Cine & Video
Tampico Morelia Tarantino
Roberto González


Fotos: Roberto González


¿Y ustedes de dónde vienen? preguntaron dos señoras turistas en la entrada del hotel mientras organizábamos las ideas que el frío de Morelia nos había desordenado. De Tampico, respondió David, cigarro en mano buscando entrar en calor. Y seguro vienen al festival, cuestionaron nuevamente las abuelitas de noble aspecto. Así es, respondimos a coro. ¿Saben en dónde queda el cine del centro? Les explicamos, nos dijeron gracias y un que se diviertan y ambas caminaron apresuradamente con rumbo al centro de la ciudad. En retrospectiva, pienso que las ancianitas fueron más listas que nosotros al llegar desde muy temprana hora a la taquilla del Cinépolis para agenciarse los bonos de cine. Bueno, es que a uno le falta malicia y el de Morelia era el primer festival al que me tocaba asistir.

Doce horas antes habíamos dejado Tampico, y estábamos sobre Morelia; preparados para ver cine. La bella capital michoacana albergaría durante una semana a cinéfilos, periodistas, directores, guionistas, actores, actrices y otros agregados en su ya afamado Festival Internacional de Cine (FICM). Durante la séptima edición de este evento se exhibirían poco más de cincuenta largometrajes y una enorme cantidad de cortometrajes y documentales. Un banquete fílmico lo habían llamado algunos periódicos muy acertadamente. Ahora que lo pienso nunca compramos palomitas. Café sí, mucho, el clima lo predisponía.

Foto: Emmanuel Martínez

Un escaparate lleno de nombres y una hora treinta y siete minutos con Zooey Deschanel

Jarmush, Soderbergh, Gilliam, Resnais, Haneke, Almodóvar, Ang Lee, Depardieu, Audrey, Penélope, Nueva York (te amo), Woodstock, París. Y entre todos esos nombres plasmados en relucientes posters que tapizaban la vitrina del Cinépolis,  resaltaba el nombre estelar: Tarantino. Tarantino e Inglorious Basterds. Quentin y sus bastardos sin gloria. Sus hijos que no alcanzaron un lugar en la historia y sólo por eso decidió re escribir el desenlace de la Segunda Guerra Mundial para su más reciente película, la cual se estrenaría en el país como parte del festival.

La exhibición sería al día siguiente de nuestra llegada (o sea el 4 de octubre). Después de haber ingerido unas tortas que emulaban a aquellas megas del D.F., nos dirigimos al cine para adquirir los bonos para cuatro funciones distintas. Sólo era cuestión de cambiarlos por la película de nuestro gusto y listo. Pensamos –ingenuamente- llevarla con calma.

Boletos en mano, nos dirigimos a la sala donde se exhibiría el primer largometraje presentando dentro del  festival: 500 day of summer, que iba recomendada por un buen amigo de Tampico  declarado fan de Zooey Deschanel, protagonista de la película. Se trata de una comedia romántica que desde su inicio, se asume como muy diferente al resto de las demás historias. Relata, de forma no lineal,  la historia de cómo Tom, muchacho enamoradizo (a consecuencia, cuenta la película, de un muy temprano acercamiento al brit pop), conoce y se enamora de Summer, muchacha descreída del amor (aunque eso no la exenta de haber tenido diversas relaciones, entre ellas con una bajista de un grupo de rock y un latinoamericano apodado "El puma").

Ambos inician una relación teniendo a The Smiths y Regina Spektor como música de fondo. Sin embargo, cuando Tom desea involucrarse más fondo con Summer, ella decide terminar con la relación y Tom comienza a analizar qué provocó que Summer lo abandonara. Una cinta muy disfrutable, con diálogos muy ingeniosos, y que aporta un punto de vista muy realista a la manera de ver las muy complicadas pero inevitables relaciones interpersonales.


