Teatro
Entrenamiento Actoral (2da Parte)
Sandra Muñoz


 


Reflexiones sobre la visión del entrenamiento como forma de vida de los actores (2ª parte)  

 -Ver Primera Parte-


Le platicaba yo en el artículo anterior  (de manera bastante poco pudorosa por cierto, pues para variar terminé balconeándome) de cómo inició en mi vida profesional la necesidad de investigar sobre el entrenamiento actoral, y le dejé además de tarea leer al buenazo de Stanislavski , y si no lo hizo, va a costar trabajo que nos sigamos entendiendo, porque en cada una de las partes de este artículo citaré a diferentes maestros de la escena y Stanislavski es la base de todos.

   Esta vez le hablaré de uno de mis teatreros favoritos: Vsevelod Meyerhold. ¡Yo admiro tanto a Meyerhold! Pero tanto, que el día de muertos siempre pongo en el altar una foto de él en el centro ( yo creo firmemente y por inculcación directa de mi abuela, que el dos de noviembre las almas de los difuntos invocados bajan a la tierra ) y en la madrugada del día dos y ya con cinco tequilas encima, yo platico con Meyerhold; pero rara vez le pregunto sobre sus fundamentos de actuación o en qué carajos estaba pensando cuando le puso a la biomecánica, biomecánica…no, yo lo que platico con él es sobre sus últimos años de vida, porque el pobre tuvo un final de tragedión griego: Fue traicionado por sus amigos, entrampado por sus ideas y confinado a la tortura y la muerte en Siberia; entonces, al calorcito del alcohol yo le pregunto a Meyerhold qué cosa espantosa hizo en su vida, para tener que sucumbir de tamaña manera…..Pues volviendo al tema, Meyerhold, director, actor, teórico, contemporáneo y en alguna ocasión discípulo de Stanislavski, fundador del “Octubre teatral”, desarrolló las bases de un estilo músico-pantomímico-burlesco al que bautizó como “biomecánica". Meyerhold no concebía a un actor que no tuviera dos características básicas:

1) Desarrollo de la capacidad de excitabilidad refleja

2) Perfeccionamiento físico como requerimiento indispensable para la interpretación, y a este respecto apunta:

“…No crean ustedes que el actor pasea por la calle, inspirándose y después sube al escenario. No. Hay que entrenar el movimiento, entrenar el pensamiento y entrenar la palabra.” (1)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



 


   ¡Así de fácil pedía Meyerhold!, pero tenía razón. Se supone que eso es lo que deberíamos poder hacer todos los actores: plasmar las acciones (de cualquier tipo) con diferentes intensidades dentro del tiempo, es decir que la capacidad de reacción depende grandemente del manejo del instrumento de trabajo: cuerpo-mente-emoción.

   De nada sirve que mi mente trabaje a mil pensamientos por hora, si mi cuerpo no tiene la capacidad de transformar esa reacción de pensamiento en una acción física concreta y precisa.Regresándome un poco, cuando digo que los actores plasmamos las acciones con diferentes intensidades dentro del tiempo, fluímos. Ritmo, significa literalmente “manera particular de fluír”.

   Meyerhold realizaba, sobretodo durante la etapa temprana del desarrollo de su técnica numerosos ejercicios con fondos musicales, o con sonidos percutidos cuadrados en un tiempo detrminado; saber incidir en el tiempo es fundamental dentro del arte de la actuación.

Y otra vez cito a Meyerhold:
“…El actor tiene necesidad del fondo musical para tener en cuenta cómo corre el tiempo. Una vez tomada esta costumbre, si está privado del fondo musical, medirá el tiempo de otra manera. Nuestra proposición teórica exige del actor que desarrolle además del don de improvisar, el de limitarse. Ahora bien, nada le ayudaría tanto como un fondo musical para reducir voluntariamente su interpretación dentro del tiempo…” (2)

   Una vez, escuché una clase maestra en el Conservatorio Nacional de Música dictada por Sergio Cárdenas…pues resulta que sus pobre chamacos (porque yo gracias a Dios nada más estaba de oyente, porque no soy músico, pero todos los otros que sí eran, estaban de actuantes) sufrían regañiza tras regañiza porque a decir del maestro, no entraban en ritmo, y la verdad es que yo los oía cuadraditos, entonados y preciosos, pero el maestro insistía e insistía con esa cosa del ritmo, hasta que alguien se desesperó, después de la veinteava repetición del mismo trozo musical y levantó la voz indignado :

-Bueno, pero es que ya no entiendo, porque yo nos oigo bien y usted insiste e insiste en que no entramos en ritmo…¿qué es el ritmo??
Y el master, que por algo lo es, contestó como el gurú de la serie Kung-Fu a su saltamontes:
-Ritmo, es la huella de una energía…

  Aaaaaayyyyyyy, apantalladísima quedé, porque yo en ese entonces me quebraba la cabeza tratando de que mis alumnitos entendieran el concepto de Meyerhold respecto al ritmo, y les daba complicadas nociones teóricas que nadie entendía, porque ninguno había estudiado música pero que tampoco nadie se atrevía a decir que no las comprendía. “Ritmo es la huella de una energía” pues ese concepto, sí que se podía aplicar al teatro, a la música, a las artes plásticas, a la danza…….

   Y ahí le dejamos porque me dijeron que las cosas en la Internet deben ser breves…pero más vale que siga poniéndose al corriente y lea a Meyerhold, porque en la siguiente parte hablaremos de Eugenio Barba, ya sabe que si no tiene el libro, se lo presto.
Continuará….

                                             °°°


1.-MEYERHOLD, Vsevelod,E.,El actor sobre la escena, p.59, col, escenología, México, Grupo Editorial Gaceta
2.-IBIDEM; pag. 62

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 





















































































 

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