Affair Cultural
LA RUTA DEL MARRANO: Comedor Doña Julia
Victor Zavala



LA RUTA DEL MARRANO

“Comedor Doña Julia”



Después de pensarle mucho, de andar dándole vueltas al asunto como los perros antes de echarse, y sobre todo, después de perderle el miedo a escribir (no se lo he perdido pero un trato es un trato, así que perdonarán los que si saben de esto), continuamos aquí lo que hace unos años comenzó en la calle con la Fer (una amiga) y el señor Camero (otro que seguro ya conocen) y pues la idea no era otra que recorrer lugares donde se comiera rico, barato y que fueran tesoros antiguos de la ciudad (llamaré así a la zona conurbada), claro, no se buscaba algo precisamente bajo en calorías, sino por el contrario buscábamos y seguimos buscando esa mezcla de aceite y masa perfectas (algo así como el santo grial), es lo que buscamos todos ¿no? darle placer a la pancita ¿o no?

Los lugares  de los que les platicaré son los que le dan sabor en serio a nuestra ciudad, franquicias van otras vienen y estos lugares siempre están ahí; no tienen anuncios luminosos (lo mas luminoso es casi siempre una virgen de  Guadalupe al fondo del local), no se anuncian en ningún medio, pero siempre están llenos y lo más importante, el servicio es el mejor; ahí les voy.


Imaginen el cuadro son las 2.00 a.m. un hambre atroz sales de trabajar o de algún antro, cansado, fastidiado, se te antojan unas ricas entomatadas o cualquier otra cosa, checas la bolsa del pantalón y ¡puta madre! nomás traes 30 varos, andas cerca de la central camionera,  pos órale ¡fácil!.  Justamente frente a la Central vas a ver una construcción blanca con arcos con ladrillos rojos, ese es justamente el “Paradero La Central”, ahí  tienes cuatro opciones “comedor Carmen”, “comedor Nuevo Manolo”, “comedor Doña Julia” y “comedor Fernanda”, escoge cualquiera, yo te recomiendo “Doña Julia”.

Ahí les va mi historia y la del señor Camero en este andar, la noche justa del día en que se venía una tromba impresionante y la ciudad iba a desaparecer bajo sus aguas  y como buenos tampiqueños nos "empanicamos" y corrimos a escondernos a nuestras casas, sin embargo el hambre es canija y seguimos el llamado del marrano y nos fuimos al paradero la central específicamente al comedor “Doña Julia” llamado así  en honor a su propietaria.

¿El lugar?: Un rectángulo de concreto con barra de azulejo blanco (bastante irregular por cierto), al fondo y a la vista una estufa de fierro, las paredes cubiertas de papel aluminio, un fregadero mínimo, vasos de todo tipo, platos igual, de todos colores, predominando el amarillo, al centro una columna que estorba para todo, pero que ha sido aprovechada para colocar “la carta” en dos pliegos de papel fosforescente color naranja y detalles en amarillo.

A la derecha una vitrina con el pan pal ´cafecito (las conchas riquísimas). Dentro del rectángulo un grupo de mujeres en mandiles amarillos, unas cocinan otras atienden, en el exterior nosotros, sentados en unos banquitos fijos alrededor del rectángulo, con un tubo ahogado al piso y con asientos de madera circulares también en color amarillo; al fondo atrás de la estufa y para todos los comedores un gran cuadro de la virgen de Guadalupe, con moños tricolores alrededor, aunque cada comedor tiene su propio santo, la guadalupana es pa’todos, pero por si algo sale mal pues sobre la barra y junto al pan vemos muchas ranitas de la buena suerte en una gran colección.


Todo se ve limpio, amontonado pero limpio. A donde voltees encontrarás una historia. El piso es de concreto, recién trapeado y para estar seguros de que todo está limpio, un anuncio en la pared al  lado izquierdo de la virgen (tal vez para dar mas confianza) que dice “Fumigaciones los miércoles 23:30”.

