El mar no sólo es un medio de comunicación mercantil, es fuente inagotable de viajes mentales que en algunos casos se transforman en ritmo o canción. En la historia de la música, el mar es cómplice de muchas de las fusiones que se hicieron en los tiempos de post colonización de las tierras americanas.
La música europea y africana fueron las primeras en escucharse en Latinoamérica y el Caribe, por lo tanto, estas fueron las que se tomaron para la creación de nuevos ritmos, los resultados fueron variados pero la fusión que más se desarrolló y desarrolla en Latinoamérica es la afro-caribeña, la cual contiene varios géneros y que en su mayoría son ritmos conocidos en todo el mundo.
En las Grandes Antillas, los pies se mueven al ritmo de los tambores, la voz se deja llevar por el viento,el rasgueo acompaña y el sol escucha, observa y se enrojece de alegría.
Para los habitantes, el mar no fue significado de separación, si no de unión de luchas, de notas, de cantos. La gente recibió con las puertas abiertas las nuevas culturas, las hizo suyas, amasando y sirviendo nuevos ritmos y bailes, como la cumbia, mambo, jazz, salsa, bachata, bolero, danzón, merengue, son jarocho, son huasteco, chachachá, son cubano, samba, rumba, guaguancó y muchos más que después viajaron por el mismo sendero para que el circulo de fusiones siguiera y el mar no se aburriera con las mismas tonadas.
En los últimos tiempos los sonidos que dieron placer a los de mas allá o acá, han sido remplazados por el ritmo clónico del reguetón (hermano incomodo del reggae), pues los habitantes de la zona caribeña ahora son representados por este genero y la imagen del latino ha sido englobada en miles de Daddy yankee´s.
Yo no quiero ser un Daddy yankee mexicano, bueno al menos que tenga ese séquito de damas echándole gasolina a la rocola de los sonidos del ayer.