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Existe otro poeta que se manifestó ante este suceso, Jaime Sabines. El maestro Chiapaneco, dueño de un estilo poco estético, pero intenso y apasionado, nos muestra un poema rabioso y dolido. No es una reflexión profunda del hecho, ni mucho menos. Es un autentico duelo y un grito para formar parte de el. Es pues, un pésame a la sociedad mexicana que perdió a sus jóvenes soñadores. Con el perdón del maestro, incluiré lo que a mi consideración, es el clímax del poema:
2 El crimen está allí, Cubierto de hojas de periódicos, Con televisores, con radios, con banderas olímpicas
El aire denso, inmóvil, el terror, la ignominia. Alrededor las voces, el tránsito, la vida. Y el crimen está allí.
3 Habría que lavar no solo el piso: la memoria. Habría que quitarles los ojos a los que vimos, Asesinar también a los deudos Que nadie llore, que no haya mas testigos. Pero la sangre hecha raíces Y crece como un árbol en el tiempo. La sangre en el cemento, en las paredes, en una enredadera: nos salpica, nos moja de vergüenza, de vergüenza, de vergüenza.
Las bocas de los muertos nos escupen Una perpetua sangre quieta.
Podemos encontrar en los dos poemas, el sentimiento de vergüenza que invade a sus autores y como nos presentan la visión de un futuro incierto, oscuro y la inevitable percepción de que el costo, será mas alto y aun mas doloroso. “Una nación entera se avergüenza es león que se agazapa para saltar” y el sombrío “Pero la sangre hecha raíces y crece como un árbol en el tiempo”. Ambos son poemas que nos señalan que es el dolor, lo que no podemos olvidar.
ººº
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