Los sartenes paséan del fuego al fregadero y regresan, no paran. Cucharas, una hielera de la coca, servilleteros, salseras, completan el lugar. Al entrar una muchacha me hacía señas y con voz bastante segura me invitaba a sentarme ofreciéndome lo mejor del  lugar, “hay mondongo...” compitiendo con las de otros comedores , sin embargo, yo estaba decidido por “Doña Julia” y llegué directo a la barra sin escuchar a las demás y sin mayor preámbulo pido mis entomatadas -¿con carne?-,  -no-, contesto.. -¿o prefiere pollito?, -no, gracias, solo las entomatadas de quesito porfa-, le digo -y de tomar un chocomilk bien frío. El señor Camero pide lo mismo pero con bistec y de tomar una clásica agüita de jamaica.

Mientras llega el pedido y el señor Camero toma fotos, no puedo dejar de oír las campanas de la central que anuncian las salidas de los camiones a todos lados, se me acerca un niño con los mocos salidos ofreciéndome un abanico de palma. Veo choferes de camión que tal vez  llegan o tal vez se van, pasajeros que antes de subirse al camión quieren irse bien cenaditos, personajes de todo tipo, y para completar la atmósfera,  siento el aire caliente de un abanico de techo y de otro abanico de pedestal que me da directo en la cara.  A los lados,  siguen las mujeres de cada comedor ofreciendo sus productos, mientras en la TV, puedes ver el dramonón barato: “destilando amor”.


Se mezclan olores, sensaciones y el hambre crece,
entonces busco la estufa y al fondo  las tortillas van tomando forma y caen suavecitas sobre el comal, no se a cuantos grados, ni las mujeres lo saben, pero están bien seguras que es la temperatura correcta y yo confío.  De pronto llega mi bebida, un vasote de chocomilk bien frío tal como lo pedí, me acercan la salsa, y los chiles en vinagre que me recomiendan como muy sabrosos (no lo dudo). Miro a la estufa y la tortilla calientita ya está bañada de salsa junto con otras tres y una mano mojada todavía después de haber lavado platos estruja el queso fresco y lo distribuye sobre la salsa y la tortilla, no me queda mas remedio que salivar y sorber el popote de mi chocomilk. Ahora veo como cae una cucharada de frijoles negros (que son para marranos según dicen los que comen bayos en el norte) sobre el plato aún humeantes,  y después de eso veo como casi flotando el plato se va  acercando a mi. En el camino una mano toma un tenedor y un cuchillo de un porta cubiertos azulito y me los entrega junto con mis entomatadas, el plato es una belleza, después llega otro plato igualito pero con un pedazote de carne de bistec, es el del señor Camero que ya dejó de tomar fotos y se entregará a la ingesta de su platillo. Veo mi tenedor que ha tenido miles de batallas y está dispuesto a tener una mas, lo tomo todavía mojado (recién lavado), le enderezo un diente y comienzo a comer. Mmmmm ....


Tortillas recién hechas, salsa roja calientita y unos exquisitos frijoles, ¿qué mas le puedes pedir a la vida? Pues sí, que no venga la tromba, pero ese es otro asunto.

En éste momento el tiempo se detiene y yo no paro de comer y bueh! ¿qué les digo de mi compañero de andanzas?
No solo entomatadas puedes encontrar aquí, sopes, migadas, carne con papas, bocoles, “exquisitos desayunos” (según dice un cartel) que incluyen jugo y  café, hígado, milanesas, huevos, menudo, mondongo, comida corrida,  lo que quieras solo pídelo, hasta tortas de la barda. Todo delicioso y con un sabor urbano incomparable, así que llégale, disfruta el lugar, siéntate en la barra y que todo se mueva a tu alrededor ¿qué puede pasar?...... Ahhhh se me olvidaba! La cuenta, lo mío $28.00, el señor Camero
$ 32.00
¿Qué tal? Vale la pena ¿no?
Bueno ahí me platican yo los dejo, nos vemos en la próxima parada de “La ruta del marrano”
Ya saben si hay comentarios pues solo escriban a:
vyckture@gmail.com

O invítenme a comer así se platica mas a gusto o ¿no?. Sarabay.


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