Música
Y los vi volver: “Soda Stereo en Monterrey”
Dionisio Valderrama


Dec 1, 2007

1 Dec, 2007

“En este estadio nos despedimos hace 10 años.

Lo bueno es que somos gente de palabra”


A las 9:25, con casi media hora de retraso, los reflectores del estadio se apagan y la gente enloquece. Ha llegado la hora. De un momento  a otro Alberti, Bosio y Cerati subirán al escenario para ahuyentar a punta de poder melódico toda la intrascendencia y el cansancio. Es 9 de noviembre y estamos a punto de vivir en carne propia el segundo advenimiento de la única y extraordinaria SODA STEREO, a 10 años, un mes y 7 días de que el último acorde de la guitarra de Cerati se extinguiera del Parque Fundidora en aquel mítico 97 de despedidas…  

      Pero antes volvamos al Bunker.

      Ahí todo comienza con una cumbia villera, directa desde los arrabales de Buenos Aires. Son las 5 PM. Mike, César y yo estamos bebiendo un poco para calmar las ansias en un billar ubicado en un tercer piso del corazón de Monterrey llamado el Bunker, al cual arribamos en busca de alcohol barato. Estamos matando el tiempo, hablando de trivialidades y haciendo planes para después del concierto.

      Mientras termina su segunda cerveza Mike hace una oferta tentadora: “Les ofrezco hoy una noche de tugurios malamuertosos estilo Tijuana”. Este tipo de ofrecimientos, que plantean un agujero negro en el tejido de la rutina, no pueden rechazarse, así que aceptamos sonrientes sin pensarlo mucho. Imaginamos inocentemente que Soda será solo el aperitivo de una noche mucho más larga, cargada de la magia decadente del clandestinaje nacional. 

      Salimos del Bunker poco antes de las seis. César y yo abordamos un taxi hacia “El Volcán”, mientras Mike se queda en las calles para seguir con su itinerario de party-boy beat en la insana noche mexicana que está ahora en sus albores. Una fractura necesaria que separa a los no creyentes de los fieles, a los heréticos  que ven a Soda  Stereo como un grupo más, de los que lo ven como una dislocación o un parte-aguas en la escena de la música en español. Y así es como los no-llamados se quedan en la calle gris cotidiano haciendo cosas ordinarias mientras que los elegidos cruzamos desiertos de asfalto hasta alcanzar la tierra prometida.


Llegamos pasadas las 6:15; las puertas del templo-estadio se han abierto y los fanáticos llegan al lugar en grupos cada vez más numerosos. Inmediatamente nos enfilamos hacia nuestra puerta, la 5A, reservada para los de  Entrada General de Pie (alias Anti-VIP), confinados a estar parados durante horas a al menos a 50 metros del escenario.

     Para desgracia del bolsillo encontramos en el camino decenas y decenas de negocios dedicados a la vendimia de artículos promocionales y César, en un arranque súbito de grácil consumismo, no pierde la oportunidad de llevarse todo un kit del evento que incluye: una playera del Boca con el número 10 en la espalda y el nombre Cerati bajo el número (200 pesos), una gorra con la leyenda “me veras volver” (120 pesos), un pin (10 pesos) y debo convencerlo de que deje una bufanda conmemorativa (de otros buenos 150 pesos) para tener varo para el resto de la noche. Cuando al fin enfrentamos las tres revisiones corporales necesarias para el ingreso pasan de las 6:30.

     Nos acomodamos cerca de la valla que nos mantiene a 50 metros del enorme escenario-altar (de 45 metros de largo, 25 de alto y 15 de profundidad) ubicado dentro de una catedral de altavoces, pantallas y luces, listo para albergar a la leyenda que regresará de entre los muertos, cual Lázaro o Fénix, en un ritual armónico-mágico-musical. Hemos venido desde lejos a presenciar el milagro y ahora solo nos queda esperar.


Con la espera el cansancio aparece. Nos mantenemos de pie quemando
Camel’s y pensando en el ofrecimiento de Mike. A partir de las 8 esporádicamente se trasmiten en las diversas pantallas sketches cómicos sobre el rock y sobre la banda, lo cual, junto con el alcohol fluyendo en abundancia, resulta ser un buen método para mantener sosegada a la prole. 

  El tiempo transcurre hasta que a las 9:25, Alberti, Cerati y Bosio-Zeta saltan a escena ante el clamor extático de los 32,000 feligreses reunidos para recibir la sagrada comunión del Papá Dios, Soda Stereo. Tan pronto suben al escenario Cerati suelta un “Hola Regios” que enciende a los locales y arrancan con  Juegos de Seducción. El escenario que anteriormente lucía enorme, ahora parece quedarle justo a los tres integrantes de Soda, haciendo pensar que nacieron para estar ahí, bajos los reflectores, ante una multitud que los alaba sobre-estimulada. Siguen con 3 tracks que podrían ser considerados como B-sides (Tele-K, Imágenes Retro y Texturas) antes de arremeter con otros éxitos como Hombre al Agua y La Ciudad de la Furia, los cuales son coreados por todas las gargantas presentes. La enorme producción de luces y pantallas, junto con los propios integrantes de la banda y músicos invitados, abren múltiples frentes en los que puede perderse la multitud.


