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No podemos decir que en Estados Unidos no se produce literatura. Eso sería pasar por alto la existencia de Edgar Allan Poe, o a los “trascendalistas”, como Ralph Waldo Emerson, Henry David Thoreau, o a los “abolicionistas”, como Harriet Beecher Store el poeta quakero John Greenleaf Whittier. Decir que los gringos no tienen cultura sería desconocer a Nathaniel Hawthorne, Herman Melville, Sinclair Lewis (Nobel de Literatura en 1930) y Walt Whitman. ¿Y dónde quedan Henry James, Ambroise Bierce, Gertrude Stein, o Flannery O’Connor? ¿Alguien duda de la calidad de Emily Dickinson, T.S. Eliot, William Faulkner (Nobel de Literatura en 1949), Eugene O’Neal (Nobel de Literatura en 1936), o Scott Fitzgerald? Tal vez para algunos no sea literatura lo que produjeron Pearl Back (Nobel Literatura en 1938), Toni Morrison (Nobel Literatura en 1993), J.D. Salinger, Ernest Hemingway (Nobel de Literatura en 1954), o John Cheever. O a lo mejor se les hace poco importante lo que escribieron Donald Barthelme, John Updike, Allen Ginsberg, Edward Albee, o Tennessee Williams. ¿Cómo clasificamos a John Steinbeck (Nobel de Literatura en 1962), a Willa Cather, a Catherine Anne Porter, o Edith Wharton? ¿Qué hay de los nacionalizados Ayn Rand y Vladimir Nabokov, que prefirieron renunciar a su ciudadanía rusa y convertirse, oh gran pecado, en norteamericanos? Si en Estados Unidos no hay literatura, ¿cómo llamarle a la poesía de Ezra Pound? Puedo seguir, pero no lo haré por las restricciones del espacio y porque para muestra, ya puse demasiados botones.
Sí hay cultura y sí hay literatura en Estados Unidos, y de hecho, muy buena y en gran cantidad. No hagamos de nuestra ignorancia la vara con que el mundo deba ser medido; que nuestros prejuicios no nos cieguen a las cosas buenas de la vida. El que no hayamos leído a muchos escritores, no quiere decir que éstos no sean buenos o que no existan. Hay que tener un poco de humildad. Amén.
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