Teatro : Festival Internacional de Teatro Experimental del Cairo
Día 7: La gran Alejandría. Un día sin teatro
Josue Picazo


 Rumbo a Alejandría                                                                Fotos: Josue Picazo


Mientras se desarrolla el XXI Festival Internacional de Teatro Experimental de El Cairo, para los visitantes el resto de Egipto mantiene su atractivo inherente. Por ello, haciéndose un espacio en medio del festival, la Compañía de Teatro del Espacio Cultural Metropolitano se escapó el pasado jueves a Alejandría, la segunda ciudad en importancia, tamaño y población de Egipto.

En algunas páginas de Internet aseguran que el Festival de Teatro Experimental es un evento que año con año atrae a un importante número de turistas, pero a juzgar por la composición de la audiencia en la mayoría de las presentaciones, los turistas parecen ser los propios participantes que no han desaprovechado la oportunidad de perderse por algunas horas o días en los distintos destinos egipcios.

Así pues, los tampiqueños decidieron aprovechar la cercanía con Alejandría, la mítica ciudad mediterránea, y temprano por la mañana salieron de la mancha urbana para encontrarse por primera vez con un paisaje distinto a la aglomeración de edificios cairotas: el desierto.

Paisaje de Alejandría

Luego de dejar atrás los últimos desarrollos inmobiliarios, testimonio de la incesante expansión de El Cairo, pudimos ver extensiones llanas de arena y piedras. La visibilidad aún era limitada por esa extrañísima bruma mezcla de polvo, humo, polución y demás elementos etéreos que componen la atmósfera en la capital egipcia.    

Después de menos de tres horas de carretera, llegamos a nuestro destino. En la autopista fue inevitable notar la caseta de cobro de Alejandría decorada al estilo de la arquitectura griega. Luego el paisaje se puso algo verde, estábamos en el Delta del Nilo.

Alejandría es una ciudad de contrastes, mientras los barrios exteriores de la ciudad dan muestra de la pobreza y el desarrollo caótico de Egipto, conforme uno va a acercándose a la costa se rebelan el desarrollo y la magnificencia de una ciudad que ocupa un lugar central en la Historia Universal y cuyo nombre suele evocar leyendas y disparar la imaginación de los viajeros.

En el camino, la historia nos aplasta. Zaki Sami es nuestro guía, un joven egipcio que habla un perfecto español de acento ibérico y que recientemente concluyó sus estudios de egiptología, por lo que desde que salimos de Cairo fue describiéndonos las etapas históricas de Egipto, una nación que fue cuna de la civilización y que durante milenios ha sido objeto de todo tipo de transformaciones culturales.


Comenzamos nuestro recorrido en las catacumbas de Alejandría, un conjunto de excavaciones mortuorias que marcan la transición entre las costumbres de los antiguos egipcios y la introducción de la cultura griega. En términos simples, al entrar en contacto con los griegos –quienes llegaron a Egipto durante el ímpetu expansivo de su emperador Alejandro Magno, por quien recibió su nombre esta ciudad– los egipcios fusionaron sus costumbres funerarias con las costumbres helénicas. Las catacumbas, entonces, dan muestra de esta mezcla: dioses egipcios en altorrelieves o pinturas conviven con estilos y símbolos griegos.

La siguiente estación fue el anfiteatro romano. Perteneciente a una etapa más reciente que las catacumbas, este edificio tuvo, principalmente, fines religiosos y fue foro para las reuniones de los primeros cristianos y su credo que comenzaba a expandirse por todas las colonias romanas.

Aunque, según nos mencionaba el guía, éste más que para las artes, fue un sitio de encuentro para la incipiente iglesia cristiana, la sola imagen del foro redondo rodeado por los asientos en niveles de piedra, fue suficiente para cautivar a más de uno de los actores del grupo quienes quizá vieron en ésta la imagen icónica de los foros en donde nació el arte que los une y los ha traído desde un lejano continente.

“Si se quiere conquistar al mundo árabe, se tiene que comenzar por Egipto”, dijo con una seguridad indudable Zaki, nuestro guía, cuando la historia nos volvió a aplastar entre las hordas de invasores otomanos, mamelucos, griegos, romanos, cruzados, ingleses y demás que, a través de los siglos -como las olas del mar- no han dejado de golpear las costas alejandrinas y en ellas los miles de soldados y aventureros, los grandes personajes de la antigüedad que pisaron este puerto.

La fortaleza Qwitbaye ocupa el sitio donde antiguamente se encontraba el Faro de Alejandría

La historia de las invasiones marítimas era narrada por Zaki justo al pie de la fortaleza Qwitbaye, edificación militar del siglo XV que fue construida en el mismo sitio donde se encontraba una de las grandes maravillas del Mundo Antiguo: El Faro de Alejandría.

