Artes Plásticas
La Monna Lisa |
| Irma Holguera |
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Sep 16, 2006
Pintado entre 1503 y 1506, este óleo de Leonardo da Vinci, en el que
pintó a la esposa de Francesco del Giocondo, conocido como La Gioconda,
revolucionó las técnicas del retrato del Renacimiento.
Leonardo
utilizó una técnica conocida en italiano como sfumato, en la cual se
deja que el espectador complemente lo que está viendo al dejar una
cierta indefinición de las líneas; en el caso de la Monna Lisa, el
artista logró el efecto al fusionar las comisuras de la boca y de los
ojos con sombras, con lo que obtiene una disolución de las formas.
El
nombre más común de esta obra maestra se lo debemos al biógrafo de los
grandes artistas renacentistas, Giorgio Vasari, quien dice que la
modelo era una joven florentina –Madonna (Monna) Lisa-, quien luego se
casó con Francesco del Giocondo. Eventualmente, el rey de Francia
Francisco I compró el cuadro, que debía permanecer en Francia desde
entonces.
La atracción que ejerce esta pintura es mayúscula,
pues la Gioconda ha sido imitada y copiada casi desde que Leonardo
terminó de pintarla. Su propio magnetismo ha hecho que artistas famosos
o aficionados la parodien como una forma de rendirle homenaje a un gran
maestro como Leonardo da Vinci.
En la pintura observamos a una
mujer sentada, vestida a la usanza florentina de la época en tonos
oscuros, cuenta con un paisaje de fondo; el cabello largo y lacio, le
cae debajo de los hombros. Si se mira el cuadro detenidamente se llega
a la conclusión de que las mitades izquierda y derecha no son
simétricas. El horizonte de la izquierda luce menor que el de la
derecha, por lo que la mujer se ve a una mayor altura del lado
izquierdo que del derecho.
Así, la mujer parece cambiar de
posición si nosotros variamos nuestro punto de vista y, aunque el
detalle de las manos cruzadas es tan perfecto como en cualquier genio
de la pintura, Leonardo produjo un efecto “surrealista” con el fondo
que parece no concordar con la figura. |
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