Affair Cultural
Las librerías como hábito (parte I)
Ricardo Ramírez R.



Fotos: Roberto González


1987: Tampico y sus librerías

En 1987 yo estudiaba en la prepa Latino, ubicada justo frente a la Plaza de Armas de Tampico, a un costado del Hotel Inglaterra. Por ese entonces la lectura era como un complemento de mi afición al rock, y procuraba aprovechar que mi prepa estaba en el mero centro para buscar discos y libros. En lo que respecta a libros…

Si caminaba dos cuadras por la acera de mi escuela llegaba a la librería Cosmos. Me parecía un local inmenso, y ahora que lo pienso, tenía más bien el aspecto de una biblioteca antigua. Enormes libreros pegados a las paredes, robustos mostradores de madera donde atendían las dependientas y, distribuidas por el local, mesas y libreros mostrando novedades y clásicos editoriales. Tenían buen surtido y al menos en esa época uno podía hojear con calma, digo, a excepción de la temporada de compra de libros escolares, donde aquello era la locura.

También frecuentaba mucho la librería Kappa, casi  frente al bar Gambrinus, allí combinaban revistas con libros. La verdad es que aquí más que nada iba por las revistas, pero siempre me daba tiempo para revisar el surtido de libros, que no era muy generoso pero valía la pena. Me dio tristeza cuando cerró sus puertas, debe haber sido a principios de los noventas. 

A media cuadra de donde estaba la Kappa continúa la Navedo que siempre mantuvo buen nivel pues entiendo que su dueño era una persona culta en verdad. Con el paso de los años ha perdido parte de su encanto, pero ha sobrevivido, lo cual ya es mucho decir en este tipo de negocios.

Una escala obligada era en la acera del Café Mundo, en la librería Janitzio. Conocida por sus instrumentos musicales, sobre todo guitarras de Paracho, y los métodos para aprender a tocar música. En esa época mantenía el concepto de venta de libros usados, nunca sabía uno lo que iba a encontrar. Recuerdo muchas enciclopedias dentro de sus vitrinas, entre armónicas y maracas; y sobre todo una estrecha mesa que rebosaba de libros usados. Era buen cliente, me cae. Sigue la librería, pero los libros usados ya casi no y, al parecer, el antiguo dueño ya no está.



Un buen día descubrí una librería que ahora entiendo era una auténtica librería de saldos. Estaba en el “Edificio de la Luz”, casi frente a la Plaza de la Libertad. Rebosaba de libros, a veces de un título tenían decenas de copias nuevecitas, a precios tan bajos que ni ganas daban de robar. Me surtía en serio y me daba un gustazo remover cajas y pilas de libros, por no hablar de los montones de revistas de los Supermachos y Agachados que allí compré. Pero un maldito día se les ocurrió transformar el centro de Tampico en histórico y casi lo primero que hicieron fue desalojar los comercios que había en el “Edificio de la Luz” (torterías, fondas, etcétera) para remodelarlo. Durante días y semanas pensé que se habrían cambiado a otro local, pero nada. Les perdí la pista. Creo que ni nombre tenía esa librería.

Por otro lado, a veces me iba a la Plaza Palmas, donde un tiempo funcionó la librería El Olivar, muy pequeña pero bien surtida. Recuerdo que era administrada por un matrimonio joven. Yo pensaba que su ubicación era excelente, pues por aquel tiempo esa plaza era punto obligado de reunión para la sociedad tampiqueña. Pero los libros eran una diversión, digamos, muy exótica todavía, así que pronto cerró sus puertas, no sin antes comprarme allí “Maten al león” de Ibargüengoitia.

Y quizá la librería más impactante ha sido la de Cristal, que tenía una ubicación singular, enmedio de Comercial Mexicana y los Cinemas Gemelos 70. Funcionaba ya a principios de los ochentas y allí me pasaba horas y horas. Tenían un surtido en verdad impresionante, todo muy ordenado, colecciones fabulosas y, en su momento, discos y videos.

Tengo que mencionar la librería Universitaria, precisamente en la Avenida Universidad, en terrenos de la misma. Fui pocas veces pues parecía aquello una suerte de bodega; muy reducida, mal servicio. Aún así me animaba a explorar sus pocos estantes pero creo que nunca encontré algo interesante. No duró mucho.

Por otro lado, supermercados y tiendas de autoservicio como Blanco Palmas, Del Centro, Comercial Mexicana o las Tiendas de Consumo del Sindicato Petrolero llegaron a tener secciones de libros bastante surtidas, pero con el tiempo todas se extinguieron: las secciones y hasta las tiendas.


Hasta que un día llegó Liverpool a quitarnos un poco lo provinciano. Allí sí me daba vuelo con los libros importados, sobre todo los de música: enciclopedias del rock, biografías de supergrupos… y a precios no tan disparatados. Muchos libros de arte, muchas novedades, libros infantiles, novelas. Un gusto ir a ver los libros, por no hablar de los discos.

Más tarde llegó VIPS y fue otro trancazo, aunque más bien en revistas, sobre todo las importadas; también había libros.

¿Dónde compro libros hoy? El paisaje es bien distinto, han pasado veinte años de cuando salía de mi salón en la prepa Latino y enfilaba por la Díaz Mirón; pero lo que se hace hábito no se quita fácilmente.



Lea también: Las librerías como hábito (parte II)


Publicado: 22 de junio de 2009

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