Affair Cultural
Manifiesto MAMAD – ART
Emilio Benavides


Italian Happening On Tiberina Island      Fotógrafo: David Lees, LIFE photo archive


Los motivos de este evento son, en esencia, invitarlos a la reflexión, invitarlos a la toma de conciencia sobre el deterioro a que el arte ha llegado, al dejar de lado los fundamentos axiológicos que constituye la base de toda cultura: verdad-bien-belleza, columna vertebral y piedra angular de toda civilización que se precie de serlo.

Muchos de ustedes, al igual que yo, nos sentimos abrumados cuando asistimos a una exposición con tintes vanguardistas que nada nos dice, ni nos emociona, pero con frecuencia incomoda a nuestro intelecto. Sobre esto yo, como artista, sí puedo decir lo que ustedes por decencia callan.


 A principios del siglo XX, después de la llamada “bella época”, germinaron corrientes de vanguardia que sumieron a muchos jóvenes en el más grande de los desánimos y aun en la desesperación, ya que todos aquellos valores que se tenían por eternos fueron arrollados por la primera guerra mundial. Nace en un cabaret llamado Voltaire, en la ciudad neutral, como entonces lo era, de Zurich, en Alemania, el término DADA que, al parecer, no tiene mayor significado que el de evocar el sonido de los primeros balbuceos de un recién nacido; así se origina el DADAÍSMO, corriente seudo artística que trató de llevar la protesta hasta sus últimas consecuencias, al postular la negación absoluta de la razón y renegar del arte en todas sus formas, causando estupor frente a los clichés de la época.

Ahí, en Zurich, se celebraban provocativas veladas, ahí se originaron los primeros happenings, performance, arte conceptual, body art, ready made, all nude, etc, etc, y otros tantos similares a los que hoy pululan y que tanto se pregonan. Tales nociones creativas no estaban movidas por la razón ordenada. Lo que se creó entonces no fueron exactamente obras artísticas, sino objetos, soportes de un determinado significado polémico que proclamaran la supremacía del azar sobre la regla, la violencia sobre el orden, una broma al arte hecha por artistas, provocada por las circunstancias imperantes de la época.

Hasta ahí está bien, lo grave es que actualmente ya no es una broma; colgadas están hoy al arte en forma seria estas tendencias alternativas, cobijadas bajo la oscura túnica de lo intangible, asaltando así la razón, glorificando la inmundicia y exhibiendo las pústulas y los objetos banales, tal parece que asistimos a un complot para que el verdadero arte como tal desaparezca. Si ya deformar lo bello resulta patético, ahora elevar lo repugnante a la categoría de arte me parece perverso, y para cualquier mente sensata, enfermizo.


Hans Christian Andersen tiene un cuento de todos conocido, el de aquel rey que vestía un traje hecho con hilos de oro finísimos que sólo los inteligentes podían mirar, y cuando el traje fue terminado, al pasear por el pueblo luciéndose en paños menores, nadie quería pasar por tonto y sí todos alababan las maravillas del prodigioso traje que el rey lucía... Si ha de ser así para el arte, me confieso el más ignorante de los ignorantes de todos los artistas.

Por consiguiente: estoy en contra de los falsos profetas, de los charlatanes que confunden evolución con involución. Estoy en contra de esos artistas estériles que sólo copian la forma, deformándose a sí mismos. Estoy en contra de aquellos que ahogados en la mediocridad, nos quieren hacer creer que cuanto se les ocurre es arte. Estoy en contra de un arte improvisado, descuidado e irresponsable, convertido en un objeto desdeñable. Estoy en contra de este pos-dadaísmo que nos abruma y nos convierte a todos en casi nada. Estoy en contra de romper con la idea de la realidad para crear un mundo nihilista destructivo, y carente de todos los valores, que como bufonada es aceptable, pero como una realidad es patética y peligra ser apocalíptica.

Me estremezco cada vez que admiro los avances científicos y tecnológicos que ha alcanzado el ser humano; me intimido ante la grandiosidad del desarrollo que gracias a mentes brillante hoy gozamos; me quedo perplejo y conmovido cuando la chispa de la creación incide y estalla en el talento del hombre.

En todos los tiempos el artista ha sido un copista de la naturaleza, un soñador, un cronista, un entretenedor, un moralista, un crítico, un filósofo, un profeta; pero también un artífice, un alquimista que a través de su arte puede encontrar la piedra filosofal, logrando con ello transformar lo negativo en belleza, que se transmite a través de la emoción que el espectador experimenta, esa emoción que lo conmueve y que lo transforma de diversos modos.

Basquiat vs. Kalimán                                                         Collage: Roberto González

O no acaso Emma Godoy tiene razón al decir “¿que el arte ya no dice nada, porque sencillamente el hombre ya no tiene nada qué decir?... y si el arte carece de significado, ¿será porque el hombre se ha vuelto insignificante?”... A los artistas nos asiste la obligación moral de prender la chispa que cada hombre lleva adentro y que se transforme en esperanza; salvar el arte está en la salvación del hombre, o, si se quiere mejor, la salvación del hombre está en el arte, cuando éste es sublime.

Para concluir, manifiesto categóricamente mi protesta formal ante el cauce que están siguiendo estas llamadas “tendencias vanguardistas, o conceptuales, o alternativas, o arte póvera, cómo deseen nombrarlas, que bien pueden nombrarse pos-dadaísmo –sería más honesto- por ser continuación de los mismos refritos que se hicieron hace ya un siglo.

Por consiguiente, es mi deseo tomar la misma actitud bufona de los dadaístas pretéritos, el mismo modelo infantil de su designación, para bautizar a estas neo-corrientes, con el nombre de la principal acción que realiza el bebé para alimentar su inocente existencia: “LAS MAMADAS”, término que también significa borrachera, o la ventaja conseguida a poca costa por el gandaya.

Para concluir: Siendo las 20:30 horas del día 29 de septiembre de 2009, en la Ciudad de Matamoros, Tamaulipas, con el poder que me ha conferido KALIMÁN, declaro solemnemente mi propuesta para que, de hoy en adelante, todas las aberraciones artísticas que les parezcan: banales, vulgares, repugnantes, o que no les digan nada porque nada son,

RECIBAN EL SEUDO EPÍTETO DE:

                                                                MAMAD - ART 






Publicado el 24 de octubre de 2009





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