Literatura
Tokio Bamboo
Ivan Odín García



 Feb 10, 2007   

"Tokyo Bamboo"



Tokio es una ciudad muy extraña, al menos para
los occidentales, y aún mas para un naco luchador como lo soy yo, que no había pasado de luchar en la arena Naucalpan, un día que decidí probar fortuna y buscar chamba me animé a irme de mojado, pero pos no al otro lado, bueno sí, al otro lado pero del mundo, un amigo mío que ya tenía experiencia en los viajes al Japón me dijo como estaba todo el biznes, me dijo consíguete una mascara original de un luchador más o menos reconocido y con eso te la rifas en la tierra del sushi, eso si llévate tus chiles verdes porque los vas a extrañar. Pues con una lanita que tenía guardada para casarme con la Rosita emprendí mi viaje hacia el oriente prometiéndole ganar muchos dólares, pa’ poder casarnos como dios manda. El día que le dí la noticia Rosita chilló mas de una hora a moco tendido, pobrecita me quiere un chingo.

Al llegar al aeropuerto de Narita, me topé con una chala que hablaba español y la muy idiota me pregunta ¿tu no eres de aquí verdad?, y yo ¡ah no mames! que observadores me salieron los ojos de rendija, no mamacita, no soy de aquí. ¡Que! ¿se me nota mucho?, ¿es por mi cara de Dios azteca que me cargo o por mi playera de la selección nacional que te diste cuenta?. Eso de que los japoneses son muy inteligentes me estaba pareciendo un cuento chino, pero al menos esta bien sabrosa la mendiga, seguimos platicando y resulto que rentaba un cuarto a turistas, ah pos que chido pensé yo, para suerte mía lo rentaba barato, todo parecía ir de maravilla, así al vivir con ella iba a tener mas oportunidad de conocerla y pues quien quite y hasta algo se daba entre nosotros, un intercambio multicultural o ¿que tal un intercambio de fluidos?, la verdad ese intercambio me latía más.

Al pasar los días conseguí lo que sería mi primera y ultima lucha en el país del sol naciente, ah que fregón me sentí al decir eso, me sentí casi que como el Dr. Alfonso Morales, en una de sus transmisiones sabatinas de lucha. Como decía, mi primera y última lucha ya que un maldito luchador japonés me fracturo la rodilla, pinché lugar extraño, ¿pos que los pinches japoneses no saben que la lucha es de a mentis?, valiendo madre y llamando al Santo, pues me tuve que regresar a México a recuperarme y pues a cumplirle a la Rosita, ¡pinché Rosita me quiere un chingo!, pero antes de regresar a mi patria me merendé a la japonesita, por cierto se llamaba Ai, “ai no mames”, como diría capulina “a pa’ nombrecito”. Por fin iba a despejar la duda que tenía acerca de los órganos sexuales de las mujeres orientales, bien recuerdo que de niño mi abuelo me decía que las chinas tenían la Vagina horizontal en vez de tenerla vertical como las de mi pueblo. Al desvestir a mi oyuki personal, me di cuenta de que no era cierto y que también la tenían vertical, claro que cuando ví su cuerpecito amarillo en muy buena forma por cierto todo lo demás me valió madres.




Me desperté como a las 8 de la mañana y Ai, ya estaba de pie y había preparado café, ese mismo día me regresaba a México y la culpa me invadió, Rosita tan lejos y queriéndome un chingo y yo gozándola con la japonesa, así que decidí llevarle un recuerdito de Japón (como si esto aligerara mi culpa), al terminar mi desayuno caminé unas cuantas cuadras y encontré un mercadito japonés, al ir caminando por los puestos ví muchas cosas que me llamaron la atención pero de las cuales no sabía absolutamente nada ni que eran ni pa que servían, al final del mercadito estaba una anciana que vendía flores, plantas, y árboles enanos, algo muy típico de Japón, al revisar su mercancía me dí cuenta de que vendía una planta en una pequeña base de cristal, y tenía una tarjetita en inglés que decía Lucky Bamboo, y me acorde de las pocas palabras de inglés que había aprendido en la secundaria, Lucky pensé yo tiene algo que ver con la suerte y pues bamboo supuse que tenía que ver pues con un bambú. Así que la compre pa ver si nos traía suerte a mi y a mi Rosita ( ¡ah pinche Rosita me quiere un chingo!).