Continúan con “Picnic en el 4to B”, track memorable de su disco Doble Vida, para proseguir con la hippieosa/poética/experimental Zoom y Cuando Pase el Temblor, una de mis favoritas, en la cual Gustavo (Mystic Master/ sabio Zen/ Todopoderoso) Cerati, agrega un “Despiertame, cuando pase el Reguetón”   que  le gana los aplausos de la multitud. Después viene Final Caja Negra y Trátame Suavemente, que sirven para que todos nos relajemos después de estar coreando y saltando al borde del trance.

      Continúan con Signos, de su disco homónimo del 86, seguida de Sobredosis de TV,  que inicia con un “Vamos a bailar un rato” de Cerati al cual todos obedecen. Luego ocurre uno de los momentos cumbre de la noche, cuando se escucha el preludio de una vieja conocida, Danza Rota, y en las pantallas detrás del grupo corre un display en el que aparece una chica con unos audífonos gigantes, que juraría es mi Gina, moviéndose al ritmo de la música. En respuesta a tal estimulo mi cerebro dispara torrente tras torrente de endorfinas y cuando llega la antesala del segundo coro nadie canta más fuerte que yo: “Soy una mueca absurda, fingiendo diversión, deseándote…”.  

     Luego viene Persiana Americana, con su “sé que te excita pensar, hasta donde llegaré” seguida de Fue con su “y eso pasó”, en la cual Cerati pidió que alzáramos al aire todo aquello que prendiera, por lo que miles y miles de pantallas de celular y uno que otro encendedor (como el mío) ondearon felices como estrellas digitales sobre un cosmos de carne pulsante. Después, otro momento espiritual con  En remolinos, donde “Gira el sol, gira el mundo, gira Dios” suena como el mantra más profundo que se ha articulado jamás. 

      Luego viene el ápice más brillante de la noche, cuando suena como fuego continuo de artillería Primavera 0No existes (con nuevos arreglos que la hacen más danzable), Sueles dejarme solo, En el séptimo día, Un millón de años luz y el himno De música ligera,  secuencia musical en la cual Soda demuestra todo de lo que es capaz y durante la cual entendemos de golpe todo lo que hemos perdido durante estos diez años que existimos sin ellos. Más de 20 minutos ininterrumpidos de música en el cual todas las gargantas comienzan a enmudecer afónicas,  y los cuerpos saltan y danzan hasta no pode hacerlo más, solo manteniéndose de pie por no haber espacio donde caer. Al final Cerati suelta un único “Gracias”, Zeta hace una reverencia al auditorio y Alberti lanza sus baquetas a un fan de primera fila para desaparecer del escenario. 




Nadie se mueve  de su lugar. El cántico de toda la noche “Oee, Oee, Oee, Oee, SODA, SODA…” resuena incesante más fuerte que nunca. Pasan 5 minutos y todos se mantienen firmes en su sitio; la espera hace sentir el cansancio, algunos empiezan a dudar mientras Cesar a mi lado suelta un “Van a regresar” y otra chica más allá suelta un agudo “Ya regresen culeros”…
 

      Al fin vuelven. Cerati es la evidencia visual de que algo ha cambiado. Ha habido una transmutación del mystic master, ahora con sombrero y bufanda, que hace pensar en la transfiguración de Cristo frente a sus discípulos. La siguiente selección es ligera y profunda, pinceladas de calma con un halo de despedida. Suenan Disco eterno, Cae el sol y  Prófugos, con proyecciones ondulantes de lámpara de lava. Terminan, dan un agradecimiento más elaborado y se marchan.  De nuevo nadie se mueve, las ovaciones continúan. Con el pasar del tiempo algunos pierden la fe y comienzan a avanzar hacia las salidas. Yo mismo dudo unos segundos, pero mi temporal falta de fe es aliviada por la banda subiendo por última vez al escenario. Cerati presenta a la banda, señal irrefutable de que ahora si todo está a punto de terminar. Nada Personal suena y para que nos vayamos “arriba” la noche cierra con Te hacen falta vitaminas, de su primer disco, momento glorioso y energético en que el círculo se cierra, el ciclo termina y todos los presentes recibimos la bendición de salida de la pontificia Soda Stereo, para después salir purificados al matadero del tedio y a la rebatiña por los taxis que son insuficientes. 

     No recordaremos a Mike y a su noche tijuanesca mala muertosa hasta la mañana siguiente. Está noche no habrá congales ni burdeles. Dejamos calmos y sonrientes que Cerati y compañía sigan sonando incesantes en nuestras cabezas, como una canción de cuna que esperas que nunca acabe.



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Diembre 2007

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