Feb 6, 2007
GOLIAT
A thinking woman sleeps with monsters Adrienne Rich
Mi madre sueña con monstruos, en ellos se mira como en un espejo para ver lo indecible. En sus sueños es una mujer que ha olvidado su nombre y no recuerda el camino de regreso a casa, una mujer bajo el inhóspito sudario de la duda: una moneda que cae en el vacío. En la azotea de sus noches, mientras duerme, mi madre es una tenue sombra, un escorzo bajo la lluvia: un paraguas invisible.
Cuando se despierta, luego de encender su habitual cigarrillo, mi madre nos cuenta lo que le ha ocurrido en sus sueños, todos la escuchamos en silencio, como si de oírla con suma cautela dependiera que lo soñado tuviese más peso, más consistencia, como si pudiéramos convertir en realidad los hechos que ella narra con palabras ajenas que va desdoblando una y otra vez, con gestos y miradas que no le pertenecen. Nadie osa interrumpirla, aunque haya escenas o efigies que no sean muy nítidas, por momentos su voz es un delgado hilo que puede tocarse con lentitud y por el cual escalamos hasta su memoria, hasta calles y ciudades desconocidas que sólo tienen cuerpo y existencia a través de su garganta.
Por eso cuando de madrugada me pongo en pie para ir al baño o porque las agujas del insomnio se encajan en mis sienes, no puedo evitar acercarme a su recámara y abrir la puerta. Entro tratando de no hacer ruido, de no despertarla por ningún motivo. Ella está siempre ahí, con sus párpados cerrados y su respiración pausada, con todos esos extraños rostros e indescriptibles fauces detrás de sus ojos, en esa larga y solitaria cama que resulta un laberinto demasiado grande para ella.
A veces, cuando mi madre nos cuenta sus sueños, como súbitos e inadvertidos lapsus linguae, se entremezclan en sus frases palabras forasteras de un idioma incomprensible, pero ninguno de nosotros le preguntamos por su significado, porque aunque ella jamás nos lo dirá, sabemos que se trata del turbio, del derrocado lenguaje de los monstruos.
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