Fotografía
LA OBSESIONADA TERQUEDAD DE LOS CUERPOS DESNUDOS
Joaquín Peña Arana


 
May 21, 2007



Tunick en Caracas (2006) por Guillermo Amador




16 DE MAYO DEL 2007

Hay algo que puedo garantizar : sí hay belleza en miles de glúteos reunidos infinitamente,  vellos púbicos que se repiten en variaciones increíbles de tamaño y textura, penes que se olvidaron de señalar para declararse en una fraternal tregua.  Pero poder vivir la desnudez de manera plena y natural es una experiencia única.

     Lograrlo en el corazón de la patria es simplemente un privilegio.

      Spencer Tunick puede ser un loco, un gringo manipulador que utiliza a la gente para buscar notoriedad o un artista único con una propuesta descabelladamente audaz.  Pero, para mí, representó el móvil de una tentadora insinuación :  “te invito a que pagues tus propios gastos y corras riesgos para que vayas al Zócalo, te quites la ropa y poses para mí”.  

     Y fue lo que hice.

     Me daba miedo aventurarme a las calles de la madrugada defeña. Ese sentimiento  me parecía una tontería, ya había logrado lo más difícil, llegar a la Ciudad de México.  Hasta me parecía poca cosa que el hotel me chafeara la reservación para enviarme a una habitación de pasmosa austeridad. Mi otro temor era quedarme dormido y despertar a las siete de la mañana derrotado por la frustración. Así que no dormí, por más que lo intenté no pude.

A las cuatro de la mañana estuve listo para dejar el hotel y salir a la calle.  Me bastó recorrer apenas unos cuantos metros para llegar a la esquina de la calle Madero. De pronto todo mi miedo se disipó.  Ante mí había decenas que luego se convirtieron en cientos y finalmente miles caminando hacia nuestro objetivo en común.  De pronto me sentí alegre, seguro, protegido.  Ya no representó problema abandonarme al relajo de formarme, vacilar y alburear, acomodarme en el pavimento del primer cuadro del país y desafiar al sueño y el cansancio, máxime cuando Tunick apareció a eso de las seis y media de la mañana trepado en una escalera, con un traductor a su lado, agradeciéndonos el estar ahí y pidiéndonos nuestra cooperación para que todo saliera lo mejor posible.

Collage "Tunik en la Web"

Me han preguntado varias veces qué sentía antes de que nos pidieran quitarnos la ropa.  “Nada, solo me integré al ambiente”, “tenía mucho sueño pero procuraba mantenerme despierto”, “¿yo? estaba muy tranquilo”  y en serio lo estaba. La bronca empezó cuando a los diez minutos de que Tunick había hablado con nosotros se nos avisó por el sonido que el momento se acercaba.  Mi rostro inmediatamente se ruborizó, no me queda la menor duda. Sin querer volteé y mi vista se cruzó con la de otro hombre quien también estaba convertido en un tomate. Era irreversible, así que me fui preparando. Primero zapatos fuera, para acostumbrarse al pavimento. Después desabotonarme la camisa y las mangas. Mi suéter fue el tapete para depositar mis ataduras sociales.

Solo recuerdo que faltando más o menos quince minutos para las siete de la mañana Tunick contó ¡ONE, TWO, THREE!!!!!

La mirada en el suelo, así fue como lo resolví.  “Es como si estuvieras en el baño”, no lo dije ni lo pensé pero así fue como actué. Rápido y de un solo golpe : primero el pantalón, luego la camisa y la camiseta, los calcetines hechos bolita e insertados en cada zapato. Y mis calzoncillos como postre.

Cuando levanté la mirada ya no estaba solo. Me había fundido en las pieles que vestían la desnudez de miles de almas liberadas.  

Qué no hicimos. Gritamos, agitamos nuestros puños, coreamos ¡México…México…México…!  ¡Sí se pudo, sí se pudo,sí se pudo!  

Documental Tunick (2000) Dirigido por Arlene Donnelly Nelson


No pude evitar fisgonear a los demás en los puntos muertos mientras nos acomodaban en la plancha del Zócalo. La instrucción era sencilla : colocarse en un cuadro cada quien. Pero entre los miles que éramos y  el mal sonido que percibíamos los de atrás se perdían segundos muy valiosos. Las primeras fotos tenían que hacerse antes de la aparición de los rayos del sol.  En esos lapsos la mirada, sin querer, se mueve entre los cuerpos.  Vi tatuajes que coronaban glúteos;  penes de mil y un formas, tamaños y texturas; senos erectos, caídos, firmes como soldados o derrotados por el tiempo y las caricias acumuladas. Los pubis femeninos son bellos en conjunto, velludos o escasos, perfectamente triangulares o convertidos en archipiélagos que reinan en la dulzura sexual de sus poseedoras.

