Literatura
Crónica de una Mudanza
Gamalier Saldivar / Fotografía: Tatiana Díaz



 Sep 8, 2007   



7 días antes. La playa.
-¿Por qué me demore tanto en tomar la decisión? No importa, tarde, pero en el momento justo, valga la ironía- piensa, como queriendo justificarse, mientras camina por la orilla acompañado de su amiga la fotógrafa. Es una caminata larga, pero agradable.

Finalmente llegan a la punta de la escollera. Empieza a caminar entre los enormes bloques de cemento y admira un rato el paisaje que antes podía ver en el momento que quisiera. Ahora tardaría un poco más. Desde luego las toninas ni se enteran de su presencia, pero le gusta pensar que si, y que le desean buen viaje. Finalmente se da cuenta de lo absurdo de su pensamiento y tuerce la boca como queriendo sonreír, da media vuelta y reinicia la caminata. Es tarde. Ya casi es de noche, en varias formas.

5 días antes. Últimos días en el trabajo.
-¿Por qué todo es tan irremediablemente ordinario? Esto debería ser un muy largo cumpleaños o algo parecido-. Eso piensa mientras maneja a la escuela donde ya saben que se va; y el sabe que no les importa. Trata de pensar en algo bueno que le haya dejado este lugar. El primer sueldo, tal vez. De repente piensa en ese niño, Juan, con una enfermedad extraña y difícil manejo. Fue conflictivo que estuviera ahí y en muchas ocasiones le toco la peor parte. Finalmente se lo llevaron y con frecuencia piensa en él. ¿Estará mejor que en este lugar olvidado de las manos de las autoridades? Tal vez nunca lo sepa, pero desea que si. A pesar de todo, siempre lo vio con una triste ternura.


3 días antes. Ultimo café.
El mismo lugar. -¿Habrá un café así por allá? Que tonto, seguramente hay muchos-. Las mismas personas. E irremediablemente las mismas charlas, sin embargo las disfruta, sobre todo porque pasará algo de tiempo antes de volver a escuchar las tonterías que ha escuchado y dicho desde que esta en la universidad. Ve a sus amigos, pensar a unos, reír a otros, hablar mucho a algún otro. El calla, piensa en aquellos a quien no tendrá oportunidad de siquiera avisarles; se despide y agradece en silencio. Después vuelve a reír o decir alguna tontería sin gracia como acostumbra.

2 días antes. Ultimo paseo nocturno.
No hay nada que hacer. El pendiente administrativo de inscripción no lo es mas. El clima inusualmente frío en este lugar no permite que se reúna de nuevo con sus amigos. Y es que se esfuerza por tener, ahora si, una despedida mas emotiva, o por lo menos mas afectuosa, pero sabe que difícilmente será así. Son las 11:38. ¿Qué demonios? Toma las llaves y sube a su carro. La laguna y sus lagartos, la colonia con mejor vista (esa que solo disfrutan los millonarios), la vista del puente, ese sitio algo escondido frente a la otra laguna son los sitios que ha decidido visitar solo, como buscando una imagen para llevarse. Piensa un poco en las dos ciudades en las que ha vivido. Las describe como el sitio de las historias inconclusas, como algunas que el ha tenido, de esas que se truncan en el clímax. Tantos finales que quedarán pendientes.


Ultimo día. Aun hay pendientes.

Por absurdo que parezca, aun no tiene las maletas hechas, su autobús sale a las 7:30 por la noche y a las 4: 40 apenas empieza a arreglarlas. En realidad no sabe ni que esta guardando. A las 5:30 termina. Recibe un regalo de despedida, una fotografía. No es el mejor regalo de despedida que pueda recibir, es simplemente uno de los mejores que ha recibido, siempre. Empiezan a llegar algunas personas para despedirse. Su tía y algunos primos y también amigos de sus padres. Quisiera ver que sus amigos irán a la central a decirle adiós, pero sabe que no lo harán. Su familia lo acompaña a la Terminal. Se despide. Sube al autobús. ¿Eso es todo? ¿Es así de simple? Eso parece, pero allá. la historia será diferente.


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