Literatura
Diga NO al chauvinismo literario
Por Liliana V. Blum


Sep 30, 2006

When did ignorance become a point of view?
Dilbert

 

 

 

He escuchado en varias ocasiones a cierta gente decir que en Estados Unidos no hay cultura, y por ende, que la literatura en ese país es irrelevante e inexistente.

  Ese tipo de comentarios, movidos más bien por un prejuicio anti-norteamericano, nos hablan más bien de que quien los hace posee una gran ignorancia en cuanto al país que tenemos al norte. Hay quien cree que la literatura norteamericana son sólo los bestsellers de bolsillo que se pueden comprar en los aeropuertos o los libros que se convierten en películas taquilleras, o blockbusters. Eso es parte, sí, pero no lo es todo. Eso sería como decir que la literatura mexicana se encuentra solamente en el Sensacional de Vaqueros o en los libritos moralizantes de algunos autores muy vendidos.

   Está claro que en un país de más de 300 millones de habitantes habrá de todo: cultos, incultos, gente del jet-set lo mismo que rednecks, grandes creadores y escritores mediocres. Pero afirmar que la literatura latinoamericana y/o española es superior a la norteamericana es, además de chauvinista, bastante incorrecto. Hay grandes exponentes de las letras en todos los países, y el que algunos no hayan leído otra cosa que García Márquez, Carlos Fuentes, Jorge Luis Borges o Vargas Llosa, no quiere decir que no haya otros grandes escritores en el mundo. Que quede claro que no estoy afirmando que algunos autores latinoamericanos no sean maravillosos. El tener cierta nacionalidad no lo hace a uno mejor o peor escritor: eso lo decide el talento. Y para encontrar escritores talentosísimos norteamericanos no hace falta ir tan lejos: basta con cruzar la frontera, pero no para ir de shopping, sino para leer algo más que a nuestros consentidos de siempre.

 

 

 

 

 

 




























  

   No podemos decir que en Estados Unidos no se produce literatura. Eso sería pasar por alto la existencia de Edgar Allan Poe, o a los “trascendalistas”, como Ralph Waldo Emerson, Henry David Thoreau, o a los “abolicionistas”, como Harriet Beecher Store el poeta quakero John Greenleaf Whittier. Decir que los gringos no tienen cultura sería desconocer a Nathaniel Hawthorne, Herman Melville, Sinclair Lewis (Nobel de Literatura en 1930) y Walt Whitman. ¿Y dónde quedan Henry James, Ambroise Bierce, Gertrude Stein, o Flannery O’Connor? ¿Alguien duda de la calidad de Emily Dickinson, T.S. Eliot, William Faulkner (Nobel de Literatura en 1949), Eugene O’Neal (Nobel de Literatura en 1936), o Scott Fitzgerald? Tal vez para algunos no sea literatura lo que produjeron Pearl Back (Nobel Literatura en 1938), Toni Morrison (Nobel Literatura en 1993), J.D. Salinger, Ernest Hemingway (Nobel de Literatura en 1954), o John Cheever. O a lo mejor se les hace poco importante lo que escribieron Donald Barthelme, John Updike, Allen Ginsberg, Edward Albee, o Tennessee Williams. ¿Cómo clasificamos a John Steinbeck (Nobel de Literatura en 1962), a Willa Cather, a Catherine Anne Porter, o Edith Wharton? ¿Qué hay de los nacionalizados Ayn Rand y Vladimir Nabokov, que prefirieron renunciar a su ciudadanía rusa y convertirse, oh gran pecado, en norteamericanos? Si en Estados Unidos no hay literatura, ¿cómo llamarle a la poesía de Ezra Pound? Puedo seguir, pero no lo haré por las restricciones del espacio y porque para muestra, ya puse demasiados botones.

   Sí hay cultura y sí hay literatura en Estados Unidos, y de hecho, muy buena y en gran cantidad. No hagamos de nuestra ignorancia la vara con que el mundo deba ser medido; que nuestros prejuicios no nos cieguen a las cosas buenas de la vida. El que no hayamos leído a muchos escritores, no quiere decir que éstos no sean buenos o que no existan. Hay que tener un poco de humildad. Amén.

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