Hoy, aquí, Tarantino

Salimos de la función. Vimos mucha más gente de la que había a nuestra llegada, corrimos a la taquilla preguntando por Los abrazos rotos, lo más reciente de Almodóvar, se habían agotado los boletos ya ¿Taking Woodstock de Ang Lee? Tampoco. Aquí hubo un momento incómodo y alguno de nosotros preguntó a la chica de la taquilla -ella un tanto ansiosa porque nos decidiéramos por una película, o al menos le atináramos a una función disponible- ¿Bastardos…? -Nombre, esos se acabaron desde la mañana- nos respondió despiadadamente.

No hubo un apagón total, el techo de Cinépolis no se partió en dos (a veces la procesión va por dentro…). Desconsolados ante la idea de que no veríamos la nueva de Tarantino, salimos a respirar un poco de aire. Frente a nosotros, veíamos un edificio de la Universidad de Michoacán. A nuestros costados gente sentada sobre los escalones, algunos muy orgullosos cargando entre sus brazos –cual primogénito se tratase- la guía oficial con todas las reseñas de las películas en exhibición. A nuestra espalda los posters y recortes de la prensa local anunciando el cinéfilo evento. Y, nuevamente, entre ellos, en un simple cartelito, escrito con marcatextos, uno que no habíamos visto a nuestra llegada: Hoy aquí Tarantino en la develación de la placa del festival 5:30pm. Breve pero contundente. No había duda, seríamos parte del séquito de bienvenida del director maldito de Hollywood.

Durante ese lapso, hubo la oportunidad de ver Hace mucho que te amo de Philippe Claudel, una descorazonadora película francesa acerca de una mujer que busca re adaptarse dentro de la sociedad después de pasar 15 años en la cárcel, sin embargo su pasado y los prejuicios de la gente lo complicarán todo. Excelente película que hubiera sido bueno ver hasta el final, pero poco a poco llegaba la hora de la cita tarantinesca y sabíamos que no seríamos los únicos en el lugar, por lo que nos salimos de la sala para hacernos de una buena posición en el lobby del cine.


Una cinta plástica ya trazaba el camino por donde pasaría el director de Pulp Fiction y Jackie Brown, y a los costados, los fans ya estaban listos, con devedés, souvernirs, plumas, cámaras de video y  fotos en las manos. Los había de los más tímidos a los más excéntricos, como el que portaba un cartelito donde trastocaba la maldición preferida de Tarantino -y una frase recurrente en sus películas- por un desvergonzado “fuck me”.

Los medios empezaron a llegar, lo que indicaba que no faltaba mucho para que el bastardo mayor ingresara al cine. Y así fue, primero una horda de gritos se lanzaban contra un tipo fornido de pelo negro, un momento… ése quién es, se preguntaron algunos, ahh contestaron los más fanáticos, es Eli Roth, pupilo cinematográfico de Tarantino conocido por las cintas de Hostel, y que tiene un papel en la de Basterds. Y entonces los gritos se incrementaron, los flashes comenzaron a dispararse con más intensidad, él se acomodó el saco y lo abotonó, estaba frente a nosotros el de la prominente mandíbula y  tono de piel rosáceo, mismo que hacía recordar la constante presencia de sangre en sus películas.

”Estoy abrumado por el recibimiento, pero muy contento por estar en México para el estreno de mi cinta”, dijo Tarantino (en inglés, claro) para después ser colocado por los gerentes de Cinépolis a un lado de una cortinita colocada sobre una pared. Era el momento para develar de la placa del festival, donde estaría la constancia de su presencia como invitado. Los apretujones se incrementaron, nosotros nos colocamos muy cerca de donde estaba situada la placa, creo que alguien cayó de la silla a la cual se había subido pero no pasó a mayores.

Una vez terminada la breve ceremonia y firmar unos cuantos autógrafos, Tarantino abandonó el lobby y se hundió en la oscuridad de los pasillos del cine. Seguramente irán a dejarlo en su hotel y más tarde recogerlo para asistir a la función de gala, donde estaría a un lado del gobernador, el alcalde y un montón de gente que seguramente miraría extrañada y quiza con repulsión la cinta del director de Knoxville, Tennessee.


