| Josue Picazo |
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| FOTOS: JOSUE PICAZO
Sobre lo ocurrido en la Cumbre Tajín 2008, el miércoles 19 de marzo. Papantla, Veracruz
“Bienvenidosa Papantla el municipio que todo lo tiene”, dice un enorme letrero en la carretera Poza Rica – Papantla. La leyenda pudiera cumplirse dentro del Parque Temático Takilhsukut, sede de la Cumbre Tajin 2008. En el primer día del festival, las grandes masas de gente aún no se hacen presentes, sin embargo uno puede constatar la diversidad de personas y personajes que han coincidido en este sitio donde se dice celebrar “la identidad”: voladores de Papantla –y no sólo de Papantla— entre quienes se encuentra una niña voladora a la que todos los periodistas ya han entrevistado y fotografiado, diversas bandas de músicos tradicionales, acróbatas, chilangos, huastecos y jarochos ociosos, ejemplares de las diversas tribus urbanas, ecologistas, bailadores y bailarines, aeronautas que elevan globos construidos con papel de china impulsados por el cálido aliento que les quema las entrañas… Después del mediodía, en el Nicho de la Música, el foro principal de la Cumbre, comienzan a presentarse las propuestas musicales incluidas en el programa. Plutón Rito Tajín es un “ritual” de iniciación del festival en el que participan rezanderas totonacas que bañan con el humo del saumerio las cabezas de los integrantes del grupo Trípoli, pálidos seres que con la mirada perdida en el horizonte y las cejas enarcadas sostenían esferas de cristal sobre la cabeza o se hundían en un viaje incomprensible. Supliendo la presentación de Vakna Kobal –agrupación de música étnica electrónica—, el huapango se hizo presente con los Caimanes de la Sierra, de Soyocolco de Hidalgo, Veracruz. Aunque a la quinta huapanguera le faltó poder, los pocos entusiastas que se instalaron frente al escenario desde temprano, disfrutaron del esporádico zapateo. | |
| El son urbano de Sonex Cuando ya oscurecía, la presentación de los jóvenes músicos de Sonex llenó de “son urbano” el aire de la Cumbre Tajín. Una música con 300 años de vida como es el son jarocho, mezclada con ritmos de blues, rock y flamenco, fue lo que los xalapeños presentaron ante un público que ya se notaba ansioso por gozar. No era la primera vez que Sonex actuaba en este escenario, sin embargo, el recital tuvo como peculiaridad la presentación de su primer disco, “Sonex”, editado por Zafra Música, producción en la que participan músicos como Rubén Albarrán, de Café Tacuba, y los integrantes de la agrupación española Ojos de Brujo. La inclusión de la batería fue otra de las novedades que presentó Sonex. Este instrumento se añadió a la mezcla de violín, jaranas, bajo y percusiones que caracteriza a su música. “Que lo sientes”, composición del vocalista Luis Felipe Luna, fue la melodía inicial del concierto. Continuarían con el “Chucumbe”, un son ampliamente conocido en la música jarocha. | |
| “Café”,acaso la más popular de sus canciones, provocó el canto del público que repasó esos versos en los que el color y el aroma de esta semilla son los atributos de belleza de la mujer amada. “La Gallina”, la rumba jarocha “Lo supe muy tarde” y “Lloveré veré” fueron acompañadas por el zapateado de Felipe Luna. Con clara influencia blusera, los de Sonex tocaron “La Luz”, una canción “para que nos pongamos en onda”, según dijo uno de los músicos. Los alucinantes solos fueron fuertemente ovacionados por el público. Al final de un arreglo de la “La Bamba”, los músicos zapatean y las chicas les aplauden… Los últimos versos vuelan: “Baila morena, entrega pronto el corazón, que la vida es sólo una canción que se acaba pronto, corazón…” y una chica con una diadema de orejas de gato escucha atenta, absorta, como un gato… La calidad de los músicos de Sónex resultó innegable para los asistentes que gozaron y bailaron con estos xalapeños que ya han comenzado a rolar y a sonar por diversas partes del mundo. | |
| La Primavera y Vicentico arriban Vicentico, quien fuera el vocalista de Los Fabulosos Cadillacs, la legendaria banda argentina, llegaba a Tajín como un personaje esperado desde años atrás. Con bastón, con saco y capucha, con ese aire desaliñado de padrote musical, Vicentico fue recibido con un alarido. “El árbol de la plaza” abrió el concierto que estaría lleno de evocaciones a la vida en los arrabales argentinos, y a la marginación de México u otro país de Latinoamérica cualquiera. El ritmo se volvía más sabroso, aún más si se acompañaba con una cerveza —¡pueden creer que venden cerveza sin alcohol!. | |
| Grueso, lerdo, gordo,con su cojera, Vicentico arrojó el saco y se quedó en camiseta sin mangas, como un vecino que llega a la casa a cantar una canción y compartir una cerveza en cualquier noche -"¡estás buenísimo!", le gritaba una chica. Cubierto el rostro, sosteniendo su guitarra, Vicentico se disfrazó del “fantasma de Perón” para cantar precisamente “El fantasma” canción de su disco “Los Pájaros”.
"Voy a decirles algo en voz baja, cantemos en voz baja pues el gobierno me lo prohíbe, nadie más se tiene que enterar”, pedía a los cientos de personas que presenciaban el concierto en el Nicho de la Música. “Este minuto es calmo y casi en silencio; no griten, no sean boludos…” Y entonces, casi en murmullo, empezó: “Vos que andás diciendo, que hay mejores y peores, vos que andás diciendo que se debe hacer…”. | |
| La genteentonces reconoció “Mal bicho” una de las canciones más sonadas de los extintos Cadillacs, un festivo canto de paz. Luego, el frenesí y el baile se impusieron con “El Cantante”, “Los Caminos de la vida” y “Demasiada Presión”. “Noche de calor en la ciudad, ella te dejó y todo sigue igual…” cantaba, la trompeta gritaba, la gente saltaba y una bandera argentina con una paloma de la paz como escudo ondeaba épica, impulsada por el coro apasionado. Eran cerca de las once de la noche y la primavera astronómica hacía su arribo al hemisferio norte. La interpretación que Vicentico hizo de “Los desaparecidos” de Rubén Blades produjo escalofríos a más de uno, sobre todo cuando comenzó a sonar un charango, el inconfundible sonido andino. | |
| El argentinointentó despedirse con el “Tiburón”, otra del salsero Blades, canción con la que animó hasta a los peces muertos y que sirvió para que el cantante uniera al público con la causa de su música: “Tenemos la idea que para darle pelea al monstruo que nos sigue para quitarnos la felicidad, debemos bailar aunque tengamos miedo de que nos lastime, porque los monstruos se asustan con la danza, éste es nuestro modo de dar pelea. Por eso, estos últimos minutos son para bailar…” El cantante respondió al clamor de “otra, otra” con un par de canciones de Los Fabulosos Cadillacs, “Basta de llamarme así” y “Vasos vacíos”. El público, alegre pero insatisfecho, eternamente insatisfecho, rugía. Con “Se despierta la ciudad”, Vicentico se despedía parodiando a Soda Stereo: “Nos vemos en 25, 30 años quizá. ¡Gracias totales!”. Pero la gente no lo dejó ir. El himno Cadillac “Yo no me sentaría en tu mesa” fue la rola que cerró el concierto que más parecía ya un partido de futbol. La gente salía del lugar embriagada de cerveza, canto y esperanza. Publicado: 20 de marzo de 2008
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