| Hector Esqueda |
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| Llegamos a un solo acuerdo: teníamos que ir a verlos antes de que alguno de los integrantes de la banda se muriera de una sobredosis. De su banda, o de la nuestra.
Llovía y yo me encontraba en el piso número doce de un edificio en el centro de Guadalajara, en ese tiempo un poco más vacía de malas memorias y más sobrepoblada de ilusiones, de esas que son falsas y eliges por imposibles. En ese tiempo también se permitía fumar en el comedor del lugar, lo cual, parece que ha dejado de ser. Recién habíamos escuchado a esa banda que comenzaba a sonar, haciendo una fusión entre nu metal, hardcore, punk y demás géneros llamada At the Drive-in. Al poco tiempo, supimos que se había desintegrado. Después, nos llegaron los rumores por cortesía de los obsesionados con aquella banda diciendo que se había convertido en dos. Los sillones viejos comenzaban a acostumbrarse a esa bodega de techo alto en la que ensayábamos, y el piso se habituaba al líquido derramado. Supimos que Sparta y The Mars Volta habían nacido, de un padre químico que los parió sin necesidad de hembra alguna, que decidió inmolarse para dividirse y reproducirse. Cosas así se dicen a altas horas de la madrugada.
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La banda nuestra no seguía los pasos de TMV* ni intentaba imitarlos, y lejos quizás estábamos de merecer el mote de “banda”, pero aún así nos gustaba como se escuchaba, nos gustaba pensar en nosotros como eso. Las sesiones de ensayos eran una suerte de improvisaciones etílicas con intervalos para tomar los palos de billar y jugar partidas rápidas en lo que unos u otros bebían o fumaban un cigarro a modo de descanso. Éramos básicamente cuatro personas que, sábado a sábado, conectaban sus instrumentos a amplificadores, y se dedicaban a escucharse y tratar de complementarse mutua y espontáneamente. Escuchábamos a Portishead, Coltrane, Zorn, Radiohead, Tom Waits… a The Mars Volta... mucha música. Y a Sparta. Todo Under influence of… (agregue aquí la sustancia que le suene mas interesante). Los ojos enrojecidos, la nariz irritada, los lentes oscuros, el aliento, el sudor frío… invadían. Pero la verdad es que solo un miembro de la banda era quien probaba otras influencias.
Lo cierto es que Sparta resultó en ese momento una decepción y the Mars Volta les había arrebatado antes de que lo concientizaran la esencia de lo antes conocido como At the Drive-in.
Nosotros, o quizá solo yo, en ese entonces perdido en sonidos, comenzaba un pequeño viaje a la par de un nuevo eco escuchado en muchos lugares: Now im lost, now im lost, decía. La voz de un viajante que se encuentra ya en el trayecto, quizás. Después fuimos varios tras el comienzo del camino donde transitaba tal extraño paseante del que oíamos voz y color, y ahí es donde creímos encontraríamos la fuente de tal sonido. Al encontrarlo, en su entrada rezaba el nombre de la odisea, en lugar del nombre de quien buscábamos. El camino: De-loused in the comatorium.
El propio Cedric Bixler ha comentado a la prensa que TMV* no estaba pensado para ser el proyecto en el que se ha convertido. Todo surgió a partir de la inquietud que devino de la muerte de uno de sus amigos, en quien estaba inspirado un track de At the Drive-In, incluido en el disco Acrobatic Tenenment que lleva por nombre Embroglio.
Adentrándonos apenas unos cuantos pasos, averiguamos el nombre del viajero: Cerpin Tax. O Julio Venegas, aunque fuere otro. Los dos primeros discos de TMV* fueron dedicados a artistas, amigos de alguno de los integrantes de la banda. Pero en ese tiempo aún no había salido al mercado el segundo LP, ni había fallecido Jeremy Ward, el manipulador de sonidos que los acompañaba durante la gira del primer disco y para quien fue dedicada la segunda placa, llamada Frances the mute.
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Siendo sinceros, de forma personal, no nos quedaba mucha fé en nada, pero teníamos todo ese viaje que implica el evadir la realidad musicalmente. Cada uno de nosotros fue tomando su camino. Solo dos de nosotros teníamos una relación “estable” con alguna mujer, extendida por mínimo un año y medio. La mía, mas que estable, era volátil, a pesar incluso de que para esas fechas yo ya había dejado aquel pensamiento que me hacía conducirme con la vida con no otro móvil que el del autosabotaje y utilizarme como sujeto de pruebas de mis propios experimentos. Los demás tenía sus propios… conflictos, y cada quien los solucionaba como mejor podía.
