ADVERTENCIA. No lo pude evitar, hablar o escribir -como en este caso- acerca de Elsy Sánchez es hablar de lo asombroso que es lo cotidiano, por lo tanto disculpen lo coloquial y extenso de este texto, que sin pretensiones lo escribo como un diario o una carta a un buen amigo.
ELSY SÁNCHEZ Y LA ALDEA
Para mí, hablar de Elsy Sánchez es
hablar de fotografía digital en en la aldea global. Fotografiar y
compartir, ése es el nombre del juego de ahora. Pienso en la cantidad
de personas que toman fotos de manera empírica y buscan expresarse a sí
mismos con un universo de significados inimaginable. Pienso en esos
fotógrafos aficionados, con la paciencia y dedicación que le tienen a
la fotografía a nivel aficionado -así se autoclasificaba Elsy "fotógrafa aficionada"- a
tantas y tan variadas imágenes, meritorias algunas de exhibirse de
manera física. Pero lo que mas me llama la atención es en el motivo por
el cual cualquiera decide tomar una fotografía: recordar y compartir.
En esta dinámica fue como conocí a Elsy. Por su interés en la foto que se hace como actividad cotidiana. A ellos debo (a los fotógrafos de la comunidades de internet) el
que un servidor haya recordado mi interés por lo inmediato y lo
cercano, lo elemental, como ejercicios de observación inmediata, como
re-leer lo que nos rodea todos los días. Y a Elsy
particularmente, le debo que me haya compartido su amistad y su
confianza. Es por ello que ahora por medio de esta carta, cumplo con el
otro cometido: recordar.
UNA ROSA ES UNA ROSA
Recuerdo esa noche cuando por primera vez me mostró sus rosas. Era en esa calle que le llaman "el rol" en Reynosa
poco después de una plática en la que le insistía en que debería de
exponer sus trabajos fotográficos al público. Creo que si algún defecto
tienen las comunidades fotográficas en internet -a mi parecer- es que,
no obligan al autor a exponer físicamente esas fotos. Para algunos con
que aparezcan en la red es suficiente, como si la foto fuera una novia
a distancia mantenida a cartitas de amor de vez en cuando, sin la
necesidad de verla físicamente. Al final Elsy había accedido
a considerar la posibilidad de una exposición individual y la serie que
escogería pra tal motivo eran sus rosas... ¡Noooooooo!, otra vez no
coincidimos sobre el tema, yo la urgía por otros trabajos que había
publicado en el internet que me parecían más interesantes, fotografías
mucho más cachondas, más eróticas. Pero eran rosas lo que a ella le
interesaba. No fue la única ocasión en la no estuvimos de acuerdo. Al
final nunca me hizo caso, creo que hizo bien.
El arte lo entiendo como aquella triangulación que maravillosamente se
da entre una persona que crea, aquello que ha creado y la persona que
observa la creación. No hay arte sin observador, no hay arte sin
creador. La pieza de arte es una entidad vanidosa, y al momento de
exhibirla, cobra vida propia, no necesita más de su creador ni del
espectador, por el contrario nosotros como espectadores necesitamos de
ella para aprender acerca de nosotros mismos mismo, de nuestro mundo y
de sus secretos. Estas fotos por desgracia ya no necesitan de Elsy para
ser observadas. Ahora son entes independientes a la disposición del
observador y es nuestro deber mirar, observar, aguardar el secreto que
contienen para cada uno de nosotros. Algo hay en esas rosas que debemos
de atender.
Otro de los grandes problemas que tuvimos Elsy
y un servidor fue en la selección de los títulos de sus fotos. Me
considero un mal escritor, por lo tanto entrar al mundo de los títulos
me es de mucho respeto. Ella por el contrario, al igual que muchas de
sus fotografías lo hacía con una irreverencia que a mí me dejaba
perplejo. Incluso le advertí cómo el título es un compuesto adicional e
inherente a la fotografía, que debía de guardar profunda reflexión y
meditación. Elsy nunca reparó en tal reflexión, titulaba sin
miedo la mayoría de sus imágenes. Yo sigo con miedo en titular mis
fotos, seguro ahora ella se está riendo de mí y de mis miedos.
ICONOGRAFÍAS SANITARIAS
En algún viaje que hice a Reynosa, nos reunimos Elsy, sus bien llamados "pollos"
y un servidor, para tomar un cafecito y hablar de fotografía. A raíz de
esas pláticas, y de mostrar fotos entre nosotros, ella se sintió
inspirada -me confesó- por una serie de fotografías que hice a causa de
mi divorcio, según ella y a causa de estas pláticas al poco tiempo
realizó la serie del baño. El resultado era asombroso. Elsy se revelaba como una esponja creativa extraordinaria. Si un cuarto de 2 X 2 metros es lo único que ella tenía para fotografiar, seguro le sacaría provecho.
En las primeras décadas del siglo XX, Edward Weston había asombrado a mundo entero con la foto de un escusado, no era solo el mueble de baño, era -como en el caso de Elsy-
la visión y sensibilidad de un hombre que redescubría el mundo para el
mundo, dando a ello un nuevo significado, una nueva estética. Sin mucha
pretensión, Elsy Sánchez lo descubría para sí misma y ahora -según tengo entendido- por primera vez para el público que asiste a esta "retrospectiva".
EL GRAN PARTEAGUAS
Pienso que para nuestra autora, las posibilidades, los motivos, los temas, se habían descubierto de nuevo. "Todo es fotografiable" como diría Don Manuel Álvarez Bravo.
El trabajo documental había pasado a un segundo plano, ahora el paisaje
de exploración para ella era la forma, la estética de lo individual, y
la capacidad discursiva de cada escena, de cada objeto. No más mirar el
mundo relacionado con el mundo mismo. Ahora era mirar el mundo para
entender otro mundo... el personal, el mundo interior, lo íntimo.
Porque algo cierto me consta, Elsy, así como muchos de
nosotros, guardamos un sin fin de secretos. Y son los secretos, los
escenógrafos que desde dentro de uno, planean, sugieren, y deciden -a
veces- cuál es el siguiente motivo para fotografiar.
De esta actitud se desprenden tal vez los trabajos que a un servidor más gustan: "la caja", "cerca del fuego" y varios trabajos aislados como "mi versión de la vida-fi".
POQUITO A POQUITO (de lo aficionado al absoluto trascendental)
Varias
veces insistí en recomendar a nuestra entrañable autora que ingresara a
alguna maestría en artes visuales, pero siempre me dio por mi lado. Mi
recomendación no era fácilmente atendible, significaba hacer un enorme
esfuerzo y probablemente una gran inversión.