Jan 2, 2007 I
No
recuerdo exactamente la fecha en la que falleció mi tío, pero ese
Septiembre cumplía dos años de haber llegado a vivir con nosotros por
causa de su ceguera, esperando que con los cuidados de la familia de la
que tanto renegó y los contactos de mi papá, pudiera recobrarla.
Después de dos médicos, varios viajes a Cd. Victoria, una cirugía de
retina y otra mas para retirarle una catarata, perdió la vista por
completo. Tiempo
después mi hermana y yo lo encontramos una noche tirado en el piso
sobre un charco de sangre; pensamos que se había caído y golpeado la
cabeza. Al poco rato descubrimos que en realidad era sangre que vomitó.
Una ulcera gástrica seguramente, pensó mi papá. Un tumor señalaron los
estudios. Una semana. Eso fue lo que el tumor le otorgó para
despedirse. Los médicos no lograron detener el sangrado y murió la
madrugada del día que sería operado. Dos
meses después acompañe a mamá a liquidar el pago por los servicios
funerarios. Y fue así que me lo topé. Conocí a Alejandro en la
secundaria, era un adolescente con un comportamiento inusual. No puedo
decir que era tímido, sino mas bien aislado por miedo a ser objeto de
burlas y crueldades de los típicos maleantes adolescentes que toda
secundaria tiene. Posteriormente coincidimos en la preparatoria un año
y su comportamiento era mas o menos el mismo. Algunos años después
volvimos a coincidir cuando se cambio de la universidad pública a una
privada donde yo estudiaba psicología. El se inscribió en medicina. Lo
veía con mucho menos frecuencia, pero creo que su conducta era la
misma. Cuando terminamos nuestros estudios no volvimos a vernos. Hasta
ese día Cuando
me vio aproximarme a la puerta de la funeraria, pareció que había
salido a recibirme. Noté sus ojos hinchados de llorar y el cansancio
habitual de los funerales. -¿Qué pasó? -Falleció mi papá Me
quede callado unos momentos sin saber que decirle, finalmente logre
articular las bien conocidas, pero necesarias frases que se escuchan en
estos casos. -No me digas eso, mi más sentido pésame - dije mientras lo abrazaba -Gracias -Realmente
no estaba enterado, vine con mi mamá a hacer una liquidación porque
hace poco falleció un tío y te vengo encontrando. Empezó
a contarme lo que había ocurrido con su padre, las semanas de
enfermedad y dolencia y los últimos días en casa. Realmente lo veía
mal. Era no solo el hecho de la tristeza, evidentemente se sentía solo.
Yo tenía que regresar a dejar a mamá en casa y finalizar otros
pendientes. Pero le aseguré que regresaría mas tarde y que lo
acompañaría en el entierro de su padre. Me dijo que no me preocupara,
que con el hecho de haberme visto se sentía un poco mejor. Aun así lo
hice. Trate también de localizar a algunos compañeros de la secundaria
y solo logré encontrar a dos y les sugerí que fueran a acompañarlo.
Nunca llegaron. Recuerdo que en el cementerio los sepultureros tuvieron
problemas para colocar las placas de cemento que van justo encima del
ataúd, lo que provocó que tuvieran que romper con martillo una de las
orillas de dos de esas placas, alargando innecesariamente el ritual.
Era como si se negara al entierro. Al terminar todo el proceso, en
medio del frió y la lluvia, nos despedimos e intercambiamos teléfonos
acordando que nos llamaríamos. No lo hicimos. Poco tiempo después yo
emigré para realizar mis estudios de postgrado y no volví a saber de él.
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II En
el funeral de mi padre, ya tarde, cerca de la 1 por la madrugada, todos
se habían ido. Solo algunos miembros de la familia quedábamos. Poco a
poco fueron quedándose dormidos en los muebles de la sala funeraria. De
pronto solo yo estaba despierto, frente a la caja mortuoria, viendo a
mi padre muerto. Súbitamente me invadió un insoportable sentimiento de
soledad que hacia mucho no sentía, puse mis manos entre mis cabellos y
coloque mi cabeza sobre el ataúd y comencé a llorar. Sentí la presencia
de alguien a mis espaldas pero lo ignore y seguí llorando. Ya mas
tranquilo me di vuelta y efectivamente estaba alguien. Era Alejandro,
que hacia 20 años no sabia de él, justamente el día que enterraron a su
padre. Me
sorprendió mucho verlo. Era prácticamente el mismo, solo un par de
arrugas en la frente y una barriga un poco más grande. Hizo un gesto
que parecía ser una sonrisa, pero como era su costumbre, no podía
mantener la mirada mucho tiempo. Solamente balbuceo mi nombre y nos
dimos un abrazo. Hablamos,
me contó que había decidido venir a esa hora porque al día siguiente
tendría que partir fuera de la ciudad a atender asuntos de trabajo.
Tenía cierta angustia de encontrarme dormido o no ver a nadie, pero ahí
estaba yo, en el peor momento de la soledad. Me explicó que se enteró
porque vio la esquela en el periódico -Tu nombre no es muy común, y tu
apellido aun mas, estaba seguro que era tu padre- Platicamos un buen
rato y por un momento no me sentí tan solo. Se fue cerca de las 3, y al
igual que 20 años antes, quedamos en llamarnos, y al igual que 20 años
antes no lo hicimos y no volvimos a vernos. III No
puedo evitar sentirme realmente mal al ver la esquela en el periódico.
Desconozco la causa de su fallecimiento, no conocí nunca a su esposa,
mucho menos a sus hijos, ni siquiera cuando lo acompañe en el funeral
de su padre me acerque a su familia. Así que no se con quien debo
dirigirme para dar el pésame. No se si tiene algún sentido que asista
al funeral. Aun así, lo hago. Solo
reconozco algunos rostros, con los que nunca tuve trato directo; son,
digamos, viejos desconocidos. Son pocos. Gente que estudio con el
durante la universidad. Reconozco perfectamente a uno, de quien no se
su nombre, pero lo identifico por su tremendo sobrepeso que ya tenía
desde aquella época, y porque escucho que alguien se dirige a el como
“doctor”. Esta desde luego su familia. No me queda otra opción que
presentarme con su esposa. Le explico brevemente la relación con él, y
me agradece que asista, aunque no logra disimular su rostro, un gesto
de extrañeza. Le beso la mejilla, coloco un arreglo floral y me retiro. Dios ¿Quién ira a estar en mi funeral? ¿Quién
lo fuera a decir? Alguna vez escuche decir que los amigos son aquellos
que llegan cuando ya todos se han ido. Y eso me ocurrió con el en una
ocasión. Y creo que a el le paso algo similar conmigo cuando falleció
su padre. Es una relación inusual. Se evidenció únicamente en tres
momentos completamente alejados en el tiempo, pero que encerraban la
misma complejidad y dolor. ¿Debo llamarle amigo?
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