagina.
Muchas veces este cuerpo humano al luchar con el alma disimula y nos muestra algo distinto a lo que se vive "en realidad”; de ahí que el reto de un artista es justamente penetrar en lo más recóndito de su modelo o bien vivenciar sus paisajes internos dándoles la forma más parecida a su idea o sensación.
Detalle de La Piedad (Villeneuve-les-Avignon, 1455)
A través de las diversas épocas, las artes plásticas nos han legado obras sublimes inspiradas en el sufrimiento y el dolor sea este corporal o psíquico. Este cuerpo encarnado en el pathos (experimentación del sufrimiento humano) aparece en toda la historia del arte sea cual fuere la civilización; pero nada hay más revelador después de los años de castigo del desnudo, que la aparición del símbolo más intenso y poderoso que jamás hubiera existido: la figura de Cristo, el Hijo del Señor en la Cruz; el cual se convertiría durante la antigüedad, en el ideal del desnudo, muy a pesar del horror cristiano frente al cuerpo.
Los temas del arte cristiano que admitirán los desnudos serán la Flagelación, la Crucifixión, el Entierro, la Piedad y con estas cuatro representaciones iniciarán bellos y sentidos capítulos de la historia de la pintura.
El Entierro de Cristo así como La Piedad (que representa a Cristo muerto sobre las rodillas de su madre) se representa por vez primera en el siglo XIV en tallas alemanas de enorme intensidad y esta expresión se enriquecerá mucho más hacia mediados del siglo XV, con una obra maestra del arte francés: La Piedad de Villeneuve-les-Avignon, donde el diseño se apoya en ángulos recios del cuerpo de Cristo reforzado dramáticamente con las costillas pegadas a la piel, sin humedad ni vida.
La Piedad (Villeneuve-les-Avignon, 1455)
Posterior a esta obra, fueron los italianos quienes abordaron el tema de forma magistral. Donato di Niccolo Donatello (1386-1466) crea un relieve que nos muestra a Cristo transformado fuera de la tumba y sostenido por dos ángeles. Dicha obra será motivo de inspiración para uno de los grandes dibujos que realizara Miguel Ángel, el genio renacentista nacido en Florencia en 1475 .
El artista, con sólo 23 años de edad , llevará a cabo la realización de una de las más grandes obras de la escultura de todos los tiempos: La Piedad. El joven escultor concebía la materialización del arte después de la idea, pues habiéndose formado dentro del Neoplatonismo, tenía la certeza de que su misión era sólo la de “informar” a la materia qué hacer, siendo las cosas todas solamente un pálido reflejo del mundo de las ideas.
El material elegido para la realización de la obra maestra fue mármol de Carrara, que él mismo seleccionó cuidando que las vetas fueran inexistentes.
Detalle de La Piedad (Miguel Ángel, 1498)
El cuerpo de Cristo expresado en La Piedad, representa uno de los momentos mas sublimes de la interpretación del Salvador de Hombre. Su anatomía es perfecta, así como su cara de joven muerto. La Madre y el Hijo muestran en los rostros la serenidad clásica de las obras griegas a pesar del drama de la escena.
La obra se nos presenta con el absoluto equilibrio entre la mente y el cuerpo, entre el espíritu y la materia, lo que la vuelve una obra para la inteligencia y no sólo para la sensibilidad.
El Cuerpo de Cristo muerto es colocado dentro de la composición con cierta “inestabilidad” sobre las piernas de su madre, reforzando con tal recurso la lucha entre el cuerpo y el alma, y provocando de manera voluntaria la ruptura del equilibrio, lo que a su vez hará que el ritmo aparezca soberbio y constante en toda la obra.
La Piedad (Miguel Ángel, 1498)
Miguel Ángel utilizará también el contraste por medio del claroscuro,
enfatizando en los pliegues del ropaje de la Virgen la oscuridad y
provocando a la vez que la luz intensa se refleje en el cuerpo entero
de su hijo. La composición se realizará de manera piramidal quedando al
servicio de los valores místicos y apoyada en la base del triangulo.
Los personajes en la obra de Miguel Ángel están llenos de las características de pathos, mostrándonos continuamente su alma y sus sentimientos. La lucha espiritual entre ambos será una obsesión en la obra del artista.
Los cuatro Cautivos (obras donde apenas las figuras aparecen desde el fondo del mármol mostrando el proceso de lo “inacabado”) serán los ejemplos más claros del concepto del desnudo relacionado con el pathos. Las cabezas que apenas emergen de la piedra nos harán sentir su vinculación con el mármol materno.
Collage de retrato de Miguel Ángel con Crucifixión de San Pedro (Miguel Ángel, 1550)
Miguel Ángel nos legó también para la gloria del arte universal una
serie de dibujos basados en la idea de la crucifixión, expresando en
ellos una gama enorme de sensaciones como el miedo, la compasión, el
horror, la repulsión, la atracción.
Muy difícil seguirá siendo para los críticos el análisis completo de su extensa producción artística; incluida entre ella la poesía. A nosotros sólo nos queda el sentimiento de gratitud por habernos dejado en su obra parte de su alma privilegiada.