Música
Muerte de amor
Horacio Chivacuán


El sonrojado Richard Wagner observa a los protagonistas de "Tristan und Isolde"

Tristan und Isolde de Wagner sin duda alguna es el epítome de la pasión, aunque la historia detrás de la génesis de la obra es algo truculenta y las condiciones de su estreno los son aún más, además de ser tema de un extenso estudio e investigación. Dejo a su curiosidad averiguar los detalles siempre interesantes que existen alrededor de una obra musical que cuanto más extensa o profunda, mayores son las sorpresas que nos aguardan.

Liebestod en alemán significa literalmente muerte de amor. La historia del caballero Tristan, contemporánea de los tiempos del Rey Arturo de Inglaterra, es el ejemplo típico de la leyenda romántica y trágica llena de misterios. La mejor versión que puedo recomendarles para leer es la francesa pues aunque la historia termina en Inglaterra, Cornwallis para ser exactos, inicia en realidad en Francia. Wagner tomó libremente el tema y los desarrolló de acuerdo a sus ideas (algo enfermas por cierto), como siempre, con poco respeto por la exactitud histórica o con poco interés por las fuentes mejor informadas. Y no sólo eso, existe evidencia musical bastante intrigante que sugiere que el famoso acorde “Tristan” se lo apropió de una pequeña obra de Liszt... y el buen Franz nunca tomó crédito por ello y se dedicó a ser el campeón caballeresco de la obra de su amigo-yerno.


Jessye Norman (arriba), Giuseppina Cobelli y Kirsten Flagstad

En fin, para resumir, no aburrirlos y, además, para que se informen por su cuenta, la historia de un amor imposible termina en la ópera (y la leyenda) con la muerte de Tristan y, a su lado, una inconsolable Isolde que expira en medio de un éxtasis limítrofe con la locura. La verdad es que con la intérprete adecuada tenemos la impresión de que la protagonista exhala su último aliento en un orgasmo mitad dolor mitad placer (por eso los franceses dirían la petite morte). La que a mi juicio alcanza esas alturas extáticas es la maravillosa Jessye Norman, absolutamente increíble en el teatro pero con una voz que simplemente nos deja arrobados y efectivamente nos mata de amor. Giuseppina Cobelli, una gran soprano italiana educada en Alemania pero que dejó un legado discográfico prácticamente minúsculo sería mi segunda elección (en la Revista Glía de la Facultad de Medicina de la UAT tuve oportunidad de rendirle tributo con un artículo bastante explicito, ojalá puedan verlo). La mítica Kirsten Flagstad nos entrega una  Isolde bella y contenida, tierna y que contrasta con la frondosa y sensual Norman. Y cómo poder omitir a Birgit Nilsson, si Jenny Lind fue “El Ruiseñor Sueco”, Nilsson debería ser recordada como el “Panzer” Sueco... ¡Qué mujer! De ninguna manera podríamos decir bonita, con una corpulencia impresionante -como la de Norman- pero una voz grande... grandísima, acerada, sólida, densa, que podía imponerse a una orquesta de cualquier tamaño sin esfuerzo, pero sin perder sutileza o dar la impresión de que gritaba en lugar de cantar, una artista consumada que siempre debe ser referencia obligada.

Birgit Nilsson y la mirada singular de María Callas

Las escucho a todas: una me hace palpitar aceleradamente, otra me conmueve hasta las lágrimas, otra hace que mi corazón llore, otra me deslumbra... todas son maravillosas. María Callas canta en italiano pero es digna de tomarse en cuenta y lo sorprendente es que debutó en el papel siendo adolescente... ecos del siglo XIX...



Publicado: 24 de julio de 2008

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