Literatura
Dos visiones sobre Juan José Amador |
| Roberto González |
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| Jun 19, 2007
Fallecido a principios del año 1995, el poeta y narrador Juan José Amador
tuvo una lacónica existencia, interrumpida abruptamente por el
padecimiento que menguó súbitamente su salud. El victorense normalista
y coordinador de talleres literarios dejó una considerable obra
poética, a la par de haber obtenido una buena cantidad de premios
literarios. También poseía un particular gusto de recitar su poesía así
como la de otros autores. A doce años de la desaparición del poeta,
editor, tallerista y obrero, Juan Jesús Aguilar y Arturo Castillo Alva
evocan desde su experiencia particular la figura y obra de Juan José
Amador.
“Juan José era un tipo luminoso”: Juan Jesús Aguilar
Participando
en el taller que Alejandro González Lugo impartía a finales de los años
ochenta en Ciudad Victoria, fue como el escritor Juan Jesús Aguilar se
relacionó con Juan José Amador. “Estaban Nohemí Sosa, Juan José
Amador, y otras gentes que lo hacían un poco más por culturizarse un
poco dentro de la literatura: dos, tres señoras que hacían más falta en
su casa pero ahí estaban”. Al término de estas sesiones, Aguilar
comenta que tenían acostumbrado a reunirse en la casa de Raúl González
Sierra un “excelente anfitrión” a continuar con la charla donde tenían
“bebida, comida, cine, charla y mujeres”. Siendo en estas reuniones
donde Aguilar se relacionó más con Amador por quien sintió una grata
afinidad. “Juan José era de los poco que habían leído a Saint-John
Perse. A mi me daba mucho gusto tener un interlocutor con el que podías
intercambiar barajitas. Se reía de las burlas que hacíamos pero siempre
evitó sumarle otra más; se carcajeaba y te dabas cuenta de que estaba
de acuerdo con esa visión caricaturesca que hacíamos de los personajes,
pero siempre fue muy reservado”. El ensayista y poeta tampiqueño
cuenta que de ratos, a Amador parecía ganarle la emoción y surgían sus
“rasgos” declamatorios (“Sin llegar a exagerar”, agrega). “La
declamación fue una especia de costumbre que afortunadamente se acabó.
Pero si tenía algunos arranques, pero pienso que eran más emociones que
impostaciones”.
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Era un tipo callado, siempre muy sonriente- agrega Aguilar- nosotros hemos sido tipos muy irónicos que parece que nos burlamos de la gente y sí nos burlamos de la gente y de nosotros mismos. Era modesto, algo le faltó en el sentido de no arrebatar la palabra, no para ser protagonista sino para aceptar lo que el piensa, lo que el siente, de la poesía, de los poetas que están a su alrededor, de la sociedad tamaulipeca, de sus gobernantes; era demasiado reservado, pero muy luminoso. En lo que respecta a su obra, Juan Jesús Aguilar considera que la poesía de Amador se encontraba en un momento de transición que la muerte le impidió despuntar. “En lo poético, Juan no alcanza ha encontrar propiamente su palabra, Debió tener malos consejeros de las letras que le han de haber propuesto quítale esto y pon lo otro, y ese otro identifica más al que sugiere. Es uno de los grandes problemas de los talleres en todo el mundo, quieren hacer clones. Juan estaba en una transición, pero creo yo que había una lucha interna con esa sociedad, una lucha interna con la muerte y otra lucha con su palabra, debe de haber sido angustioso”. Aguilar pone el trabajo de Amador en la novela La Casa en Llamas como uno de los puntos más alta de la carrera de Amador, al igual que los últimos libros de poesía que éste alcanzó a publicar. “A leer La Casa en Llamas pienso que hubiera tenido más perspectivas dentro de la narrativa, es una novela que nace de una experiencia familiar pero muy bien convertida en literatura. Sin embargo en la poesía está su mejor expresión, en sus últimos dos últimos libros habla un hombre que siente que ya está muerto y que nada más trata de ordenar las cosas que va a dejar; son un par de libros cabrones”. El poeta tampiqueño dice que la muerte de cualquier nos disminuye a todos. “Como en el poema de John Donne, no preguntes por quién doblan las campanas, están doblando por ti”. “Claro que te duele, y más cuando hay relación con el que ya es cadáver. Eso lo manifiestas en un texto, o en un artículo, o en una plática y sigues caminando porque no hay otra cosa que hacer”.
