| Adriana Hidalgo |
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Nov 3, 2007
La exposición de esculturas que se encuentra en la plaza de armas en el centro de Tampico, con motivo de el día de muertos, ha sido controvertida, el hecho de encontrarse con diez piezas de aproximadamente 2.50 cm de alto, en pleno paso peatonal es impactante para el transeúnte, el tema alude al mexicano directamente, tanto por la fecha como por nuestra relación tan cercana con la muerte.
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En esta ocasión los artistas que trabajaron en estas piezas, tuvieron la tarea de partir de una estructura de herrería para crear una pieza que se relacionara tanto con el artista en si, como con el espectador y permanecer hablando de la muerte, los asistentes son casuales, personas que no acuden expresamente para verlas, sino que son sorprendidas por ellas al transitar por el centro.
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El día que pusieron las esculturas aún sin trabajar, yo pasaba por ahí y realmente me maravillé, ya desde su inicio se veían increíbles, tanto por su tamaño, como por su forma, las muertes, esqueletos de esqueletos en color café, tenían una expresión propia, pasaron los días y regresé a ver si ya las estaban trabajando y me encontré con algunos artistas que empezaban a meterles mano, las personas que caminaban por ahí se detenían y observaban con atención lo que se hacía, tratando de adivinar la mente del artista, que harían y en que les convertirían, después volví ya cuando estaban terminadas y tomé notas de las expresiones de los espectadores, títulos de la obra y nombres de los artistas, para poder escribir esta crítica, de hecho acudí en dos ocasiones, ya que algunas de estas esculturas me dejaron indecisa entre si me gustaban o no, podría mencionar incluso los nombres de los artistas que marcaron su sello en el trabajo, tenían un lenguaje propio, su esencia, entre ellos Antolín (los colores rojo y negro y el tema causaron impacto) e Hirám (fue con la que más batalle no sabia si odiarla o amarla, al final me gustó), Camero (su pieza estuvo en un lugar poco favorecedor), algunos crearon piezas visualmente atractivas, como la de la revolucionaria, otros mas bien arte conceptual como Víctor Zavala, el cual muchos no entendimos por completo, el muchacho reguetonero causó hilaridad, las de Ricardo eran muy buenas, sobretodo la narcocatrina, ( la otra solo de la mitad para abajo, lo de las rosas fue demasiado), Alencaster cubrió totalmente la pieza, me parecío innecesario, pero a la gente le agradó, la de Angélica y Daniel fue muy alabada, yo la vi y entre el rosa y el pelo rubio me recordó una Barbie, pero al fin era atractiva y el minotauro de noche sobresalía de el resto.
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Me sorprendió la ausencia de dos artistas grafiteros por los cuales tenía gran interés en ver lo que habían hecho con esta escultura y su inusual creatividad, pero el Joner y Cozar por alguna desavenencia con el organizador decidieron salirse del proyecto, pero prefiero enfocarme en lo que realmente marcó una diferencia, que es de lo que el arte se trata, crear para romper, lo cierto es que fuera de lo que plásticamente pueda yo decir y por ende la controversia a la que me refería al principio, a pesar que la serie de esculturas iban desde las excelentes hasta las que hubiera preferido que el esqueleto no se hubiera tocado, esta exhibición causó impacto entre el espectador, el interés desde que se estaban trabajando hasta el día de hoy no decreció, al contrario, las personas se detenían a ver cada una de las piezas, leían las cédulas y comentaban entre ellas, incluso se regresaban a ver alguna que otra, felicito a los responsables de este proyecto, ya que le dieron un color refrescante y a la vez tradicional a estas fechas, y los habitantes de este puerto se han favorecido de ello.
También felicito el preformace de la Catrina, que con un excelente maquillaje, que ofrecía, junto con el bellísimo altar de muertos un ambiente especial y bien logrado, un verdadero día de muertos en México.
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