Rodrigo Navarro
Todo se acaba: la despensa, el dinero, la ropa limpia, el piso bajo mis pasos, la serenidad del espacio interrumpido. Ya escasea la luz que beben las lámparas y el ruido de los electrodomésticos (los que tengo y los que no podré tener).
Y cuando besamos, se acaba el beso y el deseo, si conseguimos. Frente al espejo, el de ayer se acaba.
Todo ha sido etiquetado en negativo para una suma interminable.
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