Entrenamiento Actoral. (Reflexiones sobre la visión del entrenamiento como forma de vida de los actores)(4ª parte)
“A” era una chica bastante talentosa e inteligente (por favor, no me pida su nombre verdadero, trate de ser discreto);tomaba la clase de “construcción de personaje” conmigo cuando yo trabajaba en la ENAT. Cuando analizaba un texto su sola intuición la llevaba a entender casi todas las motivaciones del personaje, resolvía “aceptablemente” la partitura del personaje, le gustaba leer, pero era rezongona como ella sola y ODIABA hacer entrenamiento físico. Nunca pudo pararse de cabeza y continuamente buscaba pretextos para no tener que saltar o correr. Iba al consultorio a que le checaran la presión antes del inicio de mi clase, que curiosamente, siempre empezaba con la parte de entrenamiento físico. A pesar de sus justificantes médicos, y después de un pleitazo con la dirección y sobretodo con el dolor de mi corazón, la tuve que correr. Berreando a moco tendido me decía :
-¿Para qué fregados me va a servir pararme de cabeza, o saltar como canguro, si yo quiero hacer textos clásicos?-
¡Ay, pobre!
Pero es un caso común. ¿Para qué sirve el entrenamiento? Es una pregunta que casi todos los alumnos-aspirantes a actor se plantean. También nos la planteamos muchas veces los egresados de las escuelas que “forman actores”. Eugenio Barba (se lo presenté en la tercera parte ¿se acuerda?) al hablar sobre el cuerpo “colonizado” dice que nuestro cuerpo es el resultado de una cultura, es un cuerpo que, al haber sido culturizado y colonizado sólo conoce los usos para los que ha sido educado. El entrenamiento representa esa “segunda colonización”.
Los seres humanos no estamos acostumbrados a potencializar todas nuestras cualidades físicas y psicológicas; no ocurre lo mismo con los animales salvajes. Los cachorros de tigre, por ejemplo, durante su primer etapa de desarrollo, juegan a enrrollarse, soltarse, alcanzarse, morderse y volver a empezar. Sin saberlo viven una fase de entrenamiento que, llegado el momento de cazar a una presa o enfrentarse a una situación de peligro, pondrá en marcha los “conocimientos adquiridos”. Ellos se enfrentarán gran parte de su vida a este tipo de situaciones (huída ante el peligro, la caza de otro animal, la lucha por el territorio, etc.), los seres humanos no, pues casi siempre estamos imbuídos dentro del factor cotidiano, y no es eso lo que el teatro requiere: el teatro habla de los momentos extraordinarios de la existencia humana. El entrenamiento nos ayuda a reeducar nuestro cuerpo y mente, alejándonos del proceder cotidiano y guiándonos hacia el comportamiento extracotidiano que requiere la escena. A través del entrenamiento, el actor pone a prueba su capacidad, se entrega a una autodiscilplina diaria, personaliza su trabajo, experimenta el factor de cambio.
“…El training no enseña a ser actor…el training es un encuentro con la realidad que se ha elegido: cualquier cosa que hagas, hazla con todo tu ser…parece ser una frase fácil y retórica. Cualquiera la puede repetir, pero en realidad sólo hay una posibilidad: vivirla; es decir, concretarla cotidianamente en acciones, y el training nos lo recuerda…” (1)
Si bien es cierto que el entrenamiento debe ser personal, pues sólo así se logrará una verdadera investigación sobre sí mismo, también es cierto que para llegar juntos al objetivo común (la puesta en escena) es necesario un periodo de conocimiento de las personas con las que se está trabajando y cuál es su relación orgánica con el tema que se está tocando. Por esto, el entrenamiento debe realizarse en una primera etapa de manera conjunta, tratando de que el participante asimile y enuncie en primera persona “todos los otros son un estímulo para mí” y al mismo tiempo desarrolle la capacidad de saber su incidencia directa como un estímulo y un efecto sobre los compañeros y sobre el ambiente. De esta manera se intenta que el participante (alumno, actor, o lo que sea), además de reforzar una cultura grupal, explore sobre el fenómeno de la relación escénica.
Continuará… Y ya sabe que si no tiene el libro, se lo presto.
(1).- BARBA, Eugenio, Teatro. Soledad, oficio, rebeldía; pag.88
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