Affair Cultural
Voy Potosí Voy
Nolli Di Constanzo Salazar



Voy Potosí voy,
…voy, potosí voy, seguro que sí voy… (8)
                Rola de La Vela Puerca


De nuevo salimos para alejarnos de las actividades rutinarias y un poco de la contaminación que ya se deja sentir, en nuestra pujante mancha urbana.  El duende delante y las mochilas atrás, el ride señaló al sureste y nos fuimos a Cd. Valles, San Luis Potosí. 

En el camino la charla recordaba los antiguos pueblos que habitaron este territorio ahora potosino; cuando formó parte de la región de Aridoamérica, cuando los pueblos que la habitaban compartieron la cultura Maya.  Comenté que fue en el período preclásico cuando empiezan a identificarse rastros de la cultura Huasteca, mientras que en la actualidad permanecen algunos grupos Tenek y Nahuatl.

A la llegada a Valles, asistimos a una oficina de turismo que se encuentra en pleno centro de la ciudad. Ahí obtuvimos varios trípticos con información impresa sobre los servicios y mapas de ubicación de los sitios ecoturísticos, de nuestro particular interés.  Esta zona es el auténtico paraíso para un turista alternativo que gusta de la convivencia con la naturaleza y las actividades como el senderismo por cascadas, la exploración de cuevas, el ciclismo de montaña, rafting, kayak y natación en ríos



Mientras decidíamos el  rumbo nos dirigimos al
mercadito  donde se suelen encontrar los platillos típicos de cada lugar.  Con un poco de cecina, zacahuil, enchiladas potosinas y un pedacito de ate de ciruela, recargamos pila para emprender el camino y hasta llevamos itacate.  Cuando pasamos a rellenar nuestras botellas con agua de jobito, nos platicaba la chava que la Feria de Valles se celebra de Marzo a Abril, invitándonos a regresar para esas fechas ya que también se celebra un Congreso de Turismo de Aventura, mira…

De la central tomamos el camión de segunda al Río Valles, nuestro primer círculo en el mapa.  En una lancha de remos, recorrimos la zona central de este río que desagua en el Pánuco; sus aguas son muy tranquilas y tienen un tono esmeralda a la luz del sol.  La vegetación nos enseñaba líquenes, palos de rosa y algunos frutales como la papaya, el mamey, plátanos y chico zapotes.  Durante el recorrido escuchamos una enorme variedad de cantos de aves y pericos, al bajar tomamos fotos y trepamos a los árboles. 

Sobre la carretera paramos nuestro siguiente camión hacia el este, el clima se transformaba casi imperceptiblemente haciéndose más húmedo y cálido.  Según nuestra información el  verano en la zona es caliente, con una temperatura entre los 22 y 24º C., y una significativa temporada de lluvias, pero muy excepcionalmente frío. 

Estando a 18 kilómetros de Valles, bajamos en la carretera e iniciamos nuestra caminata por dos kilómetros más, hacia la cascada de Micos.  El camino recorrido a pie siempre tiene sus propios encantos como encontrase con el vuelo de algún halcón peregrino del altiplano, escuchar el canto de las aves, atravesar con las ardillas o ver correr un conejo a nuestro paso.



La cascada de Micos es una extraordinaria caída que presenta varios declives, por los que fluye el agua como acariciando y dando forma a sus rocas.  Recibe su nombre, ya que hasta hace algunos años fue hábitat de un enorme número de monos araña. 

El río Micos llega con una gran fuerza que refleja en su estruendo, mismo que memorizábamos durante todo el sendero de subida hacia la cima de la cascada.  La vista que puede tenerse desde este lugar es un espectáculo incomparable que descansa la mirada, la mente y el espíritu.
       
Los ejidatarios de Micos ofrecen servicios de paseo y pesca en lancha,  afirman que es posible capturar bagre, carpa y acamayas practicando esta actividad.  El lugar cuenta con instalaciones básicas para los visitantes, como servicio de baños y espacios para acampar o tener un día de campo.  Pero sin duda alguna, la mejor atención se recibe cuando uno se da un buen baño en las pozas color turquesa que se forman al final de las cascadas. 

Mientras el sol comenzaba a apresurar su descenso, nosotros reunimos nuestras cosas para regresar a la carretera y dirigirnos esta vez hacia Tamasopo, lugar en donde asentaríamos el campamento.  Totalmente de noche, accedimos con facilidad al área de atención turística sumamente bien organizada con que cuenta la cascada de Tamasopo.  Lo que urgía en ese momento era un espacio para acampar mismo que obtuvimos pagando 35 pesos por cabeza.  Con dificultad y ayuda de la lámpara fue posible finalmente parar la campaña, muy cerca encontramos leña suficiente para encender una fogata y ponernos a platicar como nos gusta, mirando las estrellas.  



Al día siguiente, el camino a los baños nos mostró todos los servicios a nuestra disponibilidad, puentes colgantes sobre las pequeñas corrientes del río, bancas y senderos limpios para caminar, espacios con juegos infantiles, tienda de comida, de trajes de baño y otros artículos para nadar, incluso tienda de recuerditos y un restaurant.  Sin embargo, en nuestro caso la infraestructura turística no sedujo lo suficiente como para retardar nuestro recorrido sendero arriba de la cascada, armamos la pequeña mochila con un desayuno y comenzamos a subir. 

Las pisadas de tantos visitantes han dejado marcados en la primera sección algunos escalones de piedra y lodo.  Durante el recorrido la subida es casi siempre de unos cuarenta y cinco grados, y cuando se empina un poco más, uno puede ayudarse de raíces o rocas para avanzar.   El sendero nos llevó por miradores naturales desde donde se apreciaban cercanos distintos segmentos de la caída, distintas alturas, distintos sonidos, distintas formas y distintos ángulos.  Por momentos hay que caminar sobre algún tronco para atravesar la corriente o, pasar por dentro de pequeñas cuevas de roca para continuar el camino arriba.  



Tamasopo, en huasteco Tamasotpe, es un conjunto de  3  cascadas en donde la caída más alta alcanza los 20 metros, es impresionante observarlas desde arriba apreciando la fuerza con que cae el agua, y cava ruidosamente la quietud de las pozas en su punto final.  Después de la caminata de regreso, con el avance del sol a su punto máximo, nos complacimos con un baño en la especie de playitas que se forman por el empuje de las aguas que moldea las rocas, en donde también hay algunas salientes desde las cuales más de uno muestra sus mejores clavados.   

Luego de otra noche al arrullo de las cascadas, a la mañana siguiente emprendimos el regreso reflexionando que de nuestras escapatorias de fin de semana largo aquella nos recargaba de una energía particular, la energía efectiva que engendran las caídas de agua, que irradian y que salpican a quien las visita y se baña en ellas.  Conquistados por la Huasteca potosina mantenemos algunos círculos rojos marcados en el mapa para la próxima estancia, algo como las zonas arqueológicas, los sótanos como el de las Golondrinas, los ríos rápidos y …seguro que sí voy.




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