Literatura
Tampico: De Nueva York a la UNAM y pasando por Reyes
Joaquín Peña Arana





Resulta que decir “Tampico” ya no es una palabra extraña en algunos rincones del mundo, bueno, siquiera al menos en el norte del continente.

Por ejemplo, Nueva York tiene como uno de sus incontables sitios obligados por visitar su afamada Librería Pública, toda una chulada. Guardando la debida proporción es como la nuestra. De hecho, en cierta forma, Nueva York es como Tampico sólo que multiplicada por cien.

Pero estábamos con la Librería Pública neoyorquina. Como buen recinto bibliográfico de primer mundo cuenta con una serie de computadoras en red que facilita la búsqueda en su cuasi infinito catálogo. Unas manos tampiqueñas jugueteaban en una de ellas un día de otoño del 2003.  Por mera puntada, se le ocurre escribir “tampico”, a ver qué pasaba.

Para su sorpresa, la computadora le ofreció una serie de resultados.  Al menos, en aquella ocasión,  aparecieron los siguientes títulos.

  • “Emilio Azcárraga Vidaurreta, bosquejo biográfico”  de Carmen Olivares Arriaga, editado por la UAT en 2002. 212 páginas.
  • “El Gran Traicionado : Salvador Barragán” de Alfonso de los Reyes. Publicaciones Históricas de las Huastecas. 2002. 151 páginas.
  • “Crónica sobre el Huapango” de Reynaldo Castillo Portes. Aparentemente publicado en el 2001 y con 670 páginas.
  • “Santa Anna de Tampico, saga de una familia” de Emilio Lamadrid.
  • “Las Flores” de Gustavo A. Ramírez Castillo.
  • “Tampico es lo Azul” de Carlos González Salas. 
  • “De Médico,Poeta y Loco” de José Sierra Flores.


El tampiqueño estaba conmovido. ¿Por qué estaban ahí, cómo llegaron, los podría localizar, acariciar? Intentó seguir las guías que se ofrecían pero fue en vano. Llevaba ya varios días de caminar por todas partes y el cansancio y el tiempo maniobraban en su contra. Desistió y continuó su camino. 

Años después,  los pasos llevaron al tampiqueño a la Universidad Autónoma de Nuevo León.  Ahí se ubica un centro cultural denominado Capilla Alfonsina, tomando su nombre de la Capilla Alfonsina original ubicada en la Ciudad de México y que fuera la casa del pensador y escritor Alfonso Reyes, parte de su impresionante colección bibliográfica particular fue trasladada a Monterrey y es resguardada en el recinto universitario.

Entre estantes con libros de los más diversos títulos e idiomas uno, más bien, dos libros, llamaron particularmente la atención del visitante. Ambos libros tenían el mismo título : Tampico.

Joseph Hergesheimer fue un autor estadounidense. Entre sus obras se encuentra ésta, publicada en 1926.  En la Capilla Alfonsina de Monterrey se conservan dos ejemplares, uno en rústica y otro encuadernado.

La Capilla Alfonsina original, la ubicada en el D.F.,  además de los miles de libros que dejó Alfonso Reyes conserva también sus objetos personales. Fue un gran enamorado de las letras pero también un gran coleccionista.   Quizás por los años en que permaneció fuera de México, primero por el exilio durante la Revolución y luego como diplomático, Alfonso Reyes adquirió cuadros que reproducían paisajes de algunas ciudades de nuestro país en épocas que podríamos ubicar durante el siglo XIX.  Una de ellas se titula “Tampico de Tamaulipas” y muestra un dibujo austero en sus detalles.  Se aprecian en primer plano tres figuras humanas, quizás nativos de la región.  A su alrededor hay palmeras de diversos tamaños y un techo de palma hace las veces de jacalito.  Al fondo, en una amplia extensión de agua - a primera vista ofrece la impresión de ser un lago -  flotan algunas embarcaciones. ¿Se trata del río Pánuco?  Se puede reconocer un conjunto de viviendas de regular tamaño, sólidas,  posiblemente el puerto, y al fondo un paisaje montañoso.


Más recientemente, el año pasado, el tampiqueño estuvo en la Universidad Nacional Autónoma de México. Iba de paso nada más, tenía que hacer un pendiente, algo de una fotografía que debía recoger, pero tuvo tiempo para recorrer un poco el sitio donde Por Mi Raza Hablará el Espíritu. Sus pasos lo llevaron a la Facultad de Filosofía y Letras y entró a la biblioteca, famosa por su mural monumental. De repente se encontró también con una serie de computadoras que facilitaban la localización de determinadas obras.  Experimentó de nuevo. 

La lista que apareció fue la siguiente.

  • “Tampico es lo Azul” de Carlos González Salas.
  • “Tampico : significado y ubicación” de Enrique Ismael Ortega.
  • “Simposio sobre la Cimentación del Puente Tampico” sin referencia de autor, solo cita la fecha 1989.
  • “La Geotecnia en las Costas del Mar : Tampico, Tamps.”  sin referencia de autor.
  • “Tampico” de Antonio Martínez Leal.
  • “Plan Director de Desarrollo Metropolitano : Tampico, Madero” citando como autora a la Comisión Nacional Coordinadora de Puertos.
  • “Tampico : Datos para la Historia de la Huasteca” de Blase E. Rodríguez. 


Claro que el tampiqueño estaba tentado a buscar los libros ahí referidos pero otra vez el tiempo y la distancia jugaron en su contra.  Solo disponía de ese día.  

Antes de salir de la biblioteca puma recordó su querida biblioteca porteña, donde pasó algunas de sus horas de estudiante.  Deseó volver a sentir el placer de sentarse a la luz de alguno de sus ventanales y que ojalá hubiera una mano divina que le inyectara un aire protector para preservar su actual acervo pero también renovara sus recursos.

Se quedó pensando si, alguna vez, dejará de llevar a  Tampico a todas partes.


Publicado: 3 de marzo de 2008


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