No dejo de pensar que cada vez que vas caminando por la vida con los audífonos puestos, alteras la realidad, encontrando el ritmo de lo incidental, y matizándolo con tu ánimo. Los Mars Volta seguían tocando y a nosotros nos era mas fácil confiar en Robert Plant y Jimmy Page que en Dios, lo cual, bien pensado podría verse incluso como algo irónico: ¿Cuán creyente se debe de ser para estampar el sello dorado de aprobación satánica en uno de tus discos?
The Mars Volta tocaría en el df, aún sonando fuerte el primer disco, un álbum que cuenta la historia de un personaje que intenta cometer suicidio con una sobredosis de morfina, pero en lugar de esto, entra en un coma durante el cual su mente libra batallas, dividida entre sus aspectos positivos y negativos. Cerpin Tax, el personaje, sale entonces del coma iluminado, y encuentra en el suicidio, mas que su escape, el camino. Nosotros estábamos decididos a ir a ver esto en vivo, escuchar, pero la desición no significa cuando no se hace nada por volverla acción.
Nuestra banda tocó dos o tres veces en bares de la ciudad, y todos seguíamos haciendo lo que hacíamos normalmente: Fue una época de ventanas rotas y nudillos gastados, de medicamentos psicoactivos, y mucha escritura. De líneas de polvo rosa. De autos destrozados. De reconocer que hay cosas que no se pueden arreglar. Pero, quizas, solo era un miembro de la banda el que experimentaba tanto.
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Como espirales, los ciclos sucedían; una relación toxica terminaba para dar comienzo a otra, adorar nuevos vicios y acostumbrar el cuerpo a un calor distinto y desconocido, pero, cual músicos naufragantes, la banda seguía ahí, tratando de mantener la vertical. Porque incluso el caos tiene ritmo.
El segundo disco de The Mars Volta fue publicado cercanas las fechas al día en que acostumbro cumplir años y lo recibí como regalo dos veces, una de las cuales, decidí mantener en secreto. Se anunciaba nueva gira de la banda lidereada por Cedric Bixler y Omar Rodríguez. Pero, de nuevo, quienes queríamos ir, fallamos catastróficamente a la cita. Nuestros vicios, seguían estando como vicios, pero ya eran otros. Terminó mi estancia en una universidad y continuó en otra. Las cosas volvían a comenzar.
A últimas fechas Sparta acaba de presentar una nueva placa. Comienza con un track que da esperanzas a este proyecto perdido, para dejar caerlo todo a mitad de la tercera canción. Por su parte, los Mars Volta llevan su historia lejos de cualquier persona y se adentran cada vez mas en si mismos, guardando sus abstracciones para ellos y explotando con cada disco como la catársis de aquel autista que después de mucho tiempo y fuego tragado encuentra como gritar en llamas, explotar e invadir los oídos de quienes se encuentran cerca.
En entrevistas recientes, The Mars Volta han aceptado sus influencias y se puede interpretar a esta ultima obra suya como una oda al miedo a Dios, defendiendo las influencias chamánicas que implícitamente llevan, las drogas sagradas y la purificación ritual que conduce hacia nuevos terrenos mentales. Habla de la experiencia de la diemetiltriptamina y de como la muerte no es donde se acaba todo, sino que lleva a un lugar de iluminación. Samaél, estrella de la mañana, aparece en las letras. Los procesos de destrucción y nueva creación están siempre presentes en la banda, para quienes la dualidad es importante.
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| Aunque es cierto que existe esta dualidad, es también cierto que puede ser tan o incluso mas importante que el lugar en donde estés, que el principio o el final, el trayecto. Lo que hace la diferencia entre el aquí y otro lugar, entre adentro y el afuera es una línea delgada, como el marco de una puerta. Además de estos dos puntos básicos, hay una triada vital una vez que se entiende que no se puede llegar a ningún lado sin pasar por un tercer lugar, el umbral.
Nuestra banda sigue tocando, sin saber hacia donde va. Cada sábado. Yo, por mi parte, solo me hace falta por cerrar el ciclo de mi estudio, que terminará pronto, para comenzar con otra cosa. Por lo demás, me encuentro precisamente en el umbral que decide de que manera voy a llegar al siguiente lugar, para comenzar de nuevo.
The Mars Volta está, por tercera vez, en el df, presentando su tercer disco, Amputechture. Los hilos que me ataban al lugar que dejo se han roto ya todos.
Entre dos puntos, esta un tercero. El camino hacia la sabiduría está perdido, aunque, por el momento, parece que nadie morirá pronto de una sobredosis. Ni de su banda ni de la nuestra. Sin embargo, algo certero es que a nuestro lado corre un río, pletórico de resonancias, bravas y revueltas. Y que nos encontramos, otra vez, en el comienzo. Cada vez mas frecuentemente.
ººº
*The Mars Volta
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