| Hector Esqueda |
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Es verdad, dicen algunos, que todo comienza, casi siempre, con una sola palabra, con una sola idea, una sola nota; en el caso de los iluminados, con un aliento, y cuando se trata de los virtuosos, con una sinfonía. Cada ser surge y crea a partir de lo que le es más natural, victimas todos, condicionados por una gran casualidad que ha conspirado por milenios para hacer que ninguna de las plantas conocidas aún por el hombre, sea capaz de empollar un huevo para que haya un retoño, u otra planta hija suya, de su misma especie.
De esta misma manera, las ideas de cada uno de nosotros, nuestros proyectos, nuestros cantos, la forma en que encontramos el momento preciso para apretar el botón que inmovilizará la imagen, el ser, la persona y un pequeño pedazo de mundo en solo una visión congelada, tiene que ver con la parte de nuestro naturaleza mas humana y catártica posible. Lo mismo pasa con cada una de aquellas expresiones que muchos suelen llamar “artísticas”. Todo a partir de reacciones primigenias siempre distintas, más parecidas a meros impulsos que devienen en cosas mucho mas grandes y que no por catárticas e impulsivas son menos valiosas, sino que incluso, sin el instinto no serían.
Pudiera sonar extraña la afirmación que nombrara a uno de los representantes mas clásicos y logrados del nonsense inglés también como uno de los grandes lógicos, en su propio lenguaje. “For the Snark was a Boojum, you see” fue el primer verso que se le ocurrió a Lewis Carroll para comenzar a escribir una de sus obras mas importantes, La caza del Snark, una suerte de extenso poema en el que habla, en parte, de este ser inventado, por el propio autor, un ser de nombre intraducible y carente de significado en nuestro lenguaje. El Snark, claro. El autor era solo “raro”. |
A Carroll le gustaban los juegos. Sobra decir que era un matemático destacado y un autor algo polémico cuando menos, debido a su sabido gusto por rodearse de niñas pequeñas, su fascinación, y para ellas es que toda su literatura lúdica está dedicada, y a partir de ellas, creada. El anterior verso, parte de La caza del Snark no estaba destinado para ser el comienzo del poema, sino el final, y en reversa construyó su “Agonía en ocho espasmos” como también llamó a la obra. Así pues, Charles Lutwidge Dodgson, o Lewis Carroll, como se le prefiera llamar, desarrolla su literatura en medio de sumas, restas, reducciones, deducciones, etcétera, como el simple, aunque no sencillo juego que implica el convertirse en un Snark: se tiene que tener algo de serpiente (snake) y algo de tiburón (shark).
Los juegos y la lógica fueron el reducto natural para Carroll, y encontró en las mentes infantiles la expresión y el ejercicio mas perfectos de ambas. Todo juego, para que lo sea, obedece a una lógica y presenta un reto, y es ahí donde el nonsense hace acto de presencia con toda la coquetería que le es posible, susurrando a gritos un secreto a voces, que toda esta locura, nótalo, tiene un orden. Como el mundo de los sueños de Alicia.
Pero el nonsense no resulta tan sencillo como pudiera parecer. No es tan fácil como tomar palabras, conceptos, letras, recogerse las mangas, tomarlo todo y revolverlo para ver que es lo que resulta. No es mezclar géneros, aunque suceda. Curiosamente, el nonsense, siempre tiene un sentido y muchos mas, aunque este no sea muchas veces expreso a primera mano. En la corriente Dadaísta la obra carece de un sentido intencionado, y aunque el nonsense se acerca peligrosamente a ello, tambien se aleja con un rotundo no, aferrándose al discurso interno. La obra de Carroll está pletórica de referencias y confusiones entre el significado textual y figurado de las palabras. En este universo de pequeños enigmas es que Carroll nos sumerge cuando entramos a su obra. En el caso de Alicia…guiados por la mano de una niña irreverente y que, en el nuevo mundo descubierto, al no saberlo nada, lo pregunta todo. La naturalidad de Alicia es tal que se aprecia como primer característica en ella la sinceridad, una honestidad de tamaño tal que se le sale por la boca mientras canta canciones en las que, la letra verdadera es la que ella le da, llena de ocurrencias, distintas a las coplas originales.
A pesar de todo lo referente a la obra de Carroll y lo que tanto él comoEdward Leard, otro padre del nonsense hayan hecho a través del tiempo con su propia literatura, o de lo mucho que experimentaran con los discursos y las palabras, todo parece estar en un tipo de sutil caos que guarda en secreto un orden, haciéndolo todo verosímil. A pesar de los disparatados universos literarios y lingüísticos que nos dan. A pesar de a extravagancia. Porque gracias a los intrincados juegos que utilizaban es que ellos mismos eran capaces de exorcizarse y dejar la preocupación por el discurso estúpido de la metaconciencia que boicotea tantas inspiraciones. Es distinto saberse y serlo a serlo y preocuparse por ello. El nonsense apelaba a la inteligencia que no reflexiona acerca de ella misma, sino solamente a la que es una herramienta, ya sea para la vida diaria, para las ciencias duras o para el precioso divertimento. El nonsense, con todo y sus aparentes complicaciones, adora la inteligencia natural, desenfadada e incluso desfachatada, pero perspicaz. Es producto y reflejo de la belleza en la inteligencia casual y juguetona, que es sin pretender.Como un Jabberwocky. |
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