| Leonor DiCostanzo |
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Show me, show me, show me How you do that trick "The one that makes me scream," she said "The one that makes me laugh," she said And threw her arms around my neck Show me how you do it And I promise you, I promise that I'll run away with you I'll run away with you
Al
ritmo de esta rola de The Cure, salimos una tarde hacia la reserva
ecológica El Cielo, Tamaulipas, la mochila de campamento, el pequeño
acompañante y la que ahora describe el viaje; dispuestos a disfrutar
del ámbito celestial más cercano por el momento. El punto de escape fue
la Central Camionera de Tampico, en donde conseguimos salidas para Cd.
Mante. Una vez ahí, fue necesario tomar un camión de segunda para
avanzar unos 40 kilómetros más con dirección a Victoria, pero con la
consigna de bajar en el entronque hacia Gómez Farias, Tamaulipas.
En
el sitio mencionado, abordamos una combi colectiva para adentrarnos a
la población en donde conocimos a varios lugareños de espíritu
hospitalario, quienes nos orientaron acerca del recorrido que aún
teníamos por hacer y nos informaron que existen, nada más y nada menos
que dos Cielos, el verdadero y por supuesto, el falso. Farías, como lo
dicen por allá, se encuentra a las faldas de la Sierra Madre Oriental,
a la que sólo puede ascenderse mediante vehículos 4x4 que transportan
hacia los diversos ejidos, entre éstos San José, donde según nos decían
está lo “mero bueno”. Nosotros encontramos hospedaje en casa de los
abuelitos de Christian, sin embargo, también es posible alojarse en
hoteles y sitios de campamento que se rentan en el lugar.
Las
camionetas que llevan al Cielo comienzan a subir a las 7:00 de la
mañana, por lo que salimos corriendo con el cepillo de dientes en la
boca, cuando pasó la primera de ellas. El recorrido de franca subida
comenzó con una vereda empedrada, que kilómetro a kilómetro se volvía
más irregular, a nuestro paso vimos algunos asentamientos de casas con
energía solar, agua, cabañas y terreno para acampar. Por momentos el
camino se acercaba al acantilado, desde donde la vista mostraba el por
qué se le conoce a ese lugar como El Cielo, pues las nubes van quedado
debajo y la vegetación pasa del bosque tropical, al bosque de niebla y
al de montaña. Al cabo de unas tres horas y media de brincos
verdaderamente agitados llegamos a San José, nuestro destino.
Levantamos
el campamento en el terrenito de una señora, quien se dedica a
proporcionar además de espacios para acampar, reconfortantes comidas
caseras con tortillas recién hechas en el fogón, razón por la cual, el
pequeño acompañante decidió llamarla: Tía Concha. A esas alturas del
acalorado viaje se hizo necesario un baño, que fue posible después de
caminar unos dos kilómetros entre enormes rocas y troncos de árboles,
todo cubierto de musgo, hasta llegar a un manantial. El agua baja de la
montaña cristalina y casi helada, siguiendo una vertiente con rocas de
tamaños y formas diversos que pueden usarse como asientos o incluso
camastros, mientras el agua proporciona un delicioso masaje a todo el
cuerpo, recompensa divina a los esfuerzos de la llegada hasta ahí.
Durante
el atardecer y por la noche, se escucha toda clase de sonidos de la
naturaleza, insectos, aves, animales de campo, el recorrido del agua y
del viento; todo ello acompañado por el mejor espectáculo de las
montañas, multiformes constelaciones en el oscuro Cielo. Este
ecosistema ve volar a más de 400 especies de aves, algunas residentes
otras migratorias. También habitan variedad de felinos y otros
mamíferos como coyotes, zorros, zorrillos e incluso, osos. Desde luego,
reptiles y roedores.
Por la mañana, el gallo invitó a las
tortillas calientitas y a la caminata, el día inició con la salida del
sol detrás de los cerros. Primero un paseo corto para saludar a los
rebaños de borregos, cabras, vacas y claro, a sus perros pastores.
Luego un buen almuerzo y la preparación de las viandas para la
caminata. Es posible, hasta cierto punto, continuar la subida sin
equipo para escalar, algunas veces utilizando al igual que las
camionetas, la doble tracción. Durante el camino encontramos algunas
formaciones rocosas a manera de cuevas, cubiertas en parte por
abundante vegetación que permite pasar delgados pero brillantes rayos
de sol, creando ambientes verdaderamente deliciosos para tomar un
descanso, una sesión fotográfica o bien, un refrigerio.
Luego de
haber conquistado la cima del cerro, repusimos de nuevo fuerzas con la
Tía Concha, esta vez las tortillas acompañaban un rico caldo de pollo
criado ahí mismo. Descansamos una noche más en el bosque y al siguiente
día, después de recoger el campamento volvimos por otro baño al
manantial. El regreso a Farías, lo iniciamos casi al medio día, en una
camioneta en cuya tapa posterior se podía leer: Se hacen viajes al
Cielo.
Partiendo de San José, se pueden hacer numerosas caminatas por senderos
aventurados que terminan siempre en alguna cima, pasando por
majestuosas formaciones de roca, cuevas, sitios completamente cubiertos
por vegetación, orillas de acantilados y pequeños arroyos. Por otras
veredas menos verticales, también se pueden realizar paseos en
bicicleta de montaña o cuatrimoto, siempre y cuando uno mismo las
remolque hasta allá con ayuda de un vehículo 4x4. En el tiempo que
estuvimos por ahí no agotamos todas las posibilidades, para dejar
abierta la de volver.
You... soft and only You... lost and lonely You... just like heaven. |
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