| Fabián R. Covarrubias |
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Sep 16 , 2006 Querido diario: Psss, zzzasrp, ssssszzgr. Es un hecho, necesito más
sesiones de hipnoterapia. Tendré que hablarlo con Gregorio. Mis nervios
aún se resisten a entrar en un estado de relajación profunda que me
permita evadir ideas propensas a escapar de este mínimo país con
aspiraciones pequeño burguesas PANistas. Estoy en la frontera de un
shock. Lo único que deseo en este momento es volver el estomago
por la ira, ¡caramba! Las tres películas en 16 milímetros que pedí al
Goethe Institut para el ciclo de Fassbinder han llegado. Sin embargo,
en la cabina al engarzarlas, me di cuenta que el proyector no lee la
banda sonora del film, no se que diablos le paso al proyector que no
reproduce el audio. Aunque debo de reconocer; el verdadero problema es
que solo faltan 20 minutos para que inicie la función de Cine Club de
la Casa de Cultura de Tampico.
La película programada a exhibir
es “¿Por que le da el ataque de locura al Sr. R?” (1969) dirigida por
el cineasta de la decadencia, el cineasta transgresor y suicida; Rainer
Werner Fassbinder. ¿A caso no es una triste burla el nombre de la
película? Más bien creo que el público que asista hoy al Cine Club
saldrá preguntándose ¿Por qué le dio el ataque de locura a Fabián?
Afortunadamente minutos más tarde todo se soluciono.
Durante
años, estuve en contra de usar ese aparatejo llamado teléfono celular.
Sin embargo, hoy este artefacto esnob, que en más de una ocasión he
confundido con el control remoto de mi televisión, me saco del apuro.
Llamé a mi oficina en la FADU para que me llevaran una película
emergente en chinga.
Dany Lamb (ó lo que es igual Daniel
Borrego) alcanzo a llegar a tiempo con el video VHS de “Todos nos
llamamos Alí” (Fassbinder/1973) película que estaba programada para la
última semana de este ahora accidentado ciclo, el VHS lo compré hace
algunos años en un remate de películas en librerías Gandhi en el DF,
con la feria que me sobró de la cuenta de una cantina cercana a Ciudad
Universitaria.
Debí buscar en mi extenso repertorio de caras
idiotas, la más adecuada para la ocasión, y así justificar ante los
espectadores el repentino cambio de película.
“Todos nos
llamamos Alí” es considerada por la critica el primer éxito
internacional de Fassbinder. Él mismo dividió su obra fílmica en
etapas, y esta historia la ubica dentro de lo que el llamó melodramas
distanciados.
La película presenta la historia de una viuda
sesentona llamada Emmi, que durante una noche de lluvia se refugia en
un bar. Allí conoce a Alí, un inmigrante marroquí treinta años menor
que ella, al que invita a pasar la noche en su casa y termina casándose
con él, ocultándolo a todos sus conocidos, incluso a sus egoístas hijos. Poco
después Emmi decide presentar a Alí con todos, sin embargo las
reacciones son de tintes xenofóbicos, (como PANistas en gobierno)
intolerantes, necios y persignados.
Finalmente después de
distintas situaciones de distanciamiento entre ambos, la pareja vuelve
a coincidir en el bar donde se conocieron, Alí cae enfermo y es
hospitalizado; el médico le comunica a Emmi que Alí sufre la llamada
"úlcera del inmigrante" provocada por el estrés que le proporciona su
endeble condición social. En la secuencia final, Emmi permanece
resignadamente junto a la cama de hospital de Alí. Como en todos los
finales de Fassbinder el final queda abierto, (¡por eso eras grande
Fassbinder!) no sabemos que pasara con ambos, si continuarán casados,
quizá sufrirán el alejamiento natural que la edad de Emmi promete
provocar ó peor aún, simplemente su relación quedara reducida a una
dependencia Edipíca.
Ali llegó a la República Federal de
Alemania a perder todo lo que le faltó perder en Marruecos, se
convirtió en trabajador inmigrante, amante de una mujer madura, fue
discriminado y perdió su salud, esta anécdota sirve a Fassbinder para
mostrar las claves que mueven a una sociedad claustrofóbica con claras
reminiscencias hitlerianas; el sueño pequeño-burgués, la negación al
cambio, negación a mezclarse con los inmigrantes y la incomprensión.
Visualmente son admirables los encuadres de cámara plagados de
simbolismos a través de los marcos de las puertas con el fin de mostrar
el aislamiento de la pareja protagonista (La secuencia de la solitaria
celebración de bodas que los dos hacen en un restaurante es
hermosamente desconsoladora).
Rainer Werner Fassbinder con este
film, deja por primera ocasión su visión pesimista para examinar la
falsa utopía del "amor imposible". Sin duda Fassbinder siente tanta
empatía y comprensión hacia la desigual pareja que se niega a romper
esa unión y prefiere dejar la puerta abierta a una esperanza que, sin
embargo, no va a suponer ni mucho menos el fin de los problemas de Emmi
y Ali: en primer lugar está su situación personal como pareja y después
la sociedad que los ha aceptado hipócritamente, pero que no alcanza a
comprender que dos seres humanos tan distintos se puedan amar.
Al
final, el público del Cine Club parece olvidar el cambio de película.
Nadie se fue de la sala de cine a pesar del cambio. Quizá es porque les
gusto la anécdota tampiqueña de este film que les conté. Meses atrás,
platicando sobre Fassbinder con el Mto. Manuel Ramírez, recordó que
veinte años atrás, asistió a una exhibición de “Todos nos llamamos Alí”
en la cual varias damas encopetadas de nuestra alta sociedad tampiqueña
se encontraban presentes. Más allá de la mitad de la película, Alí
aparece en un desnudo frontal. Eso fue motivo suficiente para que las
encopetadas damas tampiqueñas de esos ochenteros tiempos, salieran del
lugar frenéticamente despavoridas, tan aterradas como si hubiesen visto
al interior de sus tristes almas, donde seguramente solo encontraron
ignorancia, pena y frivolidad.
La función sin duda fue buena. Me
deja una gran enseñanza; ahora se como puedo correr señoras
impertinentes y encopetadas de mi Cine Club. Juro que lo intentaré con
María Luisa Herrera, todos en el Cine Club me lo agradecerán. Al salir,
Dany Lamb y yo, entramos a la primera cantina que encontramos, una
enseñanza así siempre será motivo de celebración.
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