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(1ª parte) Cuando cursaba el último año de la carrera de Literatura Dramática y Teatro en la UNAM, me invitaron a participar en un montaje de la obra “Medusa” de Emilio Carballido, que se presentaría en el Teatro Santa Catarina , que en ese tiempo fungía como un espacio de práctica profesional para los recién egresados de la carrera.
“Medusa”, para quienes no la conocen, es una obra de corte realista, dividida en 5 largos actos en los cuales los personajes hablan y hablan y hablan; es pues, un gran ejemplo del teatro mexicano de finales de los 50´s, en el que la palabra lo es todo (aunque la obra se estrenó en México hasta 1968,con el IMSS y el INBA, puesta en escena que por cierto dio lugar a un pleitazo de antología entre Carballido y Pepe Solé, mismo que hasta la fecha y según las malas lenguas no ha tenido arreglo, pues a Carballido no le gustó nada el montaje. Fin del chisme).
Pues me fue muy difícil actuar en ella. En los ensayos percibía que mi cuerpo no respondía adecuadamente a lo que mi mente y espíritu estaban tratando de expresar, me desesperaba y empeoraba más las cosas… y el director no ayudaba mucho, sus indicaciones sólo eran cosas como: “no me gusta la presencia que le estás dando al personaje” o “tienes que sentirlo más” Fue un laaaargo proceso de montaje, cerca de seis meses. En ese mismo tiempo, audicioné para participar dentro de “Los encantos de la culpa” de Calderón de la Barca, bajo la dirección del Maestro Ignacio Escárcega con el grupo que representaría a la UNAM en el Festival Internacional de Siglo de Oro. ¡Oh felicidad, me quedé en al audición!.¡Oh desdicha, antes de iniciar el proceso de montaje, los actores fuimos obligados a participar en sesiones diarias de entrenamiento acrobático, que incluían sendas dosis de abdominales, lagartijas y sentadillas! En ese entonces no entendía porqué, ni cómo, pero el hecho era que el realizar ese tipo de entrenamiento influía directamente y para bien en mi desempeño actoral dentro del montaje de “Medusa”. En esa obra de corte absolutamente realista - a pesar de las gorgonas que aparecen en el segundo acto- en donde además casi todo el tiempo los personajes estaban sentados exponiendo sus ideas y el movimiento físico más atrevido marcado por el director para mi personaje era cuando en el tercer acto me repegaba a la pared con los brazos en alto antes de que me cortaran la cabeza, donde no había un solo movimiento acrobático, el entrenamiento que yo estaba realizando en el otro montaje estaba presente y abría lenta, pero insistentemente una brecha directa entre el pensamiento y la acción, fabricando los inicios de un cuerpo reeducado.
Desde entonces y no sólo como parte de mi formación profesional como actriz si no también dentro de mi desempeño docente, he entendido que el entrenamiento en los actores, es un factor indispensable para el correcto desarrollo de la ficción. Por supuesto que este descubrimiento no es nada nuevo, el mismo Stanislavski creía en un entrenamiento positivo, indispensable para los actores, compuesto de ejercicios de distintos tipos, ligados por un fin común. Sí, leyó usted bien, Constantin Stanislavski, el genio director de las obras de Chejov, el del realismo psicológico, que por ese mote ha sido malentendido bastantes veces, pensando que su técnica es sólo lavado de cerebro a los actores y nada de movimiento físico, el mismo Stanislavski del que abomina Sergio Jiménez con el letrero que tiene colgado en su oficina en Televisa y que dice con letras grandototas “Stanislavski no existe” (pero bueno, qué se puede esperar de un maestro de actores de telenovelas, pobre Jiménez), pues ése mismo Stanislavski dice:
“…el entrenamiento expresivo del cuerpo….incluye la gimnasia, el baile, la acrobacia, la esgrima, la lucha, el boxeo, todos los aspectos del entrenamiento físico. Sus facultades de expresión como artista serán probadas hasta el límite por los ajustes que deba hacer en relación con otros actores en el escenario. Por esta razón usted debe proporcionar una preparación adecuada a su cuerpo, su cara y su voz…espero que esto lo hará consciente de la necesidad de sus ejercicios de cultura física, baile esgrima y entonación de la voz…”(1)
¡¡Y por piedad no me vaya a salir como muchos de mis alumnitos del METRO en la última clase, diciéndome que no ha leído Un actor se prepara!! Si es usted gente de teatro –y para estar leyendo este artículo, seguro que lo es- la lectura constante de Stanislavski es indispensable, si no tiene el libro, se lo presto.
Continuará….
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1.- Stanislavski, Constantin, Un actor se prepara; pag.85, México, editorial Constanza, 1954 |
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