El cuerpo humano por sí mismo es maravilloso. Multiplicado por miles era como un oleaje con vida propia.  

A partir del momento en que nos desnudamos es cosa de minutos acostumbrarse.  La morbosidad se disuelve como el humo circundante de un cigarro.  Lo que domina son las miradas.  Nos empezamos a ver a los ojos, a escudriñar nuestros rostros y después a compartir la misma sensación de alegría, la mueca inesperada provocada por el frío, las parejas – jóvenes, cuarentones, ancianos – se llevan la invaluable experiencia de apreciar sus cuerpos como jamás podrán hacerlo en la alcoba.  Hombres, mujeres, gordos, flácidas, esqueléticos, chaparras, guapas, galanes, todos, todas, iguales. Todos, todas, hermanos y hermanas. Bendita nuestra desnudez.

No sé hasta qué punto fueron genuinos los gritos políticos que se escucharon. Yo grité ¡voto por voto, casilla por casilla! pero embriagado por el momento mas que por desear la súbita entronización presidencial del Peje. En cambio, me uní a los “culeros”, “pinches”, y demás saludos para quienes, mientras caminábamos por 20 de Noviembre, atisbaban desde algún lugar.Ya no me importaba sentirme apuntado por el camarógrafo de TV UNAM que nos seguía, completamente vestido.

Spencer Tunick en México


Sigo pensando que Tunick no debió separarnos de
esa forma pero en fin, no calculó el efecto que tendría el habernos ordenado a los hombres vestirnos para seguir fotografiando únicamente a las mujeres. No fue nada elegante, simplemente dijo, voz de traductor de por medio, “hombres muchas gracias, pueden vestirse”. Fue como una eyaculación precoz. De pronto, surgió el morbo.  Retornó desde el suelo adentrándose por cada uno de nuestros poros masculinos hasta brotar por nuestra mirada, insertarse en nuestros penes y regresarnos de una manera salvajemente injusta al estado anterior. Dejamos de ser iguales, ellas y nosotros.   

Fuera de ese mal sabor de boca, el tiempo ha dado la razón a quienes nos convocamos.  Abajo, a ras de piso,  no sabíamos si éramos siete mil o dieciocho mil. Y no nos importaba.  Tampoco sabernos observados desde las ventanas de los hoteles o por la prensa que, a la distancia, parecía un racimo de uvas mal acomodado en el techo del hotel Majestic.  Me han preguntado cuál fue el momento más importante para mí, el que más recuerdo. Hubo varios, pero atesoro el instante en que, de pronto, reparé tener a mi derecha la Catedral.  La observé a lo lejos, fijamente. Y me sentí bien. Agradecí a Dios.  

¿Ingresar a ella? Sí, sí lo hubiera hecho.

Esta noche vuelvo a observar la imagen que el espejo proyecta de mi cuerpo. Sigue estando blancuzco y  flácido, diría que hasta con unos kilos de más desde que estuve a las órdenes de Tunick.

La diferencia es que, esta ocasión, me reconozco por primera vez en mi vida.



Mandas tus comentarios y opiniones sobre este texto a  Joaquín Peña Arana: jrpa2001@gmail.com
    

    


este es el alt
Fotografía

La sexta entrega de Foco Rojo
Fotografía del miedo
Galería de imágenes: Festival Fotoseptiembre 2008
¿Qué onda con Fotoseptiembre 2008?
La Casa de la Ansiedad
Carnaval toda la vida
Una casa para reflejar ansiedad
Tepito ¡bravo el barrio!
Santa is coming to town
Manolo Barroso.Exposición Fotográfica.
IX FESTIVAL INTERNACIONAL TAMAULIPAS
Tampico ¿Atmósfera de vida?
Ensayando ser. De vuelta al pasado.
Melancolía Taciturna
Heterogénesis... Combustión Visual
Los jurados del Concurso Nacho López
Mas sobre : La mujer y la espera.
Las cartas viejas y olvidadas de CUITLAHUAC CORREA
La mujer y la foto.
¿Quién es Nacho López?