| Carlos Juárez |
|
 |
|
| “Música es música compadre, tu ¿qué tocas?, no que puro rock que acá, música es música, a ver échame dos tres rocanrolazos, bueno mira hay se puede acoplar esto pum pum y empiezo yo”
| Celso Piña - Interludio1
Casi todos conocimos al mágico místico digitador Celso Piña por el disco Barrio Bravo, en el cual logró que otros sonidos retozaran a ritmo de su acordeón, para así lograr el éxito con “otro” público y empezar a romper con el divisionismo musical.
| |
| “Lo que pasa es que aquí uno mismo se aparta de la música, eres colombiano hazte para allá, eres norteño hazte para allá vete con aquellos, eres roquero tu puro rock. Yo pienso que no debe de ser así, es música”
|
| Tal vez él fue quien dio pie a esa colombianización en los barrios de Monterrey y sus municipios aledaños, sembró el vallenato, cumbia y otros ritmos sabrosos, cadenciosos, caribeños colombianos, para que más tarde bandas de cualquier género mezclaran hasta encontrar la porción exacta de acordeón y sabor.
Al patriarca del Cerro de la Campana le pueden achacar que la cumbia es para nacos, que el vallenato lo tocan bien sólo los colombianos, que es motivo de que se junten los “vagos” en las esquinas a tomar, danzar y fumar, pero no de los balazos y los problemas de seguridad. ¿Qué, a poco fumar marihuana y escuchar a Celso Piña ha sido motivo de todos esos muertos?
| |
| Recuerdo aquella noche en Cumbre Tajín, cuando tocó el rebelde del acordeón y su Ronda Bogotá, todo era alegría, todos bailaban, se desbordaban los brazos, como desprendiéndose del cuerpo y creando su versión de la felicidad en el aire. Cual flautista de Hammelin, hizo que todos los cuerpos se pusieran en movimiento y se dispusieran a dejar los problemas atrás.
Cuando acabó, todo volvió a la normalidad, es cosa del acordeonista tan veloz que la felicidad, se escapa, como la vida.
|
|
 |
|
|
|