Para el resto no quedaba más que vagar por la ciudad a la espera de la siguiente función. Había que andar por las calles y mirar los barrocos edificios, los conventos, el Palacio Clavijero y la catedral. El centro abarrotado por gente (cuántos de ellos de igual forma vendrían a Morelia  sólo a ver películas…).

Para terminar el día, Das weisse band (El listón blanco), si no veríamos Inglorious Basterds, al menos sí la que le ganó la Palma de Oro de Cannes. Dirigida por el legendario director Michael Haneke, la historia está ubicada en un pueblo de Alemania, unos meses antes de que estalle la Primera Guerra Mundial. Accidentes y sucesos extraños están aconteciendo en este lugar y poco a poco se irá develando que algo está muy podrido en ese pueblo.

De larga duración, en blanco y negro y hablada en alemán, pero afortunadamente subtitulada al español, El listón blanco contagia muy bién el ambiente opresivo en el que vivía aquella gente, cuyo destino estaba fuertemente aferrado a sus creencias religiosas y a los caprichos de un terrateniente. Al ver esta película, a uno no le deja de rondar en la cabeza la idea de que, tal vez, la maldad desde hace mucho tiempo atrás tenía plantada su semilla dentro de los hombres. Con la producción alemana concluyó el primer día de actividades tanto del festival como el nuestro.


Sin gloria

A las 11 de la mañana era la funcion de Bastardos, y a las 10 la de Home, documental ambientalista dirigido por Yann Arthus-Bertrand y narrado para su exhibición en México por Salma Hayek (¿?). Con argucias intentaríamos introducirnos bastárdamente. El plan elaborado fue entrar a Home, salirnos antes de las once y saltarse a la otra sala. Parecía perfecto, pero como bién nos había enseñado 500 days of summer el día anterior, a veces nuestras expectativas no siempre concuerdan con la vida real. Un tiquetero vigilaba que todos portaran su boleto indicado para la sala indicada. Okay, habrá que engañarlo, le mostraremos el ticket de la función de Home, procurando que no se vea el número de la sala. 

El documental no está nada mal con todo y Salma. Con imágenes aéreas nos va llevando por muy diversas y maravillosas áreas del mundo de África, América, India y hasta la Antártida. Consigue concienciar no tanto de que nos estamos acabando al planeta Tierra a una velocidad impresionante y a beneficio de unos cuantos, sino que aún es posible actuar a tiempo para cambiar ese ritmo tan voraz con el que estamos consumiendo los recursos naturales de "ésta, nuestra única nave espacial, la Tierra".

Pero habría tiempo después para malviajarse con los contundentes datos y cifras que arroja este trabajo, ya que era el momento para infringir las reglas de conducta del cine. El primero en intentarlo, fue David. Salió de la sala, y a los poco minutos volvió con gesto que a Meme y a mí nos anunciaba la derrota. "Me descubrieron". Los boletos eran cortados en ese mismo momento, (le quitan lo que se conoce como “la contraseña”) y no antes de entrar a la zona de salas como regularmente se hacía.



Un tanto molestos con los de Cinépolis ("esos burgueses") o simplemente porque ya se nos habían terminado los boletos del bono, decidimos rondar  por la ciudad de nueva cuenta. Es curioso, vimos muchos periodistas esos dos días, pero al momento que estoy escribiendo esto, han sido pocos los artículos y reportajes que he visto sobre el festival…

Dimos con la Casa Natal de Morelos, hogar del caudillo insurgente que funciona como museo y biblioteca, otra de las sedes del festival donde se estarían realizando actividades. Arribamos justo cuando se llevaba acabo la inauguración del homenaje a Fanny Cano, bellísima actriz michoacana, fallecida en un accidente aéreo, y de quien se presentaría un ciclo de sus cintas más representativas así como una exhibición de fotografías y carteles de sus películas. Como invitada especial de este homenaje estaba la actriz mexicana Julissa, quienes no pocos recordarán en telenovelas, o como manager de la Onda Vaselina, y los más clavados como la protagonista de Los Caifanes.


