| Sandra Muñoz |
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"Reflexiones sobre la visión del entrenamiento como forma de vida de los actores. Parte 3"
Bueno, pues nos quedamos en que Ritmo, es la huella de una energía ¿no? Y dijimos también que Meyerhold habla sobre la necesidad del actor de hacerse de una manera de sentir cómo corre el tiempo. Pues como usted ya ha leído a Stanislavsky y a Meyerhold, está listo para conocer a Eugenio Barba. Pues Barba nació en 1936, en un pequeño poblado al sur de Italia (a él no lo pongo en mi altar, porque todavía no se muere…aunque ya es un mito viviente. Todos los que alguna vez hemos tomado aunque sea una clase o escuchado una conferencia de su ronco pecho, nos sentimos ilusamente iluminados). Muy joven emigra a Noruega y ahí se gradúa en Historia de la Religión.
Es hasta 1960 que empieza con el gusanito del teatro en la Escuela Teatral de Varsovia, misma que abandona para unirse a Grotowski…¡¡Dios de mi vida, que error de mi parte!! ¡No le he contado nada aún de Grotowski!…bueno pues solucionaré el error en el siguiente artículo, explayándome en el Teatro Pobre. Regresando a Barba, en 1964 regresa a Oslo, e inicia con un puñado de actores un grupo que después se conocería como el Odin Teatret y que, por razones económicas se traslada a un poblado al noroeste de Dinamarca. En 1979, Barba funda el ISTA (The Internacional school of theater Anthropology). A lo largo de todo su trabajo, Barba propone la renovación del actor, antes que intentar la propia transformación del teatro; su discurso teatral gira principalmente en torno al trabajo del actor: sus modelos de comportamiento, sus posibilidades psicofísicas o fisiológicas, la necesidad de un entrenamiento físico-vocal y la construcción de técnicas extracotidianas.
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| Y me va a perdonar, pero le voy a contar otra anécdota (y es que, por si no se había percatado ¡me encantan los cuentitos! Esa es una de las razones por las que me cae muy bien Jesús el Cristo, le encantaba contar cuentitos. Transmitía conocimiento a través de parábolas, es decir, no les daba a sus discípulos el conocimiento masticadito, si no que les echaba a volar la imaginación, la razón y el espíritu a un tiempo mismo) Va la historia: Era yo una chamaca babosa de 18 años y me enfrentaba a uno de mis primeros maestrazos: Néstor López Aldeco, quien estaba (está) mal de la cabeza y le encantaba dejarnos “repentinas”, o sea en la clase del jueves nos decía, por ejemplo:
-“Para el martes, escojan una canción de un intérprete español contemporáneo y dirijan escena con esa canción como si fuera un videoclip. Es para el lunes”-
¡Y todos en friega oyendo Miguel Ríos, Serrat, Sabina, Víctor Manuel y Ana Belem, y hasta Mecano! Inventándonos una historia a partir de la música y letra de las canciones, o revolcando nuestra propia historia personal con las notas de los españolotes esos, escogiendo actores, siendo rechazados por los mismos, porque claro, 4 días para montar un numerito decente es muuuuy poco tiempo.
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| Total que llegaba el lunes y cansados y ojerosos por no haber dormido, por haber pasado la noche anterior cosiendo plumas y lentejuelas a los improvisados vestuarios, o por haber ido al ajusco a juntar piedrotas para fabricar una montaña de ficción (ay, por eso no debo contar historias, me pierdo en la añoranza y se me va el hilo principal)… el chiste es que presentábamos nuestras “repentinas” Y el maestro decía :
-“Ay muchachos, ni la canción les ayudó…a todos les falta ritmo ¿Porque ustedes saben lo que es el ritmo en la escena no?”- Y todos como borreguitos respondiendo “sí maestro”, aunque por supuesto no habíamos entendido un carajo de esa definición que más bien parecía fórmula matemática.
-“Bueno”- decía Néstor -“Ya que todos dicen que entendieron, corríjanla y la vuelven a presentar otra vez el jueves”-
Y otra vez a no dormir por ensayar y el jueves que volvíamos a presentar nuestro numerito, lo único que había cambiado es que todas las acciones que habíamos marcado, ocurrían mucho más velozmente que la primera vez, y Néstor a ponerse la mano en la mejilla y a decir, con tono de papá defraudado:
-“Ay muchachos, me engañaron, no entendieron nada. Ritmo no es rapidez, Ritmo es atención retenida en tiempo determinado. ¿Ahora sí entienden?”- Yo entendí la definición como tres años después, cuando, leyendo a Barba, me topé con una frase que decía:
“…El ritmo materializa la duración de una acción a través de una línea de tensiones homogéneas o variadas. Crea suspenso y expectativa…” (1)
O sea que una acción puede ser vertiginosamente rápida y ser muy emocionante para el espectador, PERO también las acciones suaves, lentas y pequeñitas pueden ser sumamente rítmicas si crean tensión en la percepción del espectador.
Pues hasta ahora, usted ya habrá caído en la cuenta, que los teatreros básicos (Stanislavski, Meyerhold, Barba y hasta Grotowski) hablan de la necesidad de un entrenamiento actoral que incluya la percepción rítmica como parte importante del mismo. Pugnan por una reeducación del instrumento del actor para que, entre otras muchas cosas, abra y canalice su percepción rítmica. Continuará… Y ya sabe que si no tiene el libro, se lo presto.
(1).- MEYERHOLD, Vsevelod, El actor sobre la escena, col. Escenología, México, grupo Editorial Gaceta, 1998
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