Literatura
La Fuente
Gamaliel Saldivar




 Nov 15, 2007   



La Fuente

Para Alma


I

La vieja casa de madera era habitada por un anciano, quien todas las tardes salía al jardín y se sentaba en una vieja y descuidada fuente que ahí había. En una ocasión, fiel a su costumbre, el viejo hombre se sentó en la antigua fuente, comenzó a escribir algo en un pedazo de papel, al terminar colocó la vieja pluma con la que había escrito, en la bolsa de su camisa y de ahí mismo tomó una fotografía. Comenzaba a hacer frió, el invierno estaba cerca. Mientras observaba con tristeza la imagen que tenia en la mano derecha, comenzó a llorar calladamente. De repente cayó al suelo. No había nadie alrededor para acercarse. El papel permaneció en su mano izquierda, el viento se llevo la imagen que tenia en la otra mano. Nadie reclamó la propiedad, al paso de los años la vieja casa estaba a punto de derrumbarse. La antigua fuente, curiosamente, se veía igual que aquel día en que el anciano se había quedado solo por ultima vez.

Muy cerca del terreno donde estaba construida la antigua casa, existía un pequeño cementerio, que al paso del tiempo fue creciendo, hasta que llegó a estar a unos cuantos metros de la construcción que habitaba aquel anciano.



II

Las autoridades encargadas habían resuelto finalmente destruir la antigua construcción para que el terreno fuera utilizado por el cementerio. No había registro de algún propietario o alguien que pudiera estar interesado. Los mismos empleados del cementerio serian los encargados de destruir lo que quedaba. Un sábado por la tarde, en medio de unas cervezas comenzaron.

Derribar la casa fue muy fácil, maderos viejos y podridos, no fueron problema alguno. Parecía que estaban esperando el momento para ser destruidos. Seguía la fuente. Los sepultureros la observaron unos momentos antes de empezar. Era como si se negaran a destruirla, pero la orden estaba dada. Así que comenzaron. Como era pequeña no tardaron mucho en su tarea. Sin embargo descubrieron pronto algo que estorbaba, era un gran bloque de concreto justo debajo de donde estaba la fuente, apenas unos centímetros bajo tierra. Había que removerla para poder cavar las tumbas.




III

Un esqueleto. Eso encontraron bajo ese bloque de concreto. No estaba dentro de ningún ataúd y estaba completo, no se notaba el paso del tiempo. Parecía recién enterrado. Avisaron al administrador, quien se dirigió de inmediato para enterarse de lo que sucedía. Mientras llegaba, iba oscureciendo. Los trabajadores se pusieron a observarlo y se dieron cuenta de unas marcas extrañas en los huesos. Parecían tatuajes. Un nombre, eso daba la impresión de ser, pero no podía distinguirse con claridad. Su mano izquierda estaba cerrada y sostenía un papel pequeño; una servilleta. Uno de los trabajadores lo tomó y lo abrió. Sintió un escalofrió al ver algo escrito que decía: “…y mira mis huesos tatuados con tu nombre…”

Al llegar el administrador, lo hizo acompañado de la policía. Los agentes pidieron que lo levantaran del suelo para llevarlo a donde sea que se llevan cadáveres recién descubiertos. Uno de los trabajadores mas jóvenes lo levantó del suelo y en ese momento los huesos recibieron los últimos rayos de sol. El sepulturero tropezó y soltó su inusual carga, la cual, al tocar el suelo, se deshizo cual terrón. Justo en ese momento oscureció totalmente. Los sepultureros no entendían lo que pasaba y comenzaron a llorar, una profunda tristeza se dejo sentir donde hace mucho tiempo un anciano se había muerto viendo una fotografía. A lo lejos parecía escucharse el sonido de un piano viejo y desafinado.



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