Con la magnitud de su estructura y la exquisitez de las descripciones que hicieron algunos cronistas de la época de Alejandro Magno, el Faro de Alejandría sigue siendo una de los atractivos que esta ciudad del Mediterráneo africano ofrece a sus visitantes aunque, por supuesto, ya no exista. Digamos que así como en la antigüedad su fuego servía para guiar a las embarcaciones, la luz de la historia sigue atrayendo a los visitantes que llegan desde todos los rincones del planeta.

Y, por supuesto, ahí delante, estaba el mar. El Mediterráneo, cuna de los grandes navegantes en la historia de la humanidad. El viento del mar recorre las calles de Alejandría, el cielo es amplio y azul, el mar reafirma el concepto del puerto, el mundo está ahí delante, detrás del horizonte, lo sabían los navegantes desde hace milenios cuando zarpaban, lo confirmamos ahora. Bien lo sabían Alejandro Magno, Saladino y otros: Alejandría es la gran puerta de Egipto y del mundo árabe.

Alejandría también fue el sitio para que el grupo de teatreros mexicanos conociera por primera vez una mezquita. Un bellísimo edificio del siglo XVIII alberga a la mezquita de El Murci Abu Al Abas, construcción que por la altura de sus minaretes (torres desde donde se emite el llamado a la oración) puede ser admirada desde casi toda la línea costera.

Interior de la mezquita de El Murci Abu Al Abas

Antes de ingresar, Zaki nos habla sobre algunos conceptos de la religión musulmana y a las mujeres les explica que deberán entrar por una puerta situada a un costado del edificio y tendrán cubrirse los hombros y el cabello con alguna tela, mientras que los hombres sólo tuvimos que descalzarnos para ingresar; hombres y mujeres estábamos en el mismo edificio pero separados por un panel de madera que las dejaba a ellas  en una sección que era casi un cuarto del área total de la mezquita. Así es como funcionan las mezquitas en función del sexo de cada persona.

Otro de los grandes mitos de Alejandría era su biblioteca, construida en el siglo III A.C.  y, según se cuenta, llegó a reunir la mayor cantidad de documentos del mundo antiguo, un verdadero templo del conocimiento, hasta que en el año 48 A.C. un incendio ocasionado durante una batalla entre Julio César y Pompeyo hizo desaparecer la gran biblioteca. En 2002 concluiría la construcción de un mito que resurgía.

La Biblioteca Alexandrina quizá sea el edificio más moderno de Alejandría, una gigantesca construcción con diseño arquitectónico de vanguardia que, por mucho, deber ser el inmueble cultural más importante de Egipto.

Como el disco solar de los egipcios que emergía del mar cada día para alumbrar y dar vida al mundo, la Biblioteca Alexandrina es una gigantesco disco que surge del suelo, una figura única que en el litoral egipcio contrasta con los edificios color barro.

Interior de la Biblioteca Alexandrina (Has click sobre la foto para verla más grande)

Es jueves por la tarde y la biblioteca se encuentra repleta de jóvenes estudiantes egipcios. A pesar de la cantidad de personas, el diseño del edificio hace que apenas se perciba un tenue murmullo en la gran sala de lectura que une bajo un mismo techo los nueve niveles del inmueble. La biblioteca llena, una imagen singular, inspiradora, sobre todo en un país donde el caos parece imperar, un país que decidió invertir 440 millones de dólares en este conjunto de acervos bibliográficos y digitales, salas de conferencias y de exhibición, departamentos de investigación especializada y un planetario.

En Egipto, el día concluye a temprana hora, Alejandría es una ciudad fascinante, distinta al Cairo, egipcia al fin, con su caos vial, con sus conflictos, pero distinta a muchas cosas, nunca imaginada.

El día se acababa y por la noche volveríamos al Cairo, sede del festival que nos trajo hasta aquí. Antes de partir, volvimos la mirada al mar, la costa poblada de edificios brinda un rostro muy distinto al de los puertos occidentales. La populosa urbe muestra un paisaje poblado por edificios de caprichosos estilos, una ciudad en la que conviven los restos de la antigüedad y del Egipto moderno en singular armonía, en una atmósfera única, en una milenaria vibración.



Legión de souvenirs


Turistas en el anfiteatro romano

La Compañía del Metro en Alejandría

En el sitio donde estuvo el antiguo Faro de Alejandría

En la Biblioteca Alexandrina

Estante en la Biblioteca Alexandrina


Taxi alejandrino


El Mediterraneo en Egipto

Jóvenes egipcios frente al Mar Mediterráneo


Atardecer en Alejandría







Siga la pista de la Compañía de Teatro del Metro en Egipto. Artículos anteriores:







El Cairo, Egipto, 16 de octubre de  2009

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