Afuera del Teatro Reynosa el calor comienza a calar sobre
las cabezas de los transeúntes. Es lunes, hay mucha gente en las calles pero
poca en el interior del teatro, en su mayoría el público lo integran aquellos
participantes que se levantaron temprano, los jurados y dos, tres familias con
sus pequeños.
Sí, afuera hace calor, pero sobre el escenario vemos un acogedor
cuarto, a los pies de la cama un enorme gato se levanta, se estira y se sacude la modorra. A los pocos minutos sale a escena un niño enorme con pijamas. Esto sucedió a las once de la mañana,
más tarde, a las cuatro, otra obra, otro actor, otra vez una pijama; finalmente
en la obra de las 8, su actor luce una glamorosa bata de dormir, la pijama de
los mayores. Por alguna de esas coincidencias indescifrables, las pijamas
protagonizaron el tercer día de actividades del Concurso Estatal de Teatro.
La primer obra de la jornada del lunes, y la primera que se
lleva a cabo en el Teatro Reynosa, fue Camilo
y Canela, dirigida por Oscar Luís López. La puesta en escena concursa
dentro de la categoría de teatro para niños y nos cuenta la historia de Camilo,
un niño temeroso que por primera vez duerme sólo en su cuarto. Para su
tranquilidad, lo acompaña su gato Canela. El felino buscará que el niño supere el
miedo a dormir por su cuenta relatándole historias de aventuras, épicos relatos
de los que el mismo Camilo es protagonista.
Así, las almohadas en el suelo y la
lámpara de pie se convierten en un inclemente desierto que deben atravesar, el
retrete se transforma en la cueva donde habita un terrible monstruo y la cama se
vuelve el galeón para que el niño en pijamas azules y el gato de color naranja crucen
el mar sin siquiera abandonar el cuarto.
Esta obra escrita por Heber Banda fue motivo de carcajadas, especialmente cuando Canela, interpretado por
Paulo Escamilla Rodríguez, haciendo uso de su destreza y agilidad física,
realiza una serie de payasadas para hacer sonreír a Camilo: salta, baila y
concluye con el celebre paso del moonwalker
(por cierto, que rápido han pasado días cuando relacionar a M. Jackson con el
tema infantil era motivo de pánico o cuando menos de alguna bromilla cruel).
Josue Picazo
Pipí
El “húmedo y tibio pasado” que todos ocultamos es el
argumento central de la puesta en escena “Pipí” que fue presentada por el Colectivo Trueque en la Casa de la Cultura de Reynosa.
Dirigido por Taydé González y Carlos Valdez, el joven actor Luis Enrique Luna
Barrios interpreta a Claudio, un niño que tiene que afrontar, noche a noche, el
reto de no mojar la cama, a la vez que tiene que lidiar con “el monstruo del
cuento que no ha acabado de leer” –producto de su enorme imaginación–, así como
con la incomprensión de sus padres cuya atención ha sido absorbida por la
llegada de un nuevo bebé.
El simpático personaje del dramaturgo Jaime Chabaud
–personaje que se antoja autobiográfico– es interpretado de manera no menos
graciosa por el empijamado actor quien, a lo largo de su monólogo, utiliza
diversos recursos –títeres, sombras, juguetes, sábanas– para representar
recuerdos dialogados con sus padres o su amigo de la escuela Clemente, quien no hace más que
atemorizar a Claudio con terribles historias sobre los niños que mojan la cama.
A pesar de la fluida interpretación de Luis Enrique Luna, el
trabajo que realizaron los encargados del control de los efectos de sonido y la
iluminación no fue del todo preciso e, incluso, llegó a ser molesto para el
público, pues el volumen de las bocinas era tan alto que la música y los
efectos destemplaron a más de uno.
La puesta en escena “Pipí” compite dentro de la categoría de
“teatro infantil” y, a juzgar por las carcajadas de los pocos niños asistentes
–y de los adultos–, quizá no le vaya tan mal.
Miguel Ángel Camero
Soy homosexual
La última obra de la jornada fue “Soy homosexual”, un
monólogo protagonizado por Edgar Treviño, quien también se encargó de la
dirección y la autoría del texto. El protagonista, entre amanerado y glamuroso,
vistiendo una bata como de actor de cine mexicano de los setentas, relata su
biografía que en mayor parte es la de los las periplos sexuales que ha
sostenido en el transcurso de su vida. Su explícito relato recordaba
al comediante Polo Polo, conocido por sus extensos chistes, quizá por eso hubo
muchas risas y aplausos durante el monólogo.
Fue el día de las pijamas, de un teatro en pijamas que en
lugar de sugerirnos que está por despertarse, más bien todo indica que está
decidido a tomarse un larga y tendida siesta.