Ahí como dios me dio a entender le dije a la anciana que quería uno, saque mi dinero, y pague lo que costaba la plantita chistosa esa, por cierto que lugar tan extraño, las monedas japonesas tienen hoyos, ¿pa que? -¿Quién sabe?, pero tienen hoyos.

Esa misma noche salí para México, con una rodilla fracturada, una experiencia sexual interracial, muy poco dinero, un bambú de la suerte, y con muchas ganas de ver a Rosita.

Después de 35 horas de viaje, cambios de horario y demás por fin llegue a suelo mexicano, hasta ganas me daban de chillar cuando iba llegando al aeropuerto de la ciudad de México, la mera verdad si chille ¿y que? Ni lo grandote, ni lo rudo me quita lo sentimental. Que me viera mi maestro de lucha libre “el Satánico” me madrea por chillón.



Lo primero que hice fue tragarme unos tacos de suadero con harta salsita verde y mi coca de dieta, eso sí sin cebolla porque tenía que ver a mi Rosita, y ni modo de llegar a darle un beso con el cebollazo bien puesto. Ora si a ver a mi vieja, al llegar a su casa lo primerito que hice fue acordarme del bambú que le había traído lo revisé para ver si todo estaba en orden, y al revisarlo bien me dí cuenta de que un insecto muy extraño y bastante feo se estaba tragando las raíces, ah no ni madres el bambú de mi Rosita nadie se lo traga cabrón así que agarre al insecto feo ese, lo tire al piso e intenté aplastarlo, digo intenté porque no le hizo ni cosquillas mi pisotón al insecto, pensé ¿será una cucaracha japonesa? Con eso de que las cucarachas pueden sobrevivir hasta guerras nucleares, pisotón tras pisotón la kukara (desde aquí en adelante le llamaremos así, ¿apoco el uso de la “k” no le da un toque mas japonés?) resistía estoica los embates de mi converse, hasta que pudo escapar la desgraciada.

Toqué la puerta y salió mi Rosita en ropa muy sexy, ajua supongo que ya me estaba esperando con los brazos abiertos, pero que yo recuerde no le había avisado, me sorprendió su cara de sorprendida, y me dijo ¿qué haces aquí Ramón?, a lo que raudo y veloz le contesté pues me cansé de viajar y regrese a verte mi amor, su cara de sorpresa no se le quitaba y del interior de su casa una voz gritaba ¡Rosita vente mamacita no me dejes todo prendido, si vas a calentar el agua métete a bañar!, inmediatamente reconocí la voz, era el pinche Filemón, no mames , la pinche Rosita me engañaba con Filemón el que vendía los refrescos en la arena, tire el bambú, entre a madrear al vendedor de chescos y pues con mi rodilla fracturada me puso una madriza bien gacha, a partir de ahí perdí mi honor de hombre y mi honor de luchador.

Después de que se enteraron de que un vendedor de refrescos me había madreado no conseguí chamba de luchador, aunque me pusiera diferentes mascaras, mi tatuaje de “TE AMO ROSITA” me delataba, ¡Pinche Rosita como me pudo hacer eso, ella que me quería un chingo!...


Mas sobre el autor                                        Opina en el foro

este es el alt
Literatura

¡Regresan los sábados por la noche!... en la biblioteca
Celebraron a la mujer mexicana en el Metro.
Oscura visión
Déjà vu a la inversa
Ya no te acuerdas de nada
Poemas para celebrar la vida. Entrevista con Maricruz Patiño
Suma
Cuentos que luchan. Entrevista con Dan Lee
Unas mañanitas para Poe
Premios nacionales (tampiqueños) de literatura, para dos chilangos
Expediente Alanís: Contabilidad Ontológica
Conspiracy theory
Expediente Alanís: CERTERO
El príncipe feliz
Antes del ciclón
Pacheco al encuentro
"El amante", una mirada al interior
Jubilación
Expediente Alanís: MANECILLAS
Internos del área de ginecología