Es imposiblecaminar junto a David Celestinos, apenas da un par de pasos y los amatecos lo detienen, lo abordan, estrechan su mano y y otros más le piden una foto. Avanza otro poco y los huapangueros lo abrazan, lo felicitan. El recibe serenamente las muestras de afecto. El trovador maderense Jorge Morenos en su característica efusividad, salta de la mesa de un puesto de comida para saludarlo: "¡Don David Celestinos, artífice de todo este...! ehm..." "De todo este relajo", remata Celestinos.
Celestinos va saliendo del auditorio municipal,donde acaba de concluir la ceremonia de inauguración del XX Festival de Huapango de Amatlán, Veracruz. Ahí también se hizo entrega de la presea "Sol poniente", el máximo reconocimiento que un huapanguero o un promotor cultural puede recibir en la Huasteca, así fue concebido por Celestinos, quien hace veinte años impulsó la creación, no sólo de estos homenajes, sino de esta festividad en la comunidad veracruzana.
Sin embargo, y a pesar de llegar ya a las dos décadas de realización, el resultado no lo deja muy satisfecho. Especialmente por uno de los homenajeados este año: Fidel Herrera, actual gobernador de Veracruz, quien apoyó monetariamente esta edición del festival.
"Los organizadores le entregan la presea al gobernador porque dio 100 mil pesos para los gastos. Entonces ¿ése el precio de toda una vida entregada al huapango? ¿eso es lo que vale el homenaje? Si es así, todos aquellos a los que se le entregó y ya murieron deberían resucitar de sus fosas y devolver la presea. Una cosa es el apoyo y otra una promoción continua, sin fines partidistas ni económicos".
Celestinos asegura que estas "desviaciones" se deben a que los organizadores han perdido la "mística original" con la que fue concebido el festival. Habla de una involución en el festival al estarse "mercantilizando y politazando".
"Se están poniendo al servicio del gobernador en turno y todos sabemos que él quiere escalar y está utilizando la fiesta de huapango como escalón; aplastando a todos, no solo a Amatlán sino a las seis huastecas".
Celestinos mantiene una estrecha relación con Amatlán, hay murales pintados por él en los principales edificios de la comunidad. Nació en Tampico aunque asegura que Amatlán fue su segunda cuna. Su padre nació en Tancoco pero residió mucho tiempo en Amatlán. "Veníamos mucho de niños, aquí aprendí a amar la tierra".
Celestinos eligió esta comunidad para realizar la primer Fiesta del Huapango, con el fin de reforzar las expresiones tradicionales entre la población de la Huasteca. Fundó el Patronato Pro Huapango y Cultura Huasteca que a la fecha, con otros directivos, se ha encargado de la realización de este evento. Su objetivo ha sido el de rescatar el huapango por todos los medios lícitos posibles además de revalorizar las tradiciones huastecas, la lengua, el entorno y la ecología.
"Yo lo hice todo, y los veinte años han sido como trepar descalzo un cerro tapizado de espinas. Traje esta fiesta aquí para hacer de Amatlán un centro cultural huasteco, y el huapango se rescató y se desbordó, ya hay huapango en todas las zonas huastecas, en el centro de México y hasta en el extranjero".
Además de su trayectoria como artista plástico y promotor cultural, Celestinos es cineasta y su trabajo como documentalista lo llevó a colaborar con el Instituto Nacional Indigenista tomando registro de la vida de diversas comunidad de todo el país. "Todo ese contacto con los pueblos marginados, avasallados por el mundo moderno, me trajo de vuelta a Amatlán, para fortalecer la identidad y el orgullo de una cultura".
Celestinos señala que aún quedan cosas pendientes por trabajar: "Nos ha faltado impulsar las danzas ceremoniales y hacer estudios y hacer literatura, hacer difusión, y casi inmediatamente de eso recuperar la lengua huasteca, se está desapareciendo, ya los hablantes son muy pocos, no hay razón, ninguna, para que una lengua autóctona desaparezca, los pretextos consabidos de la modernidad son falsos".
-Entonces ¿le ve larga vida a la fiesta?
-Al huapango sí, es parte de nuestra sangre, hasta que se muera el último huasteco se acabará el huapango. Está incrustado en nosotros, es una cosa sagrada, está dentro de nuestro contexto emocional, quien haya nacido en estas tierras lo entiende.
-Pero ¿y la fiesta...?
-Los tiempos cambian y empiezan a introducirse valores utilitarios y se pierde la mística, se pierde el compromiso, se vuelve interés de grupo o personas, y entonces se desaparece, pero los pueblos son más grandes que esos políticos efímeros.