Teatro
Finaliza el XXVI CONCURSO DE TEATRO.
Dionisio Valderrama


  
Ya pasaban de las 9 PM cuando el pasado 30 de junio arribé a las instalaciones del Metro atraído, como un insecto noctámbulo,  por la resplandeciente insinuación de lo que auguraba ser un espectáculo interesante gestándose dentro de su estructura. Entré. El lobby estaba vació y a media luz, y  por un momento dudé que realmente algo estuviese ocurriendo en el edificio, mas después de empujar las puertas del vestíbulo del Teatro Experimental y, aún con escepticismo,  las de su sala,  pude ser participe de lo que ahí  ocurría…

En un principio no lo percibí como una puesta teatral. Era más como si estuviese irrumpiendo en algo íntimo, en un espectáculo que no me correspondía contemplar. El humo de cigarrillo en el aire y la corta asistencia absorta, mitad en el espectáculo y  mitad en sí mismos, me remontaba a una sala de cine porno o a un cabaret under donde las atracciones son fenómenos de circo y montajes insanos. Pero no era nada de eso. Después  de meditarlo un momento recordé haber tenido esa sensación con anterioridad, mientras veía cortometrajes en improvisadas salas semivacías durante un festival de cine que se viene realizando en Guanajuato desde hace varios años. Al comparar ambas situaciones comprendí que, lo que había sentido al entrar en el recinto, no era más que la alteración reglamentaria que sufre el organismo al introducirse en el halo circundante de un festival existiendo. El cuerpo humano es capaz de percibir el mínimo indicio de la rutina rompiéndose, y un festival es eso: una fractura en la rutina.
Así inició.

Concurso Estatal de Teatro “Maestro Rafael Solana”





Durante toda una semana se congregaron en Tampico compañías teatrales de todo el estado para participar en el tradicional concurso “Maestro Rafael Solana”, el cual es un esfuerzo del gobierno estatal para premiar e incentivar la realización de teatro en nuestra entidad. En esta vigésimo sexta edición se presentaron  37 montajes de todos los géneros, cifra record en está competición  (36 obras participantes y una -la del grupo de teatro anfitrión- exhibición), los cuales se dividieron en 2 categorías: Teatro Infantil y Teatro Abierto.  

Literalmente hubo de todo: todos los géneros, todas clases de audiencia, todo tipo de reacciones y una verdadera variedad de incidentes memorables (golpes accidentales en el escenario, El Improvisado - periodiquito del evento que mordía con dientes bastante afilados-, la directora de cultura del municipio llegando tarde a la inauguración, errores logísticos, disconformidad en la premiación, etc. ect.). Los grupos teatrales aportaron, como diría durante la premiación el  representante del  ITCA (Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes): “Sangre, sudor y energía” a raudales, y el publico respondió asistiendo con en cantidades bastante aceptables a las distintas presentaciones.  Sin embargo algo falto. Talento, dirían los más cínicos. Idea, buenos guiones,  calidad, dirán los escrupulosos menos escrupulosos. Lo cierto es que más allá del pedigree artístico, la gente se divirtió, disfrutando principalmente de las comedías voluntarias e involuntarias que se desarrollaronsobre el escenario.


Las grandes ganadoras del festival fueron las obras “La vida boca arriba” (Premio a Mejor Actor Masculino,  reconocimiento por su Puesta en Escena y segundo lugar en la categoría de Teatro Abierto), “Una edad Feliz” (ganadora en la categoría de Teatro Infantil y de en la de Mejor Actriz de Reparto)  e “Historias de niños y niñas valientes”  (Reconocimiento por sus actuaciones infantiles, Mejor Actor de Reparto, Mejor Director y primer lugar en la categoría de Teatro Abierto).



Sin embargo quizá lo más destacado, siendo un reflejo del sentir general de los asistentes al festival, fue el hecho de que el premio en la categoría de Obra Original se declarase desierto, con el apunte adicional por parte del presidente del jurado calificador, Armando Partida, de que la decisión se tomó en base a la falta de propuesta argumental, así como a la incoherencia y predecibilidad en los guiones.  Llevando esto a un plano general, es esa misma falta de propuesta e incapacidad de reinvención,  la blanden como principal argumento aquellos quienes piensan  que la vigencia del teatro ha caducado y que ahora vivimos sus últimos estertores. Del mismo modo,  es también esa propuesta y capacidad reinvención, la que la sociedad le exige al teatro para seguir creyendo en él. Solo el tiempo nos dirá si los que lo hacen posible, son capaces de responder.
Lo cierto es que no se puede prescindir de ninguna herramienta cuando de expresión se trata, y menos de una tan inmediata y cercana al espíritu humano como lo es el teatro. Por ello, mientras haya alguien dispuesto a narrar una historia o un discurso bajo los lineamientos de esta disciplina y exista alguien dispuesto a escucharlo, el teatro permanecerá tan vigente como desde hace miles de años.
Simplemente, por más que lo tachen de agónico, el teatro nos sobrevivirá.




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