“Amador y yo nunca tuvimos puntos encontrados sobre nada”: Arturo Castillo Alva
Amador y yo nunca fuimos amigos, indica de manera tajante Arturo Castillo Alva en un texto dedicado a Juan José Amador. El narrador y poeta tampiqueño conoció al victorense a mediados de los ochenta en la casa de Guillermo Lavín. “No sé en que momento Amador me atrapó en el sofá y, mientras los demás continuaban charlando, él se soltó diciéndome de memoria sus poemas. Al principio me pareció sorprendente y hasta divertido, pero cuando ya iba en el décimo comencé a hartarme y a tratar de dar muestras de impaciencia que él no parecía advertir”. En el texto incluido en el libro “Los días perdidos (y otras pérdidas)”, Castillo Alva cuenta detalles del funeral de Amador y hace un repaso de los distintos encuentros que tuvo con el finado poeta mientras se encontraban trabajando en la antología poética de éste. (Los fragmentos reproducidos del texto son con autorización del autor, quien se negó a ser entrevistado argumentando que ya no tenía nada más que agregar acerca de Amador y prefirió que se recurriera al texto en cuestión. Fin del chisme cultural)
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| “Un atardecer nos fuimos los dos a un bar done él era conocido; estuvimos ahí más de tres horas. Amador bebió poco, con cautela; no hablamos de literatura –si acaso de su antología que estaba ya casi lista-, y sí cosas de la vida, como de un camión de mudanzas de la familia –así lo entendí- donde muy joven anduvo trabajando unos meses, y también de algunos recuerdos lejanos que conservaba de Tampico. Ese día estuvo contento. Todavía nos fuimos, otra noche, a un bar que él recomendó, y estuvimos cantando –éramos los únicos parroquianos- hasta la medianoche”. Castillo Alva señala que aun los diversos encuentros que tuvieron a lo largo diez años, en realidad no conoció del todo a Amador ni tuvo una gran relación con él. “Amador y yo nunca tuvimos puntos encontrados sobre nada ni siquiera cuando fuimos jurado en un concurso; tal vez porque nunca fuimos amigos o a lo mejor porque Juan José era realmente un hombre bueno. Esto no lo voy a saber jamás, como tampoco sabré que opinión llegó a tener sobre mí”. De igual manera, no procura hablar mucho de la obra de Amador, pero lamenta el hecho de que haya muerto tan joven imposibilitando conocer hasta dónde podría haber llegado en su carrera literaria. “Si es terrible morir, es doblemente terrible morir joven. Joven y con talento. Sobre todo para el que agoniza sabiendo que agoniza; el que es obligado a dejar lo que ama y lo que sueña”. A manera de colofón, Castillo Alva cuenta una anécdota ocurrida respecto a la muerte del victorense: “Muchos días después hice un chiste sobre la muerte de Juan José que no hizo ninguna gracia. Era un chiste violentísimo y cruel, y no era un chiste contra Amador, sino contra la muerte, la de él, la mía, la de todos. Salí de la oficina apenado y afuera me di cuenta de que todos esos días desde el fallecimiento de Juan José había estado cagándome de miedo”.
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| Bibliografía de Juan José Amador (1960-1995)
1) Noción de la noche/ Gob. del Edo. de Tamaulipas/ITCA, 1989 2) Pájaros de bruma en la noria / ISSSTE-Tamaulipas, 1990 3) Claros poemas en el viento 4) Los poemas de Angélica 5) El olvido arroja serpentinas 6) Tribales puentes 7) Poemas de las aves y los años (antología) / CECA-Tamaulipas, Nuevo Amanecer, 1997. 8) Casa de altas llamas (novela) / ITCA, Milenaria, 2000.
+Mail robertogonzalez9@hotmail.com +MySpace www.myspace.com/rjge
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