En el artículo “Los
dispendios del Fonca” de Blanca González Rosas, sección cultural de la revista
Proceso, número 1710, del 9 de agosto de 2009, me entero del caso de las becas
del Sistema Nacional de Creadores, que otorga el Fondo Nacional para la Cultura
y las Artes específicamente en la disciplina de Artes Visuales, las cuales se
otorgan por períodos de tres años a artistas que así “reciben del erario 24 mil
660 pesos durante tres años (295 mil pesos anuales y 887 mil en tres años)
viajan constantemente al extranjero y viven en San Ángel o en las Lomas de
Chapultepec”. También menciona Blanca González Rosas que hay artistas que han
recibido esas becas hasta por tres períodos consecutivos, y si se revisa la
lista de nombres de becados que se incluye en el artículo, se puede comprobar fácilmente
con sólo leerlos que son artistas que cotizan su obra a nivel internacional, a
los cuales, naturalmente que no les cae mal un sueldito extra por sus méritos en...
¿en qué? ¿en estar en las nóminas de amigos de los que otorgan esas becas?
No dudo de la calidad de la
obra de tan afortunados artistas, la que seguramente les ha hecho merecer el
reconocimiento de que disfrutan, que hace que la autora del artículo mencionado
escriba también: “Subvencionados vergonzosamente por la ciudadanía... los
beneficiados con los estímulos deberían hacer públicos los argumentos que los
llevaron a solicitar las codiciadas becas... hacer públicos los precios de sus
obras, el monto total que venden al año, el número de viajes que realizan, el número
y costo del personal que los apoya en su taller y su casa, el predial o renta
que pagan por su vivienda, el tipo de automóvil que manejan y, muy
especialmente, la colonia en que viven”.
En la obra de teatro “La
excepción y la regla”, de Bertolt Bretch, la muerte del humilde cargador es
juzgada de manera tan injusta por los jueces que justifica la advertencia que
Bretch formula al público en las últimas líneas de la canción con que se cierra
la obra: “no olviden que la regla es el abuso”. En los días que estamos
viviendo y con la cantidad de cosas de que nos enteramos para luego irlas
olvidando ante la sucesión de otras y otras y otras, etc, ésta de las Becas del
Sistema Nacional de Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes no
puede menos que sublevarlo a uno, además de alarmarlo, y revolverle la bilis y
más sabiendo que, de todas maneras, todo acabará en el consabido: “aquí no ha
pasado nada”.
En el monólogo cómico de
Antón Chejov (1860 – 1904) “Sobre el daño que hace el tabaco”, el marido
oprimido Iván Ivanovich Niujin dice: “...escribo artículos científicos o, al
menos, si no precisamente científicos, algo, con perdón de ustedes, que se
asemeja mucho a lo científico... En uno de los pasados días, compuse uno larguísimo...
Sobre lo dañino de determinados insectos... A mis hijas les gustó mucho... en
especial, la parte dedicada a las chinches. Yo, sin embargo, después de leído
lo rompí... Después de todo, y se escriba lo que se escriba, no puede uno
prescindir del uso de los polvos persas” (los insecticidas). Un sentido práctico
como el de Niujin me servirá para,en este triste caso del FONCA, remediarme con la risa, de acuerdo con la
frase que aparecíasiempre en las
portadasdel “Já, Já” (revista de
chistes cómicos hoy totalmente olvidada): “La risa, remedio infalible”.