Dos documentales, dos, y nos vamos

En la Casa Natal de Morelos, con una gran cabeza del autor de los Sentimientos de la Nación, colocada justo en el patio vigilándonos todo el tiempo, tendríamos oportunidad de ver dos documentales. El primero, una producción para televisión del Canal 22, de nombre Los Jefes del Rock, trabajo ganador de la segunda convocatoria de apoyo a productores independientes que lanza este canal, y dirigido por Guillermo Piñón Tenaglia.

Los Jefes del Rock muestra a Armando Vega-Gil, bajista de Botellita de Jerez, aunque también escritor y cineasta, haciendo un recorrido -mágico y musical- por el desarrollo de la música rock en nuestro país. Tocando temas como la opresión de la juventud mexicana en los años sesentas, de las obras literarias -la onda- que marcaron a esos jóvenes, los cafés cantantes como únicos foros de expresión de las bandas y culmina con el mítico concierto masivo en Avándaro.

Con la peculiaridad de tener como actores a los principales protagonistas del rock que se hace en México, Los jefes... es un trabajo curioso, bien producido, que incluso tiene dos que tres escenas interesantísimas, como las secuencias en los departamentos de Tlatelolco y la analogía de la matanza en la Plaza de las Tres Culturas, con los sacrificios humanos hechos por los aztecas que hace mucho tiempo tuvieron lugar en ese mismo sitio. Por momentos el documental resulta cansado, porque parece que tenemos que ser un poco iniciados en el tema del rock mexicano para asimilar tantos nombres e información en los cincuenta minutos que dura el documental. Por cierto, aparece Alex Lora haciendo lo que mejor sabe hacer: mentar madres y hacer reír.

Foto: David Moreno

En ese mismo sitio, un par de horas después de conocer una librería de viejo, y una fonda con el sugestivo nombre de El tragadero, y comer capirotada, literalmente le caímos a la casa de Morelos nuevamente para ver Un día menos, otro documental, éste de Dariela Ludlow, y protagonizado por los abuelos de la directora: Doña Carmen y Don Emeterio (Eme), en el que se va narrando la vida de esta pareja de ancianos cuyo máximo gozo es recibir a toda la familia que viaja hasta Acapulco -donde residen los abuelos- para celebrar la fiesta de año.

Sobrecogedor, por íntimo y sencillo, por saber manejar la comedia y la tragedia tal y como ocurre en la vida cotidiana, , por la sabiduría de este par de ancianos que luchan por mantenerse juntos a pesar de la enfermedad, a pesar del tiempo; fue una gran sorpresa haber visto este trabajo.

Cumpliendo con la tradición de turista, cenamos en un restaurantito de comida tradicional donde nos esperaban un platillo de uchepos (tamales de maíz acompañados con queso fresco y bañados en crema) y una buena dosis de azúcar con unos churros rellenos.


Yo no vendría de tan lejos sólo para pasar un fin de semana, hace falta más tiempo para conocer la ciudad, decía el taxista que nos conducía por las transitadas avenidas de Morelia para dejarnos en la central de autobuses. Nosotros no dijimos nada, salvo resignarnos ante tremenda obviedad.

Había llegado el momento de regresar a Tampico después de pasar el mayor tiempo posible en el interior del cine, pero en algún momento el proyector tenía que apagarse y debíamos volver a nuestro terruño a cumplir con nuestra respectivas obligaciones. Ibamos dejando atrás la ciudad que invadimos para regresar a la nuestra, creo que para esos momentos ya habíamos olvidado -o al menos nadie lo mencionó-  que nos íbamos sin haber visto la más reciente producción tarantinesca. Ya la veremos en Tampico y ahora sí, acompañados de un gran bote de palomitas.

Foto: David Moreno





Publicado el 23 de